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En 28 años de chavismo, Venezuela ha atravesado seis procesos formales de diálogo con mediadores: uno bajo Hugo Chávez y cinco durante el autoritarismo de Nicolás Maduro, sin avances hacia la democracia. Ahora, con Delcy Rodríguez en la presidencia, este sábado arrancará un séptimo intento de negociación política bajo la tutela de Estados Unidos, un actor que podría forzar un desenlace distinto, aunque está por verse hasta dónde sus objetivos coinciden con los de una oposición que llegará a la mesa sin su principal líder, María Corina Machado.

El último ensayo culminó en los acuerdos de Barbados, diseñados para garantizar elecciones justas en julio de 2024. Maduro los quebró al inhabilitar candidatos opositores, bloquear el voto de la mayoría de los venezolanos en el exterior y desconocer el resultado. Con el control de las instituciones y la represión, el régimen conservó el poder por la fuerza.

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Maduro junto a su esposa Cilia Flores

Como en las tentativas anteriores, la negociación se desarrolló bajo una asimetría que anuló la posibilidad de un acuerdo real. Esta vez, sin embargo, el gobierno llega a la mesa de discusión tras la intervención militar de Estados Unidos, que el 3 de enero capturó a Maduro y lo trasladó a una prisión en Nueva York para juzgarlo por narcotráfico.

Así, Washington colocó a Venezuela, el país con las mayores reservas petroleras del planeta, bajo su órbita y anunció un plan de tres fases: estabilización, recuperación y transición. Para activar esta última etapa, impulsa el nuevo diálogo político bajo el diseño del Departamento de Estado.

La negociación está encabezada por dos parlamentos: el elegido en 2015, donde la oposición obtuvo mayoría pero fue anulado por Maduro y cuenta con el reconocimiento de Estados Unidos, y el elegido en 2025, surgido de un proceso marcado por el fraude electoral de 2024 y en el que la oposición mayoritaria no participó.

Dinorah Figuera, presidenta del parlamento elegido en 2015, encabeza al grupo de parlamentarios que representa a la oposición, mientras Jorge Rodríguez, hermano de la presidenta encargada Delcy Rodríguez, lidera la delegación del chavismo.

Jorge Rodríguez y Dinorah Figuera reunidos el pasado 18 de junio

Figuera ha señalado que el objetivo es avanzar en reformas que permitan una eventual transición política: elegir un nuevo Consejo Nacional Electoral, conformar un Tribunal Supremo de Justicia confiable, garantizar el retorno de la libertad de expresión e incluso discutir las inhabilitaciones que impiden a líderes opositores ser candidatos presidenciales.

El gobierno, por su parte, ha hablado de una “hoja de trabajo conjunta” con miras al “fortalecimiento de la democracia” y, a través del ministro del Interior, Diosdado Cabello, indicó que contempla discutir el levantamiento de las sanciones de Estados Unidos

Actor decisivo

Juan Manuel Trak, doctor en procesos políticos contemporáneos y autor de Venezuela en Presente Continuo: Crónica analítica de la autocratización en tiempo real, sostiene que todo lo que ocurre está vinculado a la influencia de Estados Unidos.

“El chavismo solo se sentó a negociar porque un poder superior lo obligó a hacer algo que voluntariamente no hubiese hecho”, afirma Trak. La diferencia con procesos previos, añade, es que ahora existe un actor externo capaz de exigir el cumplimiento de los compromisos, cuando antes la oposición carecía de capacidad política e institucional para hacerlo.

Miguel Martínez Meucci, doctor en conflicto político y procesos de pacificación, advierte que las condiciones están “totalmente marcadas por la tutela estadounidense, su visión de la situación y los intereses primordiales de su administración actual”. En su opinión, el avance dependerá de la velocidad y el alcance que disponga Washington.

La agenda del crudo

Para Martínez Meucci no hay dudas en las prioridades de la Casa Blanca: “De momento, parece claro que la prioridad es el control geoestratégico y de las operaciones petroleras. Es fundamental para Estados Unidos evitar que Venezuela siga siendo territorio operado por potencias extrahemisféricas”.

Donald Trump

La administración de Donald Trump ha centrado su estrategia en el sector energético, y Delcