El mercado petrolero se está volviendo a recalentar con la segunda fase de la guerra en Irán, una vez que se han visto las costuras a los planes del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, para poner fin al conflicto rápidamente, y que se van agotando las reservas de crudo y derivados del petróleo en los países desarrollados.
De hecho, el petróleo acumula una subida de cerca del 12% desde la semana pasada, sumando seis jornadas consecutivas al alza, y los expertos temen que pueda escalar hasta alcanzar picos en el entorno de los 140 dólares por barril. Es decir, unos niveles que solo se registraron a mediados de 2008 y por un motivo muy similar: el miedo a un conflicto bélico con Irán que, en este caso, no llegó a materializarse.
El cierre del estrecho de Ormuz ha provocado un desplome de la llegada de petróleo a los países consumidores, y la carestía ha sido especialmente intensa en el caso del diésel, ya que la ruta habitual de los países del Golfo Pérsico a las grandes refinerías de China y Asia se ha visto truncada.
Si bien en un primer momento los países consumidores han podido hacer frente al embate buscando vías alternativas, reduciendo la demanda y tirando de reservas, ahora, casi medio año después del inicio de la ofensiva, los inventarios están esquilmados y la situación es cada vez más insostenible. Todo ello parece apuntar hacia un punto de inflexión en el que los precios del petróleo se lleguen a disparar por encima de los 120 dólares por barril, llegando a alcanzar picos por encima de los 140 dólares.
Por el momento, los precios del petróleo se mantienen en un escenario relativamente contenido, debido a que los inversores mantienen la mente abierta hacia dos escenarios contradictorios: la posibilidad de que el estrecho de Ormuz se reabra pronto y la de que se mantenga cerrado durante un largo periodo. Y, aunque es razonable que quieran cubrirse las espaldas frente a ambas alternativas, también resulta plausible esperar que el cierre del estratégico paso se extienda en el tiempo, dado que Teherán se niega a reabrirlo hasta tener garantías de no ser atacado.
Y el tiempo juega a su favor con la proximidad de las elecciones de mitad de mandato en EEUU, en noviembre. Pero si la situación actual se prolonga, los operadores se verán obligados a ir elevando la probabilidad de un escenario de precios elevados, según explica Kieran Tompkins, economista sénior especializado en clima y materias primas de Capital Economics.
Hacia el punto crítico
"Cabría esperar, naturalmente, un aumento en los precios de los contratos de futuros de petróleo a corto plazo (con vencimiento en el mes más próximo), especialmente si vuelve a centrarse la atención en el llamado punto de inflexión del mercado petrolero", afirmó.
"Se trata del momento en que se agota la capacidad del mercado para absorber la perturbación de la oferta mediante la reducción de inventarios, obligando a la demanda a ajustarse a la baja, a través de precios mucho más elevados, para equipararse a la oferta".
"Si el estrecho permanece cerrado y las reservas de petróleo de los países de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) continúan agotándose rápidamente, el mercado petrolero podría alcanzar un punto de inflexión hacia el inicio del cuarto trimestre. Esto iría acompañado de precios mucho más altos, posiblemente en el rango de los 120 a 140 dólares por barril, según los precedentes históricos", añadió.
Los inventarios en la OCDE, los únicos transparentes, se han reducido a pasos agigantados durante la primera fase de la guerra, con un recorte de 240 millones de barriles en la primera fase del conflicto, entre marzo y mayo, y si bien hubo un pequeño aumento con la tregua de junio, este avance es insuficiente como para sostener la segunda fase de las operaciones, que el mercado encara con las reservas en mínimos desde 1990 después de la gran liberación de reservas de la primavera. Además, si bien China recortó sus importaciones de crudo en mayo, ahora está incrementando su consumo, señala Amrita Sen, directora de Investigación de la consultora Energy Aspects, que sentencia que "el crudo no puede estar bajo para siempre".
Desde Bank of America contemplan este punto crítico que podría catapultar los precios hacia el triple dígito. Francisco Blanch, responsable global de commodities del banco, señala que antes de la guerra cruzaban el Estrecho unos 140 buques al día, un tráfico que ahora se ha reducido a unos 5 o 10 barcos.
Dado que parte del crudo se está desviando ahora a través de Arabia Saudí y los Emiratos Árabes Unidos, Blanch calcula que sería necesario que el tráfico se recupere hasta los 80 o 100 buques al día para estabilizar los mercados energéticos. "Por ahora tenemos suficiente crudo, pero sufrimos una auténtica escasez en los mercados de diésel, gasolina y también de gas a nivel mundial, nos enfrentamos a graves déficits de productos finales en los mercados energéticos", advirtió.
Prácticamente todas las casas de análisis apuntan en la misma dirección, con mayor o menor intensidad. La consultora Wood Mackenzie apunta a un escenario con el Brent a 120 dólares por barril, algo que llevaría a una recesión global en la segunda mitad del año, en la misma línea que el banco de inversión Goldman Sachs, que señala que las exportaciones de los países del Golfo Pérsico se han reducido un 36% respecto a los niveles previos a la guerra. Por su parte, Barclays y JPMorgan han realizado cálculos sobre la base de cuánto tiempo se puede prolongar el bloqueo.
Así, si este se extiende un mes más, el impacto en los precios sería moderado, pero si se prolonga durante tres meses, las reservas se irían aproximando al ya mencionado punto crítico, elevando los precios hasta una horquilla de entre 120 y 150 dólares por barril, un nivel en el que muchos consumidores se replantearían buena parte de sus hábitos, llegando a producirse caídas de la producción en algunas ramas de la industria.
FUENTE: Fuente: EXPANSIÓN | RIPE