“El populismo siempre repite las recetas que ya fracasaron muchas veces”
Javier González Fraga, ex presidente del Banco Central de Argentina, respondió las consultas de El Observador España sobre la evolución de la inflación en la Argentina.
- España ha tenido inflación de doble dígito por décadas hasta que se propuso ingresar a la Unión Europea. Uruguay ha llegado a registrar una inflación anual del 113% antes de “ordenarse”. Pero sólo la Argentina tuvo hiperinflación y usted estuvo ahí. ¿Qué hace posible una hiperinflación? ¿Cómo logró desactivarla? ¿Hay algo objetivo o idiosincrático que nos hace propensos a esos episodios?
- La hiperinflación es la consecuencia de un colapso en la demanda de dinero. Dicho de una manera más entendible, sucede cuando la población huye de la moneda doméstica y se la saca de encima comprando cosas u otras monedas. Puede estar detonada por razones políticas, guerras, y no sólo razones monetarias y económicas. Aunque siempre requiere un desorden macroeconómico previo.
En la Argentina tuvimos dos episodios hiperinflacionarios. A mediados de 1989, cuando en febrero fracasó el Plan Primavera, el último del presidente Alfonsín, que se potencia con la incertidumbre que generó el triunfo de Carlos Menem en mayo de 1989. Había una mezcla explosiva generada por los déficit fiscal y cuasifiscal (pérdidas del Banco Central) sumado a muchas medidas desacertadas que provocaron la huida de depósitos bancarios y fuerte emisión por los altos encajes que esos depósitos tenían.
Nuevamente, en febrero de 1990 hubo un rebrote hiperinflacionario debido al Plan Bonex aplicado a fines de diciembre de 1989. Se pudo desactivar durante 1990, cuando la inflación bajó en diciembre de ese año a menos del 4% mensual, desde valores 25 veces más altos. La clave del reordenamiento fue la disciplina fiscal de ese año y la reconstrucción de las reservas internacionales. En mi opinión, no era necesario aplicar el Plan de Convertibilidad.
Si analizamos el proceso inflacionario argentino, en mi opinión quizás simplista, está claro que se inició a fines de los años 40, cuando la Argentina empezó a vivir más allá de sus posibilidades. Nos creíamos un país rico, por las buenas coyunturas de precios de la posguerra, pero no acompañamos esa bonanza con suficientes inversiones para mejorar la estructura productiva. Cómo decía un profesor muy destacado, “es como cuando 5 comensales quieren comerse una cuarta parte de la pizza: no alcanza, hay que inflarla”.
- Sabemos que la Argentina es cíclica. Se repite y parecemos estar siempre en el mismo lugar. ¿Es ésa su impresión con lo que ocurre en este momento? Uso del tipo de cambio como ancla nominal hasta que resulta insostenible. Se habilitan pequeños saltos cambiarios o directamente se desemboca en una devaluación brusca con un rápido pass-through a precios.
- Lamentablemente el populismo repite las recetas que ya han fracasado muchas veces: atrasa artificialmente el tipo de cambio para generar un aumento de la capacidad adquisitiva de los salarios, que se agota con el estrangulamiento externo y la necesidad de devaluar la moneda. La solución no pasa por las recetas monetarias y/o cambiarias que se repiten con otros nombres (tablita, convertibilidad, BCRA independiente, etc) sino por lograr un equilibrio fiscal y, muy importante, una reducción del Gasto Público.
La Argentina ha visto en los últimos 20 años la duplicación del Gasto Público en relación al PBI, sin que mejorasen los servicios públicos que el Estado presta a los argentinos. Es decir, la calidad de la educación, la salud, y la seguridad pública. Entonces estamos ante un escenario muy complicado porque una parte de la población, además de pagar altos impuestos, tiene que pagar por educación privada, salud privada y hasta seguridad privada en muchos casos.
Esto reduce la competitividad de nuestro sector productivo, que nos obliga a permanecer en un espacio comercial muy cerrado como es el Mercosur.
- Argentina alguna vez intentó adoptar metas de inflación pero se abandonó rápidamente. En el resto de los países parecen haber funcionado. ¿Puede ser la solución para nosotros? Pero sería necesario desmontar la multiplicidad de controles cambiarios. ¿Cómo lo haría? ¿De un tirón? ¿En etapas?
- Yo he sido un gran defensor de las políticas de Metas de Inflación, pero diría que nunca se aplicaron correctamente en la Argentina. Si bien hubo Metas en los primeros años de la gestión del presidente Macri, nunca fueron consistentes las políticas cambiarias, monetarias, tarifarias con las políticas de obras públicas, ni tampoco fueron consensuadas con los actores de la actividad privada (empresarios y sindicatos).
Sigo pensando que deberíamos implementar una mezcla de shocks y políticas gradualistas para cambiar rápidamente las expectativas, pero permitir que se lleven a cabo los ajustes estructurales que minimicen los costos sociales de la transformación que debemos encarar.