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Ningún 12 de octubre es una fecha libre de debates, discusiones y amargas acusaciones. No lo fue en el pasado, no lo es en el presente y difícilmente lo será en el futuro. No importa si la conmemoración evoca a Cristóbal Colón, navegante y científico, alejado tanto de la cultura bélica medieval como de los hechos posteriores que constituyen el núcleo del conflicto colonial.

La leyenda negra frente a la rosa. La autoflagelación de la izquierda europea y las reivindicaciones tácticas de la latinoamericana, a veces con España y a veces en contra, según convenga.

Todo esto, alejado de cualquier fervor popular o polarización social, ya que, para la mayoría de la población, sea donde sea que se consulte, el tema ya está resuelto o es directamente irrelevante.

En última instancia, este debate, despojado de hechos, contextos y estudios serios, es un clásico de las élites, de los sectores politizados y, a veces, del arte y la cultura.

Todos ellos se mantienen inamovibles en sus posturas, al margen de cualquier evidencia.

Sin embargo, este 12 de octubre se desarrolló en un marco que ha exacerbado las disputas entre los defensores de una y otra posición. Y esto ocurre, principalmente, por dos motivos: el contexto intelectual predominante y el contexto político latinoamericano.

La cultura woke y la moda de la "oikofobia"

La conmemoración de la llegada de Cristobal Colón a América está inmersa en un "clima de ideas", como les gusta caracterizar a los historiadores, es decir, propio de estos tiempos y que se podría sintetizar en la palabra “oikofobia”.

La oikofobia, un concepto reformulado por el filósofo británico Roger Scruton, se refiere a una cierta tendencia del pensamiento progresista y de izquierdas a priorizar los valores y narrativas de culturas ajenas a las propias.

En cierto modo, la oikofobia podría considerarse el antónimo extremista de la xenofobia.

Este término se emplea hoy en relación con el predominio discursivo en ámbitos académicos, culturales, mediáticos y políticos influidos por el auge de la cultura woke, lo que ha impulsado un repetido discurso antioccidental, elaborado y propagado desde las usinas intelectuales y culturales de Occidente mismo.

La crítica ha sido siempre una parte esencial del pensamiento occidental, y es evidente que no todo en la historia de esta parte del planeta es motivo de celebración y regocijo.

El pensamiento antidemocrático y el totalitarismo también tienen profundas raíces en Occidente, y no hace falta ir muy atrás para comprobarlo.

Pero, en el siglo XXI, sus representantes y propagandistas han abandonado la idea de imponer sus proyectos con herramientas conceptuales de la modernidad y el paradigma revolucionario.

La autocrítica woke, tamizada por la izquierda autoritaria, constituye un renovado ataque a los pilares que sostienen la cultura occidental, especialmente los vinculados con el liberalismo clásico y, como fin último, al capitalismo como sistema económico.

Al mismo tiempo, se promueve una visión que omite convenientemente la crítica a posturas inhumanas, autoritarias, teocráticas y absolutistas de las culturas o valores que ahora se reivindican (como en los pueblos originarios de América Latina, el islam radical o en sistemas de partido único como el chino, o directamente en dictaduras como la cubana y la venezolana).

Es más, utilizan esta manipulación como punta de lanza para lograr lo que no se pudo con revoluciones y filósofos alemanes del siglo XIX.

Shienbaum, Petro y Maduro contra Cristóbal Colón

En este 12 de octubre de 2024 la conmemoración llegó en un momento particularmente álgido.

El punto central del enfrentamiento tiene que ver con la carta que el expresidente Andrés Manuel López Obrador (AMLO) enviara hace ya unos años al Estado español, en la figura del rey Felipe VI, pidiéndole que el Reino de España se disculpe por los sucesos acontecidos durante la conquista.

Si bien esto dio lugar a una serie de debates, discusiones agrias y un primer enfriamiento de la relación entre ambos países, la cuestión se agudizó hace pocas semanas durante la asunción de la actual presidenta Claudia Sheinbaum, ya que ella se negó a invitar al Rey español al evento, dado que no había respondido a la misiva de AMLO.

Sin entrar en los pormenores, ya desarrollados en la última columna, la fecha en cuestión volvió a traer al escenario una disputa que incomoda al gobierno español porque lo pone frente a sus aliados en la región: México, Venezuela y Colombia, todos con gobiernos de izquierda.

Y, peor aún, lo deja del mismo lado que Javier Milei, quien produjo una serie de contenidos audiovisuales para conmemorar la fecha y reivindicó el lugar de España en dicha empresa.

Los presidentes de izquierda de los tres países mencionados, Sheinbaum, Nicolás Maduro y Gustavo Petro, no desaprovecharon la ocasión para hacer un negocio muy rentable políticamente: criticar y cuestionar a Cristóbal Colón, liderar la posición anticolonial ante sus más ilustrados seguidores y, de paso, tratar de evadirse nuevamente de sus obligaciones gubernamentales. Además, don Cristóbal no puede responderles.

Y entonces apareció el Papa Francisco

Por ello, este movimiento encuentra afinidad con el jesuitismo del Papa Francisco, quien, ni lerdo ni perezoso, pidió perdón por lo ocurrido después de 1492, tal como lo solicitaran los mexicanos.

El Papa argentino desea un mundo de personas igualadas y felices en la pobreza, "protegidas" por un Estado paternalista y fuerte.

Cuba es el paraíso en la Tierra para el morador actual del Vaticano, y Juan Perón, Hugo Chávez y Fidel Castro son sus mejores encarnaciones entre los mortales.

Entre las perlas que deja la jornada conmemorativa, pueden resaltarse las palabras de la líder mexicana, quien llamó criminales a los españoles y volvió a exigir las disculpas correspondientes.

El colombiano Petro, bordeando el ridículo, afirmó que “no hubo descubrimiento de América, [porque] los seres humanos ya se conocían”, y el gobierno venezolano volvió a apelar a la figura del genocidio, criticando la realización del desfile en Madrid, adjudicando a Hugo Chávez la lluvia que cayó en esos mismos momentos.

Pero la conmemoración del año que viene promete ser aún más especial que la que acaba de finalizar.

Y es que, en el documental “Colón ADN. Su verdadero origen”, emitido el mismo 12 de octubre por la Televisión Española, se afirma que el navegante y descubridor no era genovés ni cristiano, sino español y... ¡judío!

Con esto, ya completa la quiniela para ser un blanco perfecto de los grupos de izquierda y el progresismo woke.

Ninguno se perderá la oportunidad de ligar los destinos de Palestina y los aztecas con el pérfido mundo occidental. Al final, como decía mi abuela, todo tiene que ver con todo.

Muy pronto, la presidenta de México enviará una carta a Benjamín Netanyahu exigiéndole que Israel se disculpe por los crímenes de la conquista que permitió la llegada de Colón, aquel famoso navegante... ¡judío, por supuesto!

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