Anthropic, la empresa creadora de Claude, ha iniciado los trámites para salir a la Bolsa buscando levantar más de 100.000 millones de dólares, con una valoración que sus propios banqueros están discutiendo con inversores, pero que podría llegar hasta los dos billones de dólares.

Así lo adelantó el diario británico Financial Times la última semana y, en el mismo sentido, lo informaron Bloomberg y The New York Times.

más Noticias

De concretarse, sería la mayor oferta pública inicial de la historia, superando el récord que SpaceX (la empresa de tecnología aeroespacial de Elon Musk) estableció hace apenas dos meses, en junio, cuando debutó en bolsa valorada en 1,77 billones de dólares.

Anthropic factura hoy a un ritmo anualizado de unos 65.000 millones de dólares, más de siete veces los 9.000 millones con los que cerró 2025, pero todavía no ha demostrado una rentabilidad sostenida durante un periodo largo.

La apuesta que están haciendo los inversores es que ese ritmo de crecimiento va a mantenerse, o incluso a acelerarse.

Según los medios financieros citados más arriba, media docena de inversores de Anthropic estiman que la compañía podría llegar a una valoración de dos billones basándose en proyecciones de entre 100.000 y 120.000 millones de ingresos para finales de 2026.

Incluso uno de ellos llegó a decir que “dos billones era una cifra conservadora” y, que con un crecimiento cercano al 800% anual, la empresa merecería un múltiplo de 30 veces sus ingresos, lo que la llevaría a tres billones.

Para que se entienda la magnitud de semejante número, hay que recordar que Facebook salió a la Bolsa en 2012 (con cientos de millones de usuarios y un negocio publicitario ya consolidado) valorada en unos 104.000 millones de dólares.

Anthropic aspira a alcanzar una valoración cercana a veinte veces esa cifra, sin haber demostrado todavía que puede mantener una rentabilidad estable en el tiempo.

Y no es que el negocio sea malo (todo lo contrario), sino que en realidad la Inteligencia Artificial todavía necesita cantidades enormes de inversión para generar sus ingresos. Los mercados están anticipando, y poniendo precio hoy, a unos beneficios que todavía tienen que consolidarse.

Entrenar y ejecutar estos sistemas exige una cantidad enorme de potencia de cálculo, chips, centros de datos y electricidad, y esa infraestructura sigue costando miles de millones.

Por eso, buena parte del dinero generado alrededor de la IA está terminando también en empresas como Nvidia o TSMC, que fabrican parte de la tecnología necesaria para que todo esto funcione.

Anthropic podría estar empezando a romper esa dinámica.

En el segundo trimestre de 2026 superó los 11.500 millones de dólares de ingresos y comunicó beneficio operativo ajustado positivo, aunque no publicó la cifra exacta.

Siguiendo a este ritmo, las estimaciones externas apuntan a que podría superar los 1.000 millones de dólares de beneficio operativo durante el tercer trimestre de 2026, con un margen cercano al 6%. Pero, de momento, siguen siendo proyecciones.

A finales de los años noventa, cualquier empresa que añadiera ".com" a su nombre veía multiplicarse su valor en la Bolsa sin que casi ninguna ganara realmente dinero de verdad.

El índice NASDAQ, donde cotizaban la mayoría de estas empresas tecnológicas, subió cerca de un 86% solo en 1999 y llegó a un máximo histórico de 5.048 puntos en marzo de 2000.

En octubre de 2002, unos dos años y medio después, había caído cerca de un 78%, arrastrando a la baja miles de empresas que habían prometido reinventar el mundo.

Se esfumaron alrededor de cinco billones de dólares de capitalización. Muchas de esas compañías desaparecieron y ni siquiera las que sobrevivieron salieron indemnes.

El NASDAQ tardó quince años, hasta 2015, en volver a tocar el máximo que había alcanzado en el año 2000.

La diferencia y el parecido

La comparación tiene un límite bastante evidente: Anthropic factura de verdad, tiene miles de clientes empresariales pagando y un producto que millones de personas usan a diario (es de las que cobra más caro por millón de tokens pero aún así muestra un crecimiento explosivo), algo que muchas empresas de la burbuja puntocom nunca llegaron a conseguir.

Pero hay algo que sí se parece mucho: el mercado empieza a pagar por adelantado por un futuro que todavía no existe.

Eso no significa que la IA sea una moda ni que vaya a fracasar.

Al contrario. La burbuja puntocom demostró exactamente eso, que una tecnología puede cumplir su promesa, cambiar el mundo y, aun así, estar rodeada durante años de valoraciones de mercado difíciles de justificar.

Internet terminó transformándolo prácticamente todo. Pero eso no evitó que miles de inversores pagaran demasiado y demasiado pronto.

Con la IA podría estar pasando algo parecido. Tal vez Anthropic llegue realmente a valer dos billones, e incluso más. Pero, entre que una tecnología sea revolucionaria y que cualquier precio esté justificado, hay una diferencia enorme.

Justo esta semana, Meta (la empresa del incombustible Mark Zuckerberg) ha acordado pagar hasta 18.000 millones de dólares (aproximadamente 15.400 millones de euros) lo largo de un período de 10 años para cerrar un histórico juicio federal en Estados Unidos.

La multinacional, que además de manejar las redes sociales posee una IA que va en alza, fue demandada en más de 50 estados, acusada de diseñar Facebook e Instagram de forma deliberada para generar adicción y dañar la salud mental de niños y adolescentes

Las empresas de IA hoy se deben estar replanteando su relación con los menores, y sus conversaciones demasiado ligeras sobre salud mental, diagnóstico médico y hasta consejos afectivos.

Lo de Meta marca un precedente para todas ellas.

La IA puede cambiar el mundo y Anthropic puede convertirse en una empresa gigantesca, las dos cosas seguramente sean ciertas.

Lo que no sabemos es si eso justifica pagar hoy dos billones de dólares por una empresa que todavía está demostrando hasta dónde puede llegar y aún no se sabe cuándo lo hará.

(*) Laura Capriata es periodista y especialista en IA

Temas:

explosión inteligencia artificial Burbuja tecnológica

seguí leyendo