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Carlos Alcaraz ha pasado de la plenitud alcanzada durante su entrenamiento navideño en Murcia a una situación de "hastío" y desesperación sobre la pista. El tenista murciano fue recientemente eliminado en la tercera ronda del Masters 1000 de Miami frente a Sebastian Korda.

Esta derrota dejó imágenes de una frustración inusual cuando miraba al palco de su equipo y decía "No puedo más, quiero irme ya a casa". Esta reacción evidencia una pérdida de la paz interior que parecía haber consolidado a principios de año.

Según explica la psicóloga Josefina Cutillas, quien trabajó con el número uno hasta los 15 años, lo ocurrido es una "lesión psicológica". La experta señala que Alcaraz ha acumulado una carga emocional excesiva durante semanas de viajes y compromisos internacionales, desde Corea del Sur hasta Qatar y Estados Unidos, lo que finalmente ha provocado un desborde humano ante la presión constante del circuito.

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Alcaraz durante su partido contra Korda, (3-6, 7-5, 4-6)

El reto de gestionar las victorias y el descanso

Estas crisis de Alcaraz suelen manifestarse en rondas iniciales de los torneos, a diferencia de lo que ocurre en finales de Grand Slam. Cutillas analiza que el motor del jugador son los grandes retos, donde la presión máxima le hace crecerse; sin embargo, los problemas aparecen en los momentos de descompresión.

La transparencia del jugador al mostrar sus sentimientos en la pista es vista por la especialista como una virtud que le engrandece, rompiendo con la tendencia de antiguos campeones de ocultar su vulnerabilidad. A diferencia del autocontrol de figuras como Rafa Nadal, Alcaraz muestra la dificultad real de ser una estrella mundial, una situación que incluso leyendas como Roger Federer vivieron en momentos puntuales de su carrera.

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Alcaraz durante su partido contra Korda (3-6, 7-5, 4-6).

La vuelta a Murcia como terapia

La solución para el actual número uno del mundo reside en su entorno. Alcaraz ha regresado a El Palmar para reencontrarse con su familia y amigos, buscando recuperar el equilibrio perdido. Aunque esta semana retomará los entrenamientos en el Real Club de Campo de Murcia, la prioridad absoluta será su recuperación mental fuera de las pistas antes de afrontar la exigente gira europea de tierra batida.

El calendario inmediato sitúa al murciano ante el Masters 1000 de Montecarlo, seguido del Trofeo Conde de Godó, Madrid y Roma. La lógica apunta a la necesidad de renunciar a alguna cita para evitar una recaída, pero la presión del ranking es alta: si Jannik Sinner vence en Miami, Alcaraz deberá defender su posición con firmeza hasta Roland Garros. La gestión de sus fuentes de bienestar será determinante para su rendimiento en los próximos meses.

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