La amenaza latente de un megaterremoto de consecuencias devastadoras ha puesto en guardia a la comunidad internacional después de que se confirmara que las fallas de California acumulan su mayor nivel de tensión sísmica en mil años. La constante fricción entre las placas tectónicas mantiene a varias regiones del planeta al borde de una catástrofe sin precedentes, donde la acumulación de energía en los límites telúricos amenaza con liberar toda su fuerza destructiva en cualquier momento.
El riesgo sísmico y la convergencia de placas
En la península ibérica, la cuenca de Granada destaca como una de las áreas de mayor riesgo sísmico. El suelo ha vuelto a temblar en esta provincia durante cinco días consecutivos, registrando más de veinte réplicas en una sola jornada, de las cuales cinco fueron sentidas por la población y la mayor alcanzó una magnitud de 3.
La Red Sísmica Nacional señala que la zona presenta "mucha peligrosidad" debido a la presencia de múltiples fallas capaces de generar terremotos. Geológicamente, esta situación responde a su ubicación en la cordillera Bética —el sistema montañoso más joven de España— y a la convergencia entre la placa africana y la euroasiática. Históricamente, en la provincia de Granada se han producido los sismos más fuertes del país.
Las fallas de San Andrés y San Jacinto en nivel de 'sobrecarga crítica'
Una dinámica tectónica similar se vive en el oeste de América del Norte, donde la placa del Pacífico y la placa norteamericana se encuentran en constante fricción. Este punto de contacto, dominado por la falla de San Andrés y la falla de San Jacinto, representa uno de los límites tectónicos más peligrosos del mundo. A lo largo del tiempo, el rozamiento acumula energía sísmica que, al liberarse, desencadena terremotos de gran magnitud.
Actualmente, las fallas de San Andrés y San Jacinto no han producido un gran seísmo en más de un siglo. Sin embargo, un reciente estudio liderado por Liliane Burkhard, investigadora de la división de Investigación Espacial y Ciencias Planetarias del Instituto de Física de la Universidad de Berna, revela que la presión sísmica en ambas fallas es la más alta registrada en los últimos mil años. Los autores califican este estado como una "sobrecarga crítica".
La investigación explica que las dos fallas han continuado acumulando tensión durante décadas —y en algunos puntos durante siglos— debido a que la liberación de energía mediante terremotos en un sector de la red no alivia la presión en las demás áreas. Según Burkhard, determinar cuándo y cómo ocurrirá el próximo gran terremoto en esta región constituye uno de los problemas más apremiantes de la geociencia aplicada. El estudio concluye que la probabilidad de una ruptura a gran escala se encuentra en un nivel "histórico", advirtiendo de que un fallo simultáneo en ambas fallas generaría un evento mucho mayor y más destructivo que si el sismo quedara confinado a una sola.
Proyección de daños y antecedentes históricos del 'Big One'
Los expertos denominan 'Big One' a este hipotético megaterremoto, proyectado con una magnitud de 8 o superior. De acuerdo con datos de la Universidad Tecnológica de Michigan, un seísmo de entre 7 y 7,9 ya es capaz de ocasionar daños graves, mientras que por encima de esa cifra la destrucción puede llegar a ser completa.
Las estimaciones científicas e institucionales indican que el impacto en el sur de California podría ser devastador:
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Pérdidas humanas: Se proyectan más de 1.800 fallecidos y más de 50.000 heridos.
Daños materiales: La destrucción en infraestructuras, edificaciones y redes de servicios públicos alcanzaría un coste directo de 200.000 millones de dólares.
Impacto económico: Según el estudio HayWired del Servicio Geológico de Estados Unidos (USGS), los daños ocasionarían una pérdida adicional de 44.000 millones de dólares en el PIB de California durante los primeros seis meses posteriores al evento, equivalentes al 4% de su economía.
El antecedente histórico de mayor relevancia en la zona ocurrió el 18 de abril de 1906 en San Francisco, con una magnitud estimada de 7,9. Aquel seísmo destruyó gran parte del área de la Bahía y causó cerca de 3.000 muertos. Posteriormente, la región registró otros eventos de consideración con instrumentación más precisa, como el terremoto de Kern en 1952 (magnitud 7,5) y el de Landers en 1992 (magnitud 7,3).
Epicentro probable del megaterremoto en California
Aunque el estudio de Burkhard no predice la fecha exacta del evento, sí identifica el punto geográfico con mayor probabilidad de ruptura: el puerto de Cajón (Cajon Pass). Se trata de un paso montañoso situado a 1.151 metros de altitud, al noreste de Los Ángeles y cerca de San Bernardino.
En esta localización estratégica convergen los sistemas de las fallas de San Andrés y San Jacinto, y por ella transcurren los principales corredores de transporte, líneas ferroviarias e infraestructuras energéticas del estado. Una ruptura simultánea en este punto amenazaría directamente a zonas densamente pobladas como Los Ángeles, San Bernardino, Riverside y el Valle de Coachella.
El escenario de los megaseísmos en Japón
La amenaza de un 'Big One' de alcance global también sitúa su foco en Asia. En Japón, los expertos proyectan un 82% de probabilidad de que ocurra un megaterremoto en los próximos 30 años. Las estimaciones del Gobierno japonés sitúan el posible epicentro en la fosa de Nankai, al sur de la isla de Honsh.
Un seísmo en esta zona, con una magnitud estimada de entre 8 y 9 grados, podría desencadenar olas de tsunami de hasta 30 metros de altura, provocar la muerte de más de 300.000 personas y destruir miles de localidades en el sur del país.
Japón cuenta con antecedentes de extrema gravedad, como el terremoto de Tohoku en 2011, que alcanzó una magnitud de 9,1 y generó olas de casi 40 metros.
En la fosa de Nankai, los registros indican que el 'Big One' se repite cíclicamente cada 150 años. Dado que el último gran evento ocurrió hace más de un siglo, y considerando las alertas oficiales emitidas hace más de dos décadas —que situaban el horizonte temporal del fenómeno en un margen de 25 a 30 años—, la comunidad científica advierte que el megaterremoto nipón podría desencadenarse en cualquier momento.