“No quiero que la IA se vuelva contra la gente. No sabemos si los modelos son conscientes”.

Dario Amodei suele decir esas cosas. Y es inevitable que pensar en escenarios escatológicos de ciencia ficción. Demasiadas películas de Hollywood. Pero nadie debe saberlo mejor que él.

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Amodei es el CEO de Anthropic y una de las figuras menos conocidas de Silicon Valley. Pero su startup de IA es una de las empresas más vanguardistas y de crecimiento más descomunal. Es el fabricante del chatbot Claude.

Por estos días, sin embargo, su vida personal tuvo una exposición inusual. El viernes The Wall Street Journal publicó un largo perfil de su esposa. Hasta hace unos meses, ni siquiera se sabía que Amodei estaba casado.

“Ni Claude tenía idea”, dice con ironía el diario estadounidense. Camilla Clark o "Cami" era un misterio pero siempre estuvo ahí: lo acompaña a Amodei a todos los eventos, incluso cuando sus pares van con otros colegas.

El problema es que su historia es algo escandalosa. Aparecen personajes como Jeffrey Epstein, cuatro años después de haberse declarado culpable de prostitución de menores, como posible inversor en una empresa porno para mujeres “intelectualmente promiscuas”.

Mientras tanto, Amodei está en la cima.

Anthropic está a punto de salir a cotizar con una valuación que superaría a la de SpaceX, la mayor salida a bolsa de la historia. Una operación que, de paso, desinflaría un poco el ego de su dueño, Elon Musk, gran aliado tecnológico del presidente Donald Trump.

El presidente de EE.UU., Donald Trump, y el CEO de Anthropic, Dario Amodei.

Porque el otro rasgo que define a Amodei es su furibundo rechazo de la agenda de desregulación masiva del sector que promueve Washington. En ese sentido, es el gran rebelde de Silicon Valley.

Mientras los demás desfilan por la Casa Blanca para ir a cenar con Trump, él se planta e insiste en aplicar protocolos de seguridad estrictos, que considera a la vez filtros éticos. Para el presidente, así la industria pierde competitividad mientras los chinos avanzan.

Pero Amodei no teme provocar. Alguna vez dijo en referencia a su más reciente modelo de IA: “Mythos es un arma total, debería requerir licencia”.

Dio el portazo en OpenAI cuando parecía que lo tenía todo

El CEO de Anthropic nació en San Francisco pero su padre llegó a Estados Unidos desde la bella Toscana, en Italia. Allí practicaba un oficio que nada tenía que ver con lo que harían ninguno de sus hijos. Porque Daniela (39), la hermana de Dario (43), no sólo está en el mismo campo sino que fundó la empresa con él. Riccardo Amodei era un artesano del cuero y herrero. Trabajaba con sus manos.

En “América”, conoció a una judía estadounidense que trabajaba en bibliotecas públicas. Pero aunque creció en un hogar de clase trabajadora, Amodei pudo graduarse con una licenciatura en Física en la Universidad de Stanford y un doctorado en Biofísica en Princeton. Fue todo gracias a becas a la excelencia. Ya a los 17 competía en el Equipo Olímpico de Física de los Estados Unidos.

Su recorrido laboral comenzó en Baidu para saltar luego a Google y finalmente a OpenAI, hoy su gran su rival. En la compañía llegó a ocupar el cargo de Vicepresidente de Investigación y lideró los equipos que crearon los históricos modelos GPT-2 y GPT-3.

Tenía un puesto estratégico en una de las startups de IA más calientes de la industria. Pero en 2020, después de más de cuatro años, tuvo claro que tenía que irse. No le gustaba hacia dónde iba la empresa que dirigía Sam Altman, con un foco cada vez más comercial. Ya entonces su preocupación por los requisitos de seguridad se convirtieron en su brújula.

Sam Altman, CEO de OpenIA.

Varios lo siguieron en el nuevo proyecto. En 2021, su hermana Daniela (que había ingresado en 2018) y otros cinco investigadores senior abandonaron OpenAI. Y nació Anthropic.

El “idealismo” de Amodei resonó en grandes Big Tech como Google y Amazon que respaldaron su iniciativa con inversiones de más de u$s 4.000 millones. Así fue que todo se puso en marcha. Y cinco años después, Anthropic está por dejar atrás a OpenIA.

Superar a Elon Musk y multiplicar por 14 las ganancias

La startup de Amodei prepara su salida a bolsa y en los mercados -que son chismosos y “faranduleros”- hubo conmoción cuando el Financial Times publicó que el debut bursátil le daría a la empresa una valoración de dos billones de dólares. Esto es, unos u$s 200.000 millones más que a SpaceX en su estreno en junio. Nadie sabe si la vanidad de Elon Musk, su dueño, podría soportarlo.

