Conflicto y religión: más allá de la confrontación
El jueves 21 de mayo a las 18:00 h, el Espacio O_Lumen, ubicado en la Calle de Claudio Coello 141 de Madrid, acogió la charla-coloquio titulada "Conflicto y religión: más allá de la confrontación". El encuentro fue organizado por el Centro Internacional del Diálogo Interreligioso del Movimiento de los Focolares, con la colaboración de Ciudad Nueva y la Fundación Igino Giordani, y contó con la moderación de Dolores García Pi, expresidenta del Foro de Laicos de España. En esta convocatoria se abordó un interrogante medular para la paz contemporánea: si las religiones son una fuente inevitable de conflicto o si, por el contrario, pueden convertirse en puentes eficaces para su comprensión y resolución. Chemen, quien se desempeña como Vicerrectora del Instituto Universitario Isaac Abarbanel y rabina Senior de la Congregación Beth El de Buenos Aires, aportó a este debate su experiencia como miembro del Board del Foro de Religiones del G20.
Durante su alocución en este santuario madrileño , la rabina enfatizó que el diálogo intercultural e interreligioso forma parte de su propia genética, evocando sus raíces como nieta de sirios en Argentina, donde creció viendo convivir de forma natural a paisanos de distintas confesiones. Para la experta, el verdadero valor de la identidad religiosa radica en un entorno de sentido que incorpora obligatoriamente al prójimo. "No me vengan a rezar si no hicieron todo el trabajo ese antes", advirtió con firmeza, reinterpretando los textos sagrados para señalar que las tradiciones de fe poseen un mandato ético ineludible. Desde esta perspectiva, Chemen instó a las comunidades de fe a tener mayor valentía y salir a la calle, afirmando que los templos deben servir para recargar las energías de la espiritualidad, pero que hoy en día "el santuario debe ser la calle".
Distinción a Felipe González y el legado de Ana Frank
El viernes 22 de mayo, la actividad se trasladó a la sede de la Organización de Estados Iberoamericanos (OEI) en Madrid, situada en la calle Bravo Murillo 38.
Allí, el Centro Ana Frank Para América Latina (CAFA) y la propia OEI otorgaron el Premio Ana Frank al expresidente del Gobierno español, Felipe González, en reconocimiento a su aportación fundamental a la consolidación democrática, la integración europea y los procesos internacionales de paz.
El acto concluyó con un conversatorio entre el propio González, Mariano Jabonero en representación de la OEI y Héctor Shalom por parte del Centro Ana Frank, bajo la moderación del periodista Román Lejtman.
A propósito de este reconocimiento, la rabina Chemen reflexionó sobre la vigencia de los valores humanistas en la actualidad, evocando la célebre frase de Ana Frank: "Qué maravilloso es que no tengo que esperar ni un minuto para mejorar el mundo".
En sintonía con este legado, Chemen señaló la importancia de combatir la desazón de nuestro tiempo y el descreimiento generalizado en los sistemas democráticos y la buena política.
Al respecto, destacó el testimonio del expresidente español: "Poder seguir transmitiendo esto que hoy nos dejó el presidente Felipe González en este acto. Qué maravilloso que él no esperó ningún minuto para intentar reparar este mundo en todas las intervenciones que hizo en los conflictos, en los conflictos armados por la paz en Medio Oriente".
Para la líder religiosa, este es el mensaje medular para las nuevas generaciones, entendiendo que el cambio comienza cuando "cada uno desde su propio lugar no espere nada de otro y salga él mismo o ella misma a reparar el mundo".
Educación y diálogo frente a los discursos de odio
Al ser consultada sobre el clima de inquietud y el temor dentro de las comunidades judías fuera del territorio de Israel, Chemen reconoció que se atraviesa un "momento de desafío histórico muy importante", cuyas dinámicas se asimilan a escenarios que antes solo se estudiaban en los libros de la década de 1930. Sin embargo, enfatizó la necesidad de mantener la prudencia colectiva frente a la coyuntura actual: "Somos muy cuidadosos de no alimentar los algoritmos del odio. Somos muy cuidadosos de entender que muchas de estas manifestaciones son producto de los discursos de odio que están introyectados por una agenda que va más allá de las personas comunes".
Para contrarrestar esta tendencia, la propuesta de la académica se centra firmemente en la formación. "Frente a esto, nosotros no contestamos a la provocación, sino que nos ocupamos de educar. Y ante cualquier frase de prejuicio, ante cualquier provocación, damos contenido", explicó, argumentando que salir a explicar los conceptos que se manejan con ligereza será la única vía para llegar a un mejor puerto, ya que "jamás la confrontación nos está sirviendo".
