20 de mayo de 2026 10:49 hs

Estaba más que claro para cualquier español.

José Luis Rodríguez Zapatero era el aliado más perfecto que podía imaginar Pedro Sánchez.

Socialista desde la cuna en Valladolid, expresidente llegado a la Moncloa desde el No a la Guerra contra George Bush en 2004 y hombre de confianza para Pedro en esas misteriosas misiones internacionales en las que Sánchez no podía poner la cara.

Embajador de la España más oscura ante el chavismo, y veedor inmejorable de las elecciones en las que Nicolás Maduro logró ser reelecto sin mostrarle a nadie el resultado de las urnas. Hasta que Donald Trump invitó al dictadorzuelo a conocer Nueva York.

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Agente de Kaos frente a la China de Xi Jinping, a la que Pedro Sánchez viajó en cuatro ocasiones y lo hará una quinta el año próximo. Rodríguez Zapatero es también viajero frecuente y es el gran tejedor de la diplomacia de consultores entre Madrid y Beijing.

Como un consiglieri que ya hubiera querido Francis Ford Cóppola, Rodríguez Zapatero puede sentarse con los jeques del Golfo Pérsico, con los rusos del temido gabinete en las sombras de Vladimir Putin o con el gobernador argentino Axel Kicillof, a quien miró fijamente y le dijo en una charla a solas en la reciente Cumbre de Líderes Progresistas en Barcelona.

- Nuestro gran problema es Javier Milei. Por eso, vamos a ayudarte para que seas el próximo presidente de la Argentina…

Así se las jugaba y se las juega el hombre fuerte de España detrás de la espalda cada vez más desguarnecida de Pedro Sánchez. El nieto de un militar fusilado durante la guerra civil que llegó a presidente por el error monumental de José María Aznar, quien se apresuró a echarle la culpa del atentado del 11M en Atocha a la ETA y terminó expulsado del poder por torpe y mentiroso.

Rodríguez Zapatero, como presidente, enhebró siete años en los que cabalgó sobre el jinete del pacifismo anti estadounidense, avanzó con las políticas feministas y negoció para que los terroristas de ETA le pusieran fin a la violencia en un intríngulis que -como se comprobó con el tiempo- al final del camino venía con las amnistías. Las concesiones de Sánchez en estos tiempos son prueba suficiente.

La crisis de las hipotecas, que en la España del turismo y el real estate estalló con toda la furia en 2008, hipotecó también la presidencia de Rodríguez Zapatero hasta que el Partido Popular volvió al poder con Mariano Rajoy. El que hizo el gran ajuste de la economía que le vendría como anillo al dedo a Pedro Sánchez.

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Entonces sí, regresó José Luis.

Ahora como lobista de todo dirigente o empresario, internacional o de cabotaje, que quisiera que sus asuntos caminaran o que sus desgracias terminaran gracias a las decisiones en alguno de los veintidós ministerios en los que Pedro Sánchez difuminó su reinado.

Laberinto muy conveniente para quien tuviera la máxima llegada al vértice del poder.

Rápido e inteligente como pocos, Rodríguez Zapatero armó su consultora a la que llamó Análisis Relevante y, para despistar a los neófitos, también les abrió una consultora a sus dos hijas. Allí es donde busca ahora la Justicia de España los rastros de las mordidas, que es como los españoles les llaman a las coimas o a las comisiones ilegales.

Por ese juego, y por las sospechas demasiado sólidas de que Rodríguez Zapatero ayudó a la compañía aérea venezolana Plus Ultra a conseguir un rescate financiero de 53 millones de euros, será el primer ex presidente de la historia de España en declarar como imputado por corrupción ante la Justicia.

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Esa fecha histórica será el 2 de junio.

Por alguna razón que no explica, pero que todos entienden, Pedro Sánchez ha decidido llevar la defensa de su amigo Rodríguez Zapatero hasta el extremo posible. Ha dado órdenes a su gabinete y a los socialistas del PSOE de defenderlo a capa y espada. Muchos le obedecen. Aunque ya hay muchos que prefieren el silencio a disgusto.

El infierno de Pedro Sánchez alcanza su máximo hervor con las andanzas de Rodríguez Zapatero, y el máximo opositor -Alberto Núñez Feijóo, del Partido Popular- le reclama la dimisión en el Congreso.

El panorama de Pedro es complicado por donde se lo mire. Su exministro de Transporte, José Luis Ábalos, preso y a la defensiva ante los jueces. Su ex mano derecha en el PSOE, Santos Cerdán, procesado por dineros mal habidos y con prisión domiciliaria. Y su esposa, Begoña Gómez, también investigada por lobista y con fecha de próxima declaración ante el juez. El presidente extraña aquellos días felices de campaña en el Peugeot.

Pero ninguna de las desgracias judiciales de Pedro Sánchez pinta tan mal como esta imputación histórica que le ha llegado a su compinche Rodríguez Zapatero. No le será tan fácil despegarse de él como lo ha hecho con los anteriores.

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Entre los gustos literarios de Rodríguez Zapatero dicen que no hay nadie que supere su admiración por el argentino Jorge Luis Borges. Justo un escritor de derechas, que entre sus exquisitos textos y entrevistas inolvidables definió al peronismo como “ni bueno ni malo, sino incorregible”.

Todavía es temprano para elegir un personaje de Borges que pueda retratar a Rodríguez Zapatero. Debe declarar primero y defenderse ante la Justicia.

Pero habría que apostar algunas fichas a uno que empieza a calzarle en su destino inmediato.

Aquel Impostor Inverosímil, cuento insuperable de la gran Historia Universal de la Infamia.

En su ceguera que le quitó tanta felicidad a su vida, Borges no lo sabía, pero sabía todo.

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