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Las pérdidas se agravan entre los inversores que a finales de febrero optaron por protegerse de las consecuencias del estallido de la guerra en Irán con un activo refugio tradicional como el oro. El metal precioso cotizaba a finales de febrero en el entorno de los 5.200 dólares la onza, a un paso de los récords históricos cercanos a los 5.600 dólares registrado un mes antes.

Tres meses y medio después el conflicto en Irán persiste, y aún así, el precio del oro acumula un desplome del 30%. La espiral bajista en un activo históricamente poco volátil se ha acelerado en las últimas fechas. En menos de dos semanas, desde el inicio de junio, el metal precioso se ha desinflado de los 4.500 dólares hasta poner en riesgo, incluso, la barrera de los 4.000 dólares la onza.

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El resultado de esta oleada de desinversiones es la entrada del oro en un mercado bajista, al superar claramente el 20% de caída desde sus máximos recientes. Lo más llamativo ha sido la velocidad con la que ha pasado de cotizar en récords a adentrarse en mercado bajista. "Desde los máximos registrados en marzo, el oro ha necesitado apenas 91 sesiones para entrar en mercado bajista, convirtiéndose en la caída más rápida desde la crisis financiera de 2008", subrayan los analistas de XTB

Causas

Precisamente la velocidad de las bajadas trae al recuerdo de los analistas la velocidad que registró justo antes, en sus subidas. El oro finalizó 2025 con un rally del 64%, el triple de la revalorización lograda por el Nasdaq en el mismo periodo. En 2024 el metal precioso ya había escalado otro 27%. Esta senda alcista viene de lejos. La gestora Pictet puntualiza que "en los últimos diez años, a pesar de los muchos choques, el mercado global de renta variable ha proporcionado una rentabilidad cercana al 14% anual, similar a la del oro".

La verticalidad de las subidas acumuladas en un activo eminentemente defensivo como el oro, según resaltan los analistas, provocó que un gran número de inversores no habituales del activo, con un perfil más especulativo, se subieran al rally del oro.

El perfil de este nuevo inversor se aleja sustancialmente del que conforman, históricamente, los bancos centrales, compradores habituales de oro. El mayor peso adquirido por los inversores atraídos por la verticalidad de las subidas del oro ha favorecido una mayor brusquedad en una corrección activada, sobre todo, por el vuelco en las previsiones sobre los tipos de interés.

El estallido de la guerra de Irán agravó las alertas geopolíticas. Pero también disparó las alertas inflacionistas al calor de la escalada protagonizada por el precio del petróleo y el gas.

La resolución del conflicto en Oriente Próximo se hace de rogar. Y como consecuencia de ello, el vuelco en las expectativas de inflación ha acabado por disipar las esperanzas de próximas rebajas de tipos de la Reserva Federal. Las previsiones ven ahora más factible un repunte que un recorte de los tipos de la Fed. Ayer mismo el Banco Central Europeo ya confirmó este giro hacia políticas monetarias más restrictivas, al aprobar su primera subida de tipos desde 2023.

Los analistas de Julius Baer recalcan que "la caída en los mercados de oro y plata continúa, y atribuimos gran parte de la bajada a un cambio en la tendencia técnica". En concreto, explican que "los flujos vuelven a dominar los fundamentales, lo que refleja la expectativa de que la Reserva Federal de EEUU pueda subir los tipos de interés".

El foco del mercado ha girado de la geopolítica a la política monetaria. La firma suiza de inversión resalta en este sentido que "la atención se ha desplazado claramente hacia las perspectivas de crecimiento y la política monetaria de EEUU, relegando a un segundo plano factores como la compra de oro por parte de los bancos centrales y la demanda industrial de plata".

Las previsibles subidas de tipos pillaron por sorpresa a los inversores de oro, que habían descontado con anterioridad nuevas rebajas de las tasas, y que afrontan ahora con temor el nuevo escenario monetario. A día de ayer los mercados otorgaban un 67% de probabilidad a una subida de tipos de la Fed antes del cierre del año.

La competencia para el oro aumenta. "Este escenario ha impulsado las rentabilidades de los bonos estadounidenses, aumentando el atractivo de los activos que generan rendimiento frente a un oro que no ofrece rentabilidad periódica, mientras que el dólartambién se ha apreciado"", explican los analistas de XTB.

La disyuntiva a la que se enfrenta ahora la Fed puede agravar o poner fin al desplome del oro. Desde XTB sugieren que "con una inflación cercana al 4% y unas rentabilidades de los bonos a corto plazo situadas por encima del actual rango de tipos oficiales, la lógica económica apuntaría hacia una política monetaria más restrictiva. No obstante, la creciente presión política para evitar un enfriamiento excesivo de la economía podría limitar la capacidad de actuación de la Reserva Federal". Y es esta presión política la que podría hacer mella en activos 'gubernamentales' como el dólar y la deuda pública estadounidense y favorecer un regreso de las compras a un activo 'independiente' como el oro si se cuestiona la independencia de la Fed.

A la espera de los primeros pasos que dé la nueva Fed de Kevin Warsh, y con la presión de Donald Trump de fondo, los analistas de Julius Baer mantienen su perspectiva favorable para el oro. El nuevo contexto, eso sí, fuerza a la entidad a rebajar sus precios objetivos. Julius Baer acaba de actualizar sus estimaciones sobre el metal precioso para situarlas en 4.250 dólares la onza a tres meses, y en 4.500 dólares a doce meses.

FUENTE: EXPANSIÓN | RIPE

Temas:

Oro Crisis financiera

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