Pero hay una ebullición de salidas a bolsa en el sector. A comienzos de julio salió la gigante surcoreana fabricante de chips SK Hynx, que se convirtió en la tercera mayor operación en Wall Street. Ahora, Anthropic saldría en octubre, con lo que le ganaría la carrera a OpenAI, que lo dejaría para 2027. A su vez, también se alista la china DeepSeek, que presentaría la solicitud este año.

Pero hubo muchas noticias financieras positivas en torno a Anthropic estos últimos días. Por ejemplo, Bloomberg supo que la compañía está comunicando a los posibles inversores que sus ingresos del segundo trimestre se multiplicaron por al menos 14 en comparación con el mismo período del año anterior y alcanzaron los u$s 11.500 millones.

Claro, nada pudo competir con las revelaciones sobre el pasado de su esposa.

La esposa del escándalo de la que ni Claude sabía nada

Camilla Clark es la esposa de Amodei desde el 2022 aunque pocos lo sabían. Mucho menos se conocía algo sobre su pasado.

Pero este viernes todo salió a la luz. Cuatro años mayor que Amodei, ya había estado casada antes. A los 20 había contraído matrimonio con un arquitecto de 64, de quien se divorció apenas tres años después.

En 1999 se mudó a San Francisco. Entre otros intentos por salir adelante, probó suerte con una empresa porno premium pensada para mujeres. Como si no fuera suficiente sangre para los tiburones, Clark se contactó nada menos que con Jeffrey Epstein para conseguir fondos. Fue luego de que Epstein fuera condenado como pedófilo. El emprendimiento nunca funcionó.

Además, Clark estuvo ligada al mundo de Silicon Valley antes de cruzarse con Amodei. Fue pareja de Eric Schmidt, entonces presidente ejecutivo de Google (2011-2014) y 25 años mayor que ella.

Camilla Clark junto a su esposo, Dario Amodei, el CEO de Anthropic.

Otro dato algo bizarro: Schmidt, que estaba casado pero en una relación abierta, no sólo fue quien presentó a la pareja sino también uno de los primeros inversores en Anthropic. Para 2014, cuando se conocieron, Amodei aún era un investigador postdoctoral en Stanford, que entraría en OpenAI recién dos años después.

Desde entonces, Clark no se despega del CEO de Anthropic. Aseguran que es su principal asesora y que lo ayudó a acercarse a algunos de los grandes inversores de Silicon Valley.

Aislado en Silicon Valley: polémica con el CEO de Nvidia

Las empresas de Silicon Valley se quejaron de la naturaleza ad hoc de las recientes medidas estadounidenses, en especial la imposición de controles a Anthropic, que la llevó a deshabilitar temporalmente el acceso de extranjeros a sus productos Fable 5 y Mythos 5, sus últimas versiones más avanzadas de Claude.

Aunque fue una arremetida de Trump contra Amodei, la propia empresa reconoce que estos nuevos modelos son capaces de explotar fallos o vulnerabilidades ocultas en software popular sin supervisión humana, lo que puede desencadenar una fase más rápida e impredecible de la carrera armamentística cibernética.

El debate volvió a calentarse hace poco a raíz de la aparición de un nuevo modelo de la empresa china Moonshot AI, llamado Kimi K3, que rivaliza con las ofertas de Anthropic y OpenAI.

Jensen Huang, el CEO de Nvidia, advirtió contra una represión estadounidense contra los sistemas de IA de código abierto (que permiten a los usuarios descargar y personalizar la tecnología). Y encabezó una iniciativa en la que decenas de tecnológicas firmaron una carta dirigida a la Casa Blanca. Todos firmaron menos Amodei.

Jensen Huang, CEO de Nvidia.

El revuelo lo obligó a salir a dar explicaciones. Tuvo que desmentir las versiones que ya corrían de que apoyaba una prohibición de los modelos de código abierto pero pidió a la administración que adopte medidas para frenar el desarrollo de la IA en China. También insistió en que todos los modelos deberían someterse a pruebas de seguridad obligatorias antes de su lanzamiento.

Pero en el caso de los abiertos, fundamentó el CEO de Anthropic, es “difícil aplicar salvaguardias” o “supervisar su uso”, por lo que presentan mayores riesgos de facilitar ataques cibernéticos o biológicos.

Nadie se opuso más a la política de Trump que Amodei. Anthropic llegó a demandar al Departamento de Defensa por declarar que representaba un riesgo para la cadena de suministro estadounidense.

Pero pareciera que las cosas se están inclinando a su favor. Ya hay varias propuestas en el Capitolio para regular la IA. Incluso Washington se prepara para publicar un marco para revisar la seguridad de los sistemas de IA de vanguardia.

También se habla de un organismo regulador independiente que evaluaría los modelos de IA con la participación de la industria. Una propuesta similar a la que presentó el CEO de Google.

Después de todo, la brújula de Amodei, la que lo hizo partir de OpenIA, no estaba descalibrada.

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