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Siempre hay una sorpresa.

Jensen Huang, el CEO de Nvidia, sorprendió al sumarse a último momento a la comitiva que acompaña a Donald Trump a China.

Nada fortuito que la IA esté presente en la primera visita presidencial de EE.UU. en casi una década a China, en el marco de la feroz disputa por liderar la revolución tecnológica entre las dos potencias.

Pero en este encuentro con su par chino Xi Jinping, un nombre mucho menos mediático pero más llamativo pone en evidencia la debilidad de Trump en la mesa de negociaciones.

El Secretario de Defensa, Pete Hegseth, también acompaña al presidente. El dato es que es la primera vez que el el jefe del Pentágono viaja a Beijing desde 1972.

Su presencia se debe a la rápida caída de las reservas de armamento como consecuencia de la guerra de Irán. Esto supone una vulnerabilidad estratégica frente a China.

Para recomponer esas reservas, EE.UU. necesitará minerales críticos y los chinos controlan el 90% de la oferta global de estos materiales.

Pero sobre todo, Trump necesita encontrar la forma de volver a casa triunfante. Con la foto ganadora. Vender una narrativa que lo redima.

Enredado en una guerra sin salida clara, con una economía que sufre por las tarifas que él mismo impuso, en la víspera de las elecciones de medio término en EEUU.

El punto es qué busca Beijing, que tiene las cartas ganadoras.

La onda expansiva para la economía superaría a Ormuz

Según expertos como Alicia García Herrero, jefa de Asia Pacífico de Natixis, banco de inversión francés, China quiere hablar de Taiwán.

La analista asegura que por ahora China optó por una retórica agresiva y un rechazo público de la política estadounidense pero sin cruzar líneas rojas como la provisión de armas a Irán.

Y plantea que si alguien se pregunta por qué no sacó provecho del entuerto en el que se metió Trump en Irán, la respuesta es precisamente Taiwán. Está esperando para una negociación de escala.

No faltaron provocaciones. En diciembre, Washington anunció la mayor venta de armas a Taiwán en la historia: u$s 11.000 millones.

La operación fue notificada al Congreso pero su implementación quedó en suspenso en la medida en que se acercaba la Cumbre. En febrero, Trump reconoció que había consultado con Xi y habían acordado esperar hasta la visita.

xi visit

Taiwán es uno de los temas más sensibles y potencialmente volátiles entre ambos países.

China reclama la isla como parte de su territorio. EEUU nunca explicitó que se opone a su independencia y de hecho, mantiene vínculos sólidos aunque no oficiales con Taiwán.

Por eso, hoy que se habla tanto de estrechos y vías críticas para el comercio global, el problema es el estrecho que separa a la isla del continente. Por el estrecho de Taiwán transita el insumo más crítico de la IA.

Taiwan Semiconductor Manufacturing Company (TSMC) produce más del 90% de los semiconductores avanzados (chips) que alimentan de energía a los monstruosos centros de datos de la IA.

Una crisis en el estrecho paralizaría en un instante la economía digital y el consumo en general en el mundo. La onda expansiva sería aún mayor que la provocada por el cierre del estrecho de Ormuz.

El "escudo de silicio" de las empresas que protege el estrecho

Mientras los ejercicios militares de China en el estrecho se vuelven más frecuentes e intensos, los vínculos entre los gigantes taiwaneses y sus pares en el continente son una suerte de “cordón tecnológico” que hoy se volvió uno de los últimos mecanismos de estabilización.

Es el llamado “escudo de silicio” (en referencia al material que se utiliza para fabricar los semiconductores).

Pero Trump lo está debilitando con su presión para la relocalización de empresas en EE.UU. TSMC lanzó un plan de inversión masivo, particularmente en Arizona, y también está construyendo nuevas plantas en Japón y Alemania.

El objetivo de Washington es reducir la dependencia de Taiwán y justamente mitigar el riesgo sistémico asociado con una posible crisis en el estrecho.

Pero curiosamente un estrecho y otro se tocan.

El helio y el bromo son vitales para la industria. Pero su precio se disparó porque la cadena de suministro está alterada. Sus principales proveedores están en Oriente Medio.

Dependen sí, del estrecho de Ormuz.

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