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La inteligencia artificial ya no es solo una herramienta de productividad y creación, sino un campo de batalla donde compiten gobiernos, ejércitos, grandes empresas y una ciudadanía que intenta colarse a su modo, aunque hasta ahora no le habían hecho mucho caso.

La semana pasada descubrimos que el gobierno de Estados Unidos usa la IA para análisis, planificación y ejecución de operaciones militares, como sucedió en el ataque a Irán.

El tema salió a la luz porque el presidente Donald Trump ordenó que todas las agencias federales de Estados Unidos dejaran de usar la tecnología de Anthropic (el modelo Claude) por considerarla una “IA woke”.

La empresa se había negado a otorgar el control de su IA para “vigilancia interna” de sus ciudadanos y para operaciones armamentísticas “totalmente autónomas” (sin humanos). Pese a la prohibición, Trump usó Claude en el ataque aéreo contra Irán (hasta poder migrar a otra IA), lo que ha dejado en evidencia la dependencia real militar hacia esta herramienta.

“Los izquierdistas desquiciados de Anthropic han cometido un ERROR DESASTROSO al intentar presionar al Departamento de Guerra y obligarlo a obedecer sus Términos de Servicio en lugar de nuestra Constitución”, publicó Trump en redes sociales.

También se ordenó que dejara de usarla todo “contratista, proveedor o socio que haga negocios con las Fuerzas Armadas de Estados Unidos”, lo que incluye basicamente a todas las grandes empresas norteamericanas, desde Amazon hasta Google o Microsoft

Mientras Antropic anunciaba que recurriría esta última cláusula en Tribunales el impacto fue inmediato, su valor en mercados privados cayó un 8% (aún no cotiza en Bolsa).

Rápidamente Open AI (detrás del famoso ChatGPT) anunció que ocuparía el lugar que Antropic dejaba vacante porque era necesario que “quienes defienden la seguridad nacional” tengan “las mejores herramientas posibles”, siempre “dentro de la ley”.

La noticia fue interpretada como una claudicación de Open AI a los principios éticos que hasta ahora decían seguir las empresas de IA, aunque ellos mismos se apresuraron a asegurar que la vigilancia masiva doméstica y las armas totalmente autónomas quedaban prohibidas en el nuevo acuerdo.

Nadie les creyó y en una suerte de extraño movimiento contracultural estilo Woodstock pero sin música, las redes sociales se llenaron de cancelación a ChatGPT, bajo los hashtag # #CancelChatGPT y una web llamada QuitGPT, QuitaGPT en español.

Esta semana, el fenómeno siguió escalando y Antropic hizo una jugada magistral: Lanzó una nueva función que permite migrar todo tu historial desde cualquier IA a Claude de una manera muy sencilla. De este modo sabrá lo mismo de ti que tu IA anterior y ya no empiezas de cero.

La paradoja es brutal. La IA que el Pentágono vetó se convirtió en la que más crece (en Estados Unidos y Europa), mientras ChatGPT firma contratos de cientos de millones como proveedor oficial de IA militar y se gana el odio de parte de su público fiel.

El modelo de Anthropic pierde el contrato de 200 millones con el Departamento de Defensa, pero gana capital simbólico entre los usuarios que no quieren que su herramienta de estudio o trabajo se convierta en parte de la maquinaria de guerra.

¿Se trata del grupo que ideológicamente rechaza las políticas de Trump o es un movimiento mayor que avala límites éticos que Claude dice defender? No lo sabemos, pero la jugada ha salido para un manual de marketing. Perder para ganar. ¿Planificada? Tampoco sabemos, pero claramente buscan capitalizar su transitoria fama de ser “los buenos” de esta película.

Lo que pasa es que ya sabemos que fuera de Hollywood no hay personajes completamente buenos ni completamente malos. Sino muchas zonas grises.

Quién está detrás de Claude

Anthropic fue fundada en 2021 por Dario Amodei (doctorado en física, que investigó electrofisiología de circuitos neuronales en Stanford y Princeton) y su hermana Daniela Amodei (a cargo de la operación de la empresa), junto con otros exinvestigadores de OpenAI, tras renunciar por diferencias sobre la dirección y seguridad de la IA con su CEO, Sam Altman.

Con un discurso basado en la seguridad y un inicio como la herramienta premium usada por programadores y informáticos, hoy busca masividad.

El nombre "Claude" es un guiño a Claude Shannon, el matemático considerado padre de la teoría de la información. Desde su primera versión, Claude ha pasado por varias generaciones de modelos, mostrando mejoras que durante 2025 lo hicieron escalar en las preferencias de empresas y usuarios expertos, sin embargo Open AI sigue dominando el mercado.

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