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Pasa el tiempo y las Olimpíadas son siempre motivo de júbilo. Incluso cuando son manchadas por actos de violencia como los acaban de ocurrir en los Juegos de Invierno de Milán-Cortina.

Quienes van a aprovechar este paraguas de euforia de los fans y este microclima de excitación deportiva, son las grandes marcas que fabrican equipamiento de esquí. Al menos por unas semanas.

Sospechadas de ser lo más parecido a una “mafia”, agradecerán esta tregua.

Podrán seducir a los esquiadores amateurs con su tecnología más sofisticada para deslizarse por las suaves lomas blancas con la elegancia de los competidores que tanto admiran.

Pero muchos de ellos, los futuros campeones de esta edición 2026, llevan la marca de sponsors que desde octubre están bajo investigación de la Unión Europea (UE) por “cartelización” con ayuda de las autoridades locales, según reporta Reuters.

Mientras tanto, Bloomberg especifica que las autoridades del bloque buscan probar si hubo una coordinación ilegal entre los fabricantes para para la fijación de precios.

Ya se realizaron varias inspecciones en las firmas en la búsqueda además de evidencia de un acuerdo secreto para la reventa de sus artículos dentro del mercado europeo.

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Tres gigantes del esquí, en un mal momento

Se trata de verdaderos gigantes de la industria, que en realidad es un nicho de lujo. Los objetivos de la investigación son tres.

Amer Sports, un grupo global con sede en Finlandia que cotiza en el Nasdaq y que maneja marcas como Atomic y Salomon.

Tecnica Group, un fabricante italiano que posee en su cartera marcas como Blizzard skis, Nordica, y Moon Boot. Y Fischer Sports, una compañía austríaca, con una tradición que se remonta a 1924. Ambas de sin cotización pública.

Sin ánimo de justificar prácticas que distorsionen la competencia, lo cierto es que la industria no viene pasándola bien.

Por un lado está la presión del aumento de los costos, que vienen achicando drásticamente los márgenes del negocio. El sector depende de materiales como el bambú y la fibra de carbón.

El año pasado, la francesa Rossignol debió cerrar su histórica fábrica de Sallanches después de intentar salir a flote tras años de balances en rojo.

El cambio climático también está afectando al negocio. Y no de manera tangencial en absoluto.

Temporadas más cortas y nieve artificial

Las temporadas se están acortando, lo que se traduce en un menor flujo de visitantes a los resorts de ski y una menor venta de equipamiento.

En 2023, Les Contamines, un resort francés con vista al famoso Mont Blanc, debió cancelar una competencia mundial por falta de nieve.

Según Bloomberg, casi 1,6 millones de metros cúbicos de “nieve técnica”, según la jerga, o sea artificial, debieron producirse para los Juegos de Milán-Cortina.

Es cara pero a la vez un insumo esencial hoy para casi cualquier competencial de esquí, lo que aumenta los costos para quienes disfrutan de estos eventos.

En la última década, el precio de un pase de esquí en Europa aumentó casi 35%. En Italia se disparó un 40% para la temporada 2025/2026 en relación al 2021, según el monitor Assoutenti.

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El equipo de Noruega festeja su triunfo en tabla de esquí.

Por último, la pandemia le jugó una mala pasada a las empresas de esquí, que leyeron mal al mercado.

Ni bien el confinamiento empezó a relajarse un poco, esquiar fue una de las primeras actividades en ser permitidas.

El rebote fue espectacular. La afluencia a los resorts fue tal que los fabricantes pusieron en marcha la producción y se aseguraron un buen stock para enfrentar la demanda.

El problema es que no duró. Al poco tiempo la gente volvió a trabajar.

Con el exceso de inventario, las empresas no tuvieron otra que ofrecer grandes descuentos.

Como si ese error de cálculo no fuera suficiente, llegó Donald Trump y aumentó las tarifas para las ventas al exterior del 20% al 50%.

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