El silencio como herencia: María del Mar Ramón presentó en Madrid su novela "La memoria es un animal esquivo"
Un encuentro íntimo en la Librería Pérgamo donde la autora colombiana exploró por qué el pasado compartido, lejos de unir, puede volver irreconciliables a los miembros de una familia.
En el corazón del barrio de Salamanca en la ciudad de Madrid, la Librería Pérgamo -un refugio urbano que parece resistir el paso del tiempo- se convirtió en el epicentro de una conversación literaria profunda y reveladora. La autora colombiana (radicada en Argentina) María del Mar Ramón, acompañada por Victoria Gabaldón, desgranó los entresijos de su última novela, "La memoria es un animal esquivo" (Editorial AdN), ofreciendo una mirada íntima a su proceso creativo y a los temas que la atraviesa al momento de darle vida a sus personajes.
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"La memoria es un animal esquivo" y el desafío de la primera persona
"La memoria es un animal esquivo" se adentra en la compleja dinámica de una familia de hermanos que han dejado de hablarse durante mucho tiempo. El conflicto central se desencadena con la muerte de uno de ellos, forzando el regreso del protagonista a la casa de su infancia. La novela explora la hipótesis de que los conflictos familiares surgen cuando se comparte un pasado que se recuerda de manera distinta, impactando de forma diferente en cada personaje y haciendo imposible la reconciliación. El tono de la narrativa es introspectivo y psicológico, buscando responder a la pregunta de por qué alguien dejaría de hablar con un hermano o sentiría emociones tan intensas y negativas hacia su familia.
Etsa novela fue concebida inicialmente en tercera persona, pero la autora decidió cambiar a una primera persona con un narrador poco fiable. Este cambio representó un desafío técnico significativo, ya que implicaba construir la voz de un personaje de 70 años y dejar pistas sutiles para el lector sin alterar la voz narrativa. La autora destaca que este desafío enriqueció su proceso, demostrando que la dificultad en la literatura puede ser gratificante. La novela se diferencia de sus obras anteriores, "Todo muere salvo el mar" y "La manada", en la elección de la voz narrativa y la complejidad de la construcción del personaje principal.
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El proceso creativo, la inspiración literaria y la universalidad de las emociones
El intercambio entre María del Mar Ramón y Victoria Gabaldón fue un diálogo fluido y enriquecedor. Gabaldón, con preguntas incisivas, logró extraer reflexiones potentes sobre el proceso de escritura y el concepto de la memoria. Ramón compartió su lucha inicial con la voz del narrador, un hombre de 70 años, y cómo superó la tentación de la facilidad para abrazar la complejidad.
Una de las reflexiones más impactantes giró en torno a la universalidad de las emociones. La autora afirmó: "Nadie tiene un sentimiento exclusivo y diferente y único. Todos tenemos la misma capacidad emocional. Sentimos tristeza, frustración, alegría. Todos hemos sentido esas cosas". Esta idea fue fundamental para la construcción de sus personajes masculinos, permitiéndole explorar la masculinidad desde una perspectiva emocional profunda, aunque poco explorada por los propios personajes, refugiados en un silencio enquistado.
Sobre la importancia del silencio en la novela, la autora destacó una característica hereditaria que se transmite de generación en generación en la familia protagonista. La elección de un universo masculinizado, ambientado en la Cúcuta de los años 60, fue crucial para la verosimilitud de este silencio y la forma en que los personajes lidiaban con el dolor y el afecto.
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Sobre el proceso de escritura, Ramón reveló su rutina "aburrida" y rigurosa, escribiendo cuatro veces por semana, de 10 de la noche a 1 de la madrugada. Destacó la importancia de la caminata diaria de 40 minutos para "cocinar" las ideas y el placer adictivo de la soledad y el silencio durante la escritura. La autora también compartió su método de lectura, buscando libros que le sirvieran como "manuales" para la construcción de la voz narrativa, citando a Vladimir Nabokov ("Lolita"), Julian Barnes ("El sentido de un final") y Delia Trabucco ("Limpia") como influencias clave.
Finalmente, la discusión sobre la edad del protagonista, 70 años, reveló una reflexión conmovedora sobre el duelo y el arrepentimiento. Ramón explicó que la edad permitía al personaje estar en una situación en la que "ya no podía pedir perdón" porque la persona a la que había lastimado había muerto, un temor personal que la autora transformó en el motor del personaje.