19 de agosto de 2026 12:21 hs

La reina Camila ha admitido públicamente lo difícil que le resultó mantener en secreto el diagnóstico de cáncer de su esposo, el rey Carlos III, durante los primeros momentos tras detectarse la enfermedad a principios de 2024. La confesión ha tenido lugar en el marco del 30 aniversario de la organización benéfica Maggie's, entidad volcada en ofrecer apoyo emocional a pacientes oncológicos y a sus familias.

En una conversación mantenida en Clarence House con la directora de la entidad, Laura Lee, la consorte reveló la presión sufrida en enero de 2024, cuando inauguró un centro de dicha organización en el hospital Royal Free de Londres. Para entonces, Camila ya conocía la noticia del diagnóstico y que el monarca necesitaría tratamiento, pero debía guardar absoluta reserva hasta la comunicación oficial de la Casa Real.

"Nadie podía decir nada en aquel momento; fue bastante difícil. Estuve a punto de decir algo, pero sentí que no era el momento de hacerlo", reconoció la soberana en la pieza audiovisual difundida este miércoles.

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"Me moría de ganas de soltarlo, pero obviamente no podía", añadió, explicando que ver el sufrimiento de los pacientes e itinerarios familiares en ese contexto le hizo "comprender aún mejor la gran importancia de estos lugares". La enfermedad del rey se hizo pública en febrero de 2024 sin detallar el tipo de cáncer. Más de dos años después de aquel anuncio, el palacio de Buckingham reitera que el monarca continúa recibiendo tratamiento oncológico mientras su salud evoluciona en una dirección positiva.

Los complejos orígenes de la relación, cuando Carlos y Camila era mala palab

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La revelación de la reina Camila se suma al itinerario de una de las historias personales e institucionales más complejas de la realeza contemporánea. Su vínculo con el soberano comenzó a principios de la década de 1970, cuando fueron presentados por una amiga en común, Lucía Santa Cruz. Desde ese primer encuentro, el entonces príncipe de Gales encontró en Camila a una figura espontánea y alejada del molde tradicional de la corte.

A pesar de pertenecer a la aristocracia, Camila no encajaba en los requerimientos formales de la época para la Corona. En 1973, contrajo matrimonio con Andrew Parker Bowles, mientras que Carlos continuó con sus compromisos reales. Ocho años más tarde, en 1981, el heredero al trono celebró su boda con Diana Spencer ante una audiencia global de millones de espectadores. Sin embargo, la proyección pública de aquel matrimonio distó de la realidad interna vivida tras los muros del palacio.

Turbulencia mediática, la crisis de los 90 y el trágico punto de inflexión de 1997

Durante los años noventa, la relación entre Carlos y Camila se situó en el epicentro de la controversia mediática internacional. La propia princesa Diana llegó a declarar públicamente en televisión que en su matrimonio "había tres personas", en alusión directa a la presencia continua de Camila en la vida del príncipe. Tras la separación formal de los príncipes de Gales en 1992 y su posterior divorcio, la presión social sobre la figura de Camila alcanzó cotas inéditas.

El trágico fallecimiento de Diana de Gales en 1997 supuso una profunda crisis de imagen tanto para la monarquía británica como para el propio Carlos. Ante el rechazo social y el escrutinio de los tabloides, la pareja optó por mantener un perfil bajo. No fue hasta 1999 cuando iniciaron una estrategia de normalización pública al reaparecer juntos por primera vez en un acto oficial, dando los primeros pasos para su paulatina integración en los círculos de la corte.

La consolidación institucional: del matrimonio en Windsor a la coronación en Westminster

Tres décadas después de haberse conocido, la relación se formalizó institucionalmente en 2005 con una ceremonia civil en Windsor. A partir de ese momento, Camila asumió sus tareas dentro de la familia real caracterizándose por la discreción, la adaptabilidad al protocolo y un soporte constante hacia la figura del heredero.

El respaldo clave para su estatus definitivo llegó en 2022, cuando la reina Isabel II expresó expresamente su deseo de que Camila fuera reconocida como reina consorte al producirse la sucesión. Un año después, en 2023, la histórica ceremonia de coronación en la Abadía de Westminster formalizó el papel de ambos en el trono británico.

En la actualidad, ante los desafíos de salud del rey Carlos III, la reina consorte se consolida como un soporte diario fundamental y una pieza clave para la estabilidad de la institución.

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