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El brote de peste porcina africana (PPA) detectado en la sierra de Collserola, en Barcelona, ha puesto en alerta a las autoridades catalanas, que han impuesto restricciones severas en 91 municipios para evitar la propagación del virus.

Con la participación de más de un millar de efectivos de seguridad y emergencia, se han establecido controles estrictos en un radio de 20 kilómetros alrededor del foco de infección, afectando tanto a la movilidad de la población como a la actividad ganadera en la zona.

Un despliegue masivo de efectivos para garantizar el cumplimiento de las restricciones

El dispositivo de seguridad incluye agentes de los Mossos d'Esquadra, policías locales, bomberos y Protección Civil, que realizan controles estáticos y dinámicos para impedir el acceso a las zonas naturales afectadas por las restricciones impuestas.

Según el intendente de los Mossos d'Esquadra, Francesc Parra, hasta el momento no se han impuesto sanciones, ya que la ciudadanía ha mostrado un comportamiento ejemplar, respetando las medidas de seguridad para evitar la propagación de la PPA, un virus que se contagia rápidamente entre los animales.

Las restricciones afectan principalmente a la zona más cercana al foco del brote, en un primer radio de seis kilómetros, pero también incluyen una segunda zona de 14 kilómetros adicionales. En este perímetro, el acceso a espacios naturales como bosques, campos o cauces de ríos está totalmente prohibido, permitiendo solo algunas actividades organizadas por rutas habilitadas específicamente para ello.

Impacto en el sector porcino: riesgo de despidos y pérdidas económicas

El brote de PPA está teniendo un impacto directo en la industria ganadera de la provincia de Barcelona, que depende en gran parte del sector porcino.

Aproximadamente 30 granjas situadas dentro del perímetro de vigilancia están siguiendo protocolos de bioseguridad estrictos para evitar la transmisión del virus a sus animales, pero la situación ya ha provocado la decisión de algunas empresas de reducir su personal.

El Grupo Jorge, una de las principales empresas cárnicas, ha anunciado que prescindirá de 300 trabajadores temporales en Santa Eugènia de Berga debido a la crisis del sector.

Aunque el impacto aún no ha sido masivo, sindicatos y organizaciones agrícolas están observando con preocupación cómo podría evolucionar la situación. De acuerdo con la estimación de la JARC (Joves Agricultors i Ramaders de Catalunya), las restricciones afectan solo a 70.000 de los dos millones de cerdos que se crían en la provincia de Barcelona, un número relativamente bajo, lo que ofrece algo de alivio al sector.

Sin embargo, las organizaciones agrarias, como ASAJA y JARC, siguen pidiendo ayudas económicas para mitigar las pérdidas económicas del sector y evitar despidos masivos.

Además, solicitan que los ERTE (expedientes de regulación temporal de empleo) sean utilizados para ayudar a los productores afectados por la caída de la demanda y la restricción de mercados internacionales.

La respuesta institucional: ayudas y sacrificios de cerdos

El Gobierno catalán ha puesto en marcha un plan para sacrificar los cerdos sanos de las granjas situadas en la zona de vigilancia, una medida que afecta a unos 30.000 animales. Este sacrificio preventivo es necesario para evitar que el virus se propague, y el sacrificio se llevará a cabo a partir de la próxima semana en un matadero autorizado.

La decisión fue tomada tras una reunión entre representantes del sector porcino y autoridades del Govern, incluyendo al conseller de Agricultura, Òscar Ordeig, y otros miembros del ejecutivo catalán.

A pesar de las dificultades, los sindicatos agrarios se muestran moderadamente optimistas, destacando la rapidez con la que se ha actuado y la cooperación entre las instituciones para contener el brote. Sin embargo, las organizaciones también insisten en que la evolución del brote será clave para determinar el impacto final en el sector, especialmente si el virus se extiende más allá del perímetro de vigilancia actual.

El futuro del sector porcino en Cataluña: incertidumbre y expectativas

La crisis generada por la peste porcina africana en Barcelona ha puesto a prueba la resiliencia del sector porcino catalán. Aunque las autoridades y los sindicatos confían en que la situación no provocará una crisis irreversible, las próximas semanas serán determinantes para evaluar el alcance del brote y su impacto en el empleo y la economía agrícola de la región.

Además, las autoridades continúan trabajando en estrategias para congelar los productos cárnicos que no pueden ser vendidos debido a las restricciones, con el objetivo de evitar una caída de precios aún más pronunciada. En este contexto, la cooperación entre el sector privado, los sindicatos y las instituciones gubernamentales será esencial para superar los retos que plantea la propagación de la peste porcina africana.

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