Pedro Sánchez, el equilibrista aliado de Pekín que enfrenta en España una ola "Made in China"
Por cuarta vez en China, Pedro Sánchez busca proyectarse como némesis de Donald Trump. Molesta a Europa con su jugada bilateral. Pero no frena un déficit ya casi estructural, que se duplicó desde 2018. España importa 11 veces más autos de los que vende.
Esta vez, viajó justo después de que fracasaran las negociaciones para reflotar la tregua en la guerra de Irán.
Y con puntería impecable, a horas de que EE.UU. advirtiera a Pekín que si ayudaba a Teherán con apoyo militar de cualquier tipo estamparía tarifas del 50% a todo producto chino que ingresara al país.
Pedro Sánchez se proyecta como némesis de Trump.
Es leal al menos a esa vocación más bien grandilocuente. La del Quijote español que se planta frente a los arrebatos y los delirios del poderoso presidente estadounidense.
De ahí que no faltaran las intervenciones a favor de una mediación china para terminar con la guerra en Ucrania e Irán, erigiéndose -una vez más con pretensiones demasiado holgadas- en facilitador de la paz.
Pero el viaje tiene una misión económica clara. O más que una misión, una narrativa económica en la que insistir en cuanta oportunidad se tenga.
España tiene un problema.
Salió en busca de China antes que otros y funcionó. Funcionó tan bien que hoy enfrenta el riesgo de que un déficit desmesurado se vuelva estructural en sectores estratégicos de la economía.
En otras palabras, España está inundada de productos chinos.
El agujero comercial ya supera los 40.000 millones de euros
Para España, las relaciones con China no son nuevas.
Los intercambios comerciales con el gigante asiático ya superaban a los de EE.UU. en 2007 y hoy ya es el principal socio después de la Unión Europea (UE), más importante que Portugal o Reino Unido.
De hecho, la persistencia de Sánchez por “ganarse” a Xi Jinping no sólo rindió en términos mediáticos sino que el comercio bilateral no deja de crecer.
Incluso el año pasado, tiempos inciertos y turbulentos, aumentó 10% interanual, según datos de la Administración General de Aduanas de China.
Claro, el punto es que prácticamente sólo crecen las importaciones chinas.
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El déficit tocó un récord de más de 40.000 millones de euros en 2025, un incremento del 18% respecto del año anterior.
Las exportaciones españolas están virtualmente estancadas. En 2025, apenas repuntaron 7%.
Al igual que el resto del bloque, que tiene un déficit monumental de unos 360.000 millones de euros, España está sufriendo el efecto tarifas.
Con la imposición de los aranceles estadounidenses y la imposibilidad práctica de ingresar a ese mercado, China hoy posee un exceso de capacidad de producción que necesita volcar en nuevos destinos.
Así, el déficit con España se duplicó desde 2018 y se disparó 60% sólo en los últimos cuatro años de cortejo sanchista en Pekín.
China representa el 74% del déficit total del país.
En la balanza comercial, como es de suponer, es el agregado de tecnología, maquinaria y otros componentes de mayor valor añadido el que arrojó un mayor déficit en 2025, cercano a los 17.000 millones de euros en 2025.
Y en cuanto al sector automotriz, tan preocupado por estos días por la feroz competencia china, España importa 11 veces más de lo que le vende.
Por eso no es de extrañar que Sánchez haya elegido visitar la fábrica de Xiaomi, que comenzó haciendo smartphones hasta desplazar en ventas a Apple y luego incursionó en el mercado de los autos eléctricos, para convertirse hoy en pionera en autos robots e inteligencia artificial,
Trump salvó el 2025 con 15 veces más inversiones que China
A eso se refieren en el Gobierno español cuando explican que uno de los objetivos principales del viaje es garantizar un mayor acceso al mercado chino. Y cuando hablan de fomentar alianzas y consorcios con empresas chinas, algo que hoy ya tiene varios antecedentes en el sector automotriz.
Pero otro de los temas en la agenda es garantizar que las inversiones generen empleo local en España, cosa que no siempre ocurre cuando se instalan fábricas chinas.
Hablando de inversiones, por mucho que le pese a Sánchez, EE.UU. le dio una mano a España el año pasado.
Con una caída de casi 22% en la entrada de inversión extranjera directa, fue el peor año desde la pandemia.
Y EE.UU. fue el que aportó más flujos, desplazando incluso al Reino Unido. Sí, en plena guerra de tarifas. Con Trump y Sánchez rebajándose a insultos en las redes.
Pero cuando se trata de dinero, el juego es otro.
Fueron las Big Tech, las mismas que dicen ser víctimas de persecución regulatoria en la UE.
Desembolsaron grandes cantidades en centros de datos previendo un futuro costo de la energía más barato en España por el nivel de desarrollo de las energías renovables.
Así, EE.UU. terminó encabezando en 2025 la inversión extranjera con 10.000 millones de euros, 15 veces más que los 643 millones que llegaron de China.
El coqueteo de Sánchez irrita a Europa pero ahora lo imita
Europa nunca vio bien este “coqueteo” de Sánchez con China.
China era lo que en diplomacia se llama un “rival sistémico”. La UE rechazaba además su vinculación con Rusia y su implicación en la guerra en Ucrania.
Pero los tiempos cambian.
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Xi Jinping, presidente de China, junto a Ursula von der Leyen, presidenta de la Comisión Europea.
Con la guerra comercial desatada por Trump, la histórica relación transatlántica se rompió y hubo que buscar otras alianzas.
La UE respiró hondo y lo llamó “acercamiento táctico”. Y ahora todos están viajando a China como Sánchez.
Pero en 2024 las cosas llegaron a tensarse mucho.
Bruselas impuso aranceles a los vehículos chinos por sus subvenciones y Pekín lanzó una batería de represalias contra el porcino, los lácteos y el brandy de la UE.
Más tarde, China impuso controles a la exportación de tierras raras y estuvo a punto de paralizar las fábricas alemanas.
A fines de febrero de este año, todo se relajó.
Bruselas permitió que los exportadores chinos de vehículos eléctricos puedan beneficiarse de aranceles cero y China rebajó sus aranceles.
Pero en la UE todavía se acuerdan cómo la cercanía de Sánchez a Xi Jinping lo llevó a votar en contra de los aranceles comunitarios a los vehículos eléctricos fabricados en territorio chino.
Y todavía hoy genera malestar que vaya “por fuera” de los esfuerzos de Bruselas por tener una sola voz ante Pekín.
De todos modos, en los últimos meses visitaron China el primer ministro de Irlanda, Micheál Martin; el de Finlandia, Petteri Orpo; el jefe de Gobierno británico, Keir Starmer, y el canciller alemán, Friedrich Merz, además de una delegación de parlamentarios de la Unión Europea, la primera de este tipo en ocho años.
Hay una recomposición del vínculo euro-chino. Sánchez aspira, en todo caso, a capitalizar todo el camino recorrido de antemano y ser el autoproclamado interlocutor europeo con Jinping.
Un acto de equilibrista. Justo en la cornisa de la Gran Muralla.