En el coloquio de O_Lumen, la rabina profundizó en este concepto al denunciar cómo los extremistas han secuestrado el lenguaje de la fe y enfatizó que "las religiones tenemos que deconstruir lo que los extremismos han hecho con nuestros lenguajes y nuestros textos". Asimismo, remarcó que resguardar la libertad de identidad de todos los colectivos es una función ineludible de las democracias y que, cuando las instituciones no logran cubrir esta demanda, resulta vital el papel de organizaciones de la sociedad civil como el Centro Ana Frank Argentina.
Una pedagogía de la esperanza para la juventud
Frente a un escenario global complejo, Chemen defiende la implementación de una "pedagogía de la esperanza" orientada a los jóvenes, a quienes define no como el futuro, sino como el presente activo de las sociedades. La experta sostiene que nada se puede construir de forma positiva si el horizonte que se le presenta a la juventud es únicamente de descrédito y oscuridad.
Por ello, su propuesta insta a generar alternativas colectivas frente al aislamiento digital y los discursos radicales. "Hay que tener la paciencia, pero también la proactividad de con buenas prácticas juntarse porque nadie se va a salvar solo", afirmó.
En O_Lumen detalló que, frente a las burbujas informativas de los teléfonos móviles, resulta indispensable impulsar a los jóvenes a salir a buscar otras narrativas históricas y humanas que no aparecen en las pantallas.
"Esto es un tema de grupos sociales, de comunidades, de colectivos que se van a juntar, porque de verdad que la mayoría de la gente no son las minorías que están hoy manejando nuestras agendas y nuestras lecturas en nuestros teléfonos", ratificó. En su lugar, abogó por impulsar programas educativos que pongan en valor la defensa de la democracia y el "disenso positivo que permite el enriquecimiento y el desarrollo del pensamiento", instando a la juventud a marcar la diferencia desde sus propios centros de estudiantes y universidades.
El rol ético de los líderes democráticos en la arena internacional
Respecto a la postura del Gobierno de España ante el conflicto en Gaza y las tensiones en la región, Chemen prefirió no emitir juicios políticos locales por no ser ciudadana española, pero remarcó que todo líder democrático actual posee una "misión ética por sobre sus funciones en su nación, que es bregar por la paz y juntar a las partes en conflicto".
En esta línea, insistió en cuáles son las verdaderas vías para resolver las crisis globales, asegurando de forma tajante que la paz social no llega con la guerra ni arengando el odio de un colectivo en contra del otro, sino que se construye exclusivamente mediante acuerdos. Asimismo, recordó que en naciones como España coexisten ciudadanos de ascendencia palestina y miembros de la comunidad judía, por lo que resulta un error crítico importar las tensiones internacionales.
"Ningún país debería importar un conflicto, sino que sería mucho más importante que pudiera exportar la buena práctica del diálogo y la cohesión social", sentenció, sugiriendo que la labor de los gobernantes debería orientarse a sentar a la mesa a las partes litigantes, emulando la tradición de mediación que representó el expresidente Felipe González.
El desafío del liderazgo actual: juntarse en el dolor
Para concluir, la experta analizó la preocupante tendencia de los liderazgos a cerrar filas de manera gregaria en momentos de grandes crisis, una conducta donde la autoafirmación de la identidad propia parece depender del rechazo de la opuesta. Para Chemen, el verdadero desafío de los líderes contemporáneos radica en entender que el espacio para la identidad propia solo es legítimo en una democracia cuando se respeta y se da lugar a la identidad del prójimo, ya sea a través de consensos o de disensos.
A partir de su experiencia, que incluye un reciente viaje de exploración de paz a Israel y Palestina donde conoció escuelas bilingües y proyectos binacionales, la vicerrectora sostuvo que la verdadera transformación surge cuando se despojan las certezas absolutas y se da paso a la empatía real.
En el coloquio con el público madrileño explicó de manera conmovedora que cuando se logra sentar en una misma mesa a personas con posiciones totalmente encontradas para que compartan su vulnerabilidad, las divisiones ideológicas caen por su propio peso.
"Cuando vos sentás a gente con posiciones totalmente encontradas y lloran juntos los dolores de las muertes de cada uno, créeme que ahí no hay dos bandos, ahí hay un bando de gente que sufre", reflexionó.
"Andando en el sufrimiento, en el dolor, probablemente desde ahí se pueda construir algo. Intentar ser los dueños de la verdad y acusar al otro de ser el absoluto victimario de la escena, cuando todas las historias de conflictos tienen sus grises, tienen sus alternancias, tienen sus extremismos...Cuando vos juntás a la gente en el dolor, desde ahí se puede construir algo. Desde otro lado, seguramente que no", concluyó.