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Cuando Argentina venció a Inglaterra en el Mundial de 1998, los infartos registrados en los días posteriores en los hospitales británicos se dispararon un 25% por encima de lo normal.

Alex Edmans, profesor de finanzas de la London Business School, se hizo una pregunta de sentido común. Si una emoción es tan poderosa para provocar ese efecto en todo un país, ¿por qué no afectaría también a la bolsa?

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Entonces era el año 2007 y aún no se había indagado demasiado en la psicología inversora (“behavioral finance”). Más bien se asumía que los mercados eran inequívocamente eficientes. Esto es, que los inversores tomaban decisiones perfectamente racionales.

Pero no. Hoy sabemos que hasta el resultado de un partido de fútbol puede afectar el precio de un activo. Y ni hablar si se trata de la Copa del Mundo.

Ese fue el gran aporte de Edmans, en un paper que marcó la cancha. “Sports Sentiment and Stock Returns”, publicado en The Journal of Finance, en colaboración con Diego García y Oyvind Norli investigó la correlación entre 1.100 partidos y rendimientos bursátiles en 39 países.

¿Qué fue lo que encontraron?

Inversores emocionales: la bronca de una derrota tiene costo bursátil

El mercado, efectivamente, cae cuando su equipo pierde en el Mundial. Pero hay una serie de matices.

Por empezar, como es lógico, en la etapa de eliminatorias, el efecto es más acentuado. Si perdés, estás afuera.

Por otro lado, el impacto también es más marcado en lo que llaman los países “locos por el fútbol”. Un grupo en el que incluyen a Argentina, Brasil, España, Inglaterra, Francia, Alemania e Italia.

El estudio identifica un grupo de países fanáticos en los que la caída del mercado se amplifica ante una derrota. Son Argentina, Brasil, España, Inglaterra, Francia, Alemania e Italia. En estos casos el impacto emocional es mucho más potente y también el correlato bursátil. El estudio identifica un grupo de países fanáticos en los que la caída del mercado se amplifica ante una derrota. Son Argentina, Brasil, España, Inglaterra, Francia, Alemania e Italia. En estos casos el impacto emocional es mucho más potente y también el correlato bursátil.

Una derrota de la selección en el Mundial se traduce en que la bolsa del país tiene un desempeño un 0,2% peor que el resto del mundo medido por el índice que reúne a las acciones globales.

Cuando se trata de los países más fanáticos, el efecto se amplifica y la frustración que se apodera del ánimo colectivo hace que a la bolsa le vaya un 0,6% peor que al índice global.

Pero es en el caso de las eliminaciones donde la nube de pesimismo que afecta a la nación tiene un correlato más claro en el mercado. Ya no se trata de un sub-desempeño, sino que la caída promedio al día siguiente es del 0,5%.

Puede parecer poco pero supone muchas veces miles de millones.

Brasil, eliminado por Noruega el domingo, calzó perfecto. La bolsa arrancó como un alma en pena como un descenso de 1,4% pero logró recortar al menos hasta 0,93%. México, en cambio, que se quedó afuera por los ingleses, se resistió al pronóstico.

Su principal índice (S&P BMV IPC) subió 0,70% a pesar de la paliza. Pero la plaza mexicana está mucho más ligada a Wall Street, que tuvo un buen día, con Donald Trump tocando la campana de apertura desde la Oficina Oval.

Hinchas demasiado confiados: ganar siempre está descontado

Uno de los hallazgos más interesantes, es que el bajón por quedar afuera -”el síndrome eliminación”-, no va de la mano con un efecto equivalente por la euforia de seguir en carrera y pasar a la siguiente ronda.

En los casos de Inglaterra y Noruega, que dejaron en el camino el domingo a México y Brasil, la regla se cumplió.

A pesar de la proeza deportiva, los índices apenas se movieron y lo hicieron en negativo, con total frialdad ante los triunfos mundialistas. La bolsa británica (FTSE 100) cayó un 0,26% y la noruega (OSEBX), un 0,30%.

También Francia, que el sábado eliminó a Paraguay y hoy tuvo su primer día de operaciones, bajó 0,33%.

La explicación que arriesgan los autores es que los hinchas suelen ser demasiado optimistas sobre las posibilidades de su selección. Entonces si la expectativa es una victoria, existe poco efecto si simplemente se confirma. Pero en cambio si el resultado es una derrota, el impacto puede ser devastador.

Además está la “asimetría” de esta instancia de la competición. Ganar sólo implica pasar de ronda. Perder es una expulsión automática.

Estos efectos no se reflejan en todas las acciones por igual. Entre las acciones más chicas, de menor capitalización (que mueven menos volumen), suele ser más evidente, ya que tienden además a estar en manos de inversores minoristas y domésticos.

Los investigadores siempre buscan aislar estos efectos de cualquier otra variable que pudiera afectar el impacto de lo que se está estudiando.

En ese sentido hay una excepción de manual. Fue cuando Brasil fue derrotado por Alemania con una goleada impresionante de 7 a 1 en la semifinal de 2014. Al día siguiente los mercados volaron.

Edmans explica que hubo un factor político que influyó. El resultado fue tan humillante que los inversores creyeron que aumentaría las chances de que la presidenta de entonces Dilma Rousseff perdiera en las elecciones.

El fútbol, finalmente, se cuela en todo.

Temas:

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