En Alemania ya no creen en el repunte económico como antes.

Y la extrema derecha no dudó en usar esa frustración para ofrecer soluciones sencillas y radicales que le permitieron arrasar en las últimas elecciones regionales y pusieron en alerta a toda Europa.

No se trata solo del discurso anti inmigratorio y las posturas sociales más conservadoras que recuperan terreno en Alemania.

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El canciller Friedrich Merz, de la Unión Demócrata Cristiana (CDU), hoy tiene el índice de aprobación más bajo jamás registrado para el cargo (15%) en un momento en que Alemania pasó de la ilusión al desánimo por sus audaces reformas para reactivar la economía.

Así, el domingo Alternativa para Alemania (AfD) obtuvo su mejor resultado histórico en unas elecciones regionales (Alta Sajonia), al obtener el 44% de los votos, muy cerca de la mayoría absoluta. El partido no ganaba en este estado desde la Segunda Guerra Mundial. En las próximas dos semanas se celebrarán dos comicios más.

El canciller alemán Friedrich Merz, de la Unión Demócrata Cristiana (CDU).

Alta Sajonia es uno de los estados más pequeños de Alemania y representa sólo el 2% de su PBI. Pero nadie pasó por alto la señal cuando la derecha más extrema amenaza con ganar espacio en todo el bloque.

Se disparó el gasto pero el Gobierno tiene poco que mostrar

Berlín logró sacar la economía del pozo en 2025. Lo hizo con un gesto radical. Abandonó su histórica austeridad fiscal y se embarcó en un programa que implicaba un gasto público de 500.000 millones de euros vía nuevo endeudamiento.

Alemania creció un modesto 0,2% pero pareció un milagro después de dos años de contracción. En lo que va de 2026, la economía acumula un crecimiento cercano al 1% en términos interanuales. Pero no todo va tan bien como parece.

Alemania conserva la ventaja de una relación deuda/PIB del 64%. Pero con más de 200.000 millones de euros de nueva deuda prevista sólo para 2027 y las tasas de interés en alza, su margen de maniobra financiera se acota.

A su vez, incluso con un crecimiento previsto para este año del 1%, los resultados de las inyecciones gubernamentales multimillonarias no están a la vista. A los alemanes se les prometieron carreteras, ferrocarriles y redes eléctricas y el Gobierno tiene poco que mostrar.

El fondo de 500.000 euros creado para salir de la crisis estaría destinado al sector defensa y a una serie de proyectos de infraestructura. Pero este año el propio Ministerio de Finanzas reconoció que no se habían cumplido los objetivos y que el nivel de ejecución de los fondos era del 54%.

A su vez, el Instituto Ifo calcula que el año pasado el 95% de la nueva deuda terminó siendo utilizada en realidad para tapar agujeros en el presupuesto ordinario y no para inversiones adicionales.

La industria automotriz, China y los 50.000 despidos de Volkswagen

La recuperación de la industria sigue enfrentando dificultades.

De hecho, el lunes se difundió un dato desalentador que descolocó al mercado. La producción industrial registró el mayor descenso en casi un año. Los economistas esperaban un repunte del 0,2% pero cayó 1,1% en julio. El descenso se debió principalmente a la industria automotriz.

La noticia de que Volkswagen implementaría una reestructuración radical, con 50.000 despidos adicionales, aproximadamente la mitad en Alemania, fue una medida brutal de la seriedad de la crisis.

La producción de vehículos en Alemania se ubica un 20% por debajo de los niveles máximos alcanzados en 2017-2018. El sector genera el 6% del PIB alemán y concentra una quinta parte de las exportaciones.

Al igual que el resto de la economía, la industria sufre particularmente la competencia china. El déficit comercial con China se disparó hasta 55.000 millones de euros durante la primera mitad de 2026, contra los 40.000 millones del mismo período del año anterior.

Una forma aún más sencilla de captar la magnitud del desequilibrio es el hecho de que China pasó de ser el segundo mercado de exportación más importante para Alemania en 2021 a ocupar el noveno lugar, mientras que China es el principal destino de las ventas al extranjero de Alemania.

En el caso automotriz, China fue tradicionalmente el gran comprador de autos alemanes. Las exportaciones pasaron de 6.000 millones de euros en 2009 a casi 30.000 millones en 2022. Pero en sólo tres años, cayeron a 13.000 millones de euros. La razón: el boom de los autos eléctricos. Hoy Volkswagen vende menos en China que BYD, jugador local.

La transición energética y el rápido desarrollo tecnológico de los chinos cambiaron las reglas de juego en tiempo récord. Pero no es sólo Volkswagen. La ciudad de Stuttgart, sede de Grupo Mercedes-Benz y Porsche, aprobó este año su primer presupuesto de austeridad desde 2009.

Los bonos alemanes, cuestionados como "bunker" inversor

Alemania, como vemos, venía transitando dificultades que generaron desánimo y fueron erosionando el capital político del partido gobernante. El impacto de la tensión geopolítica, con el aumento del precio de la energía, también venía lastrando el nuevo dinamismo de la economía.

Los precios del gas natural aumentaron más del 120% desde el inicio de la guerra con Irán y se ubican en un máximo de tres años. El temor a un rebrote inflacionario alimenta la expectativa de mayores incrementos de la tasa de referencia del Banco Central Europeo, que subirá el costo del dinero por segunda vez en el año esta semana.

Todas estas dudas, como un clima inversor enrarecido, vienen provocando una salida masiva de los bonos europeos. Las ventas de los títulos se tradujo en una rápida escalada de los rendimientos, incluso en el caso del Bund alemán, el bono a 10 años de referencia para Europa.

La euforia del partido de extrema derecha AfD al conocerse el resultado en Alta Sajonia.

El título llegó a cotizar el lunes a 3,39%, un nivel que no tocaba desde 2011. Alemania pagaba por endeudarse a 10 años 2,85% apenas a principios de este año. Si su estatus de refugio ultra-seguro estaba ya seriamente cuestionado, esta alerta de la extrema derecha no hará más que sumarle presión.

Para ponerlo en perspectiva, Alemania hoy rinde casi 3,4% y Grecia, 4%. La distancia es casi inconcebible y hace pocos años hubiera parecido un chiste. Los bonos españoles, por ejemplo, pagan 3,82%, Portugal, 3,71% y Bélgica, 3,46%.

Sin embargo, queda claro que más allá de los desafíos que pueda enfrentar la economía alemana en su esfuerzo por encontrar un nuevo empuje, la salida no son las propuestas de la derecha extrema, que sólo harían descarrilar lo conseguido hasta ahora.

Pocos días antes de los comicios regionales, el CEO de Deutsche Bank, Christian Sewing, habló del tema.

Su advertencia fue sucinta y categórica. Lo que Alemania necesita es “un compromiso claro con Europa, un mercado único sólido, más acuerdos comerciales y alianzas internacionales fiables y la apertura a trabajadores cualificados de otros países”.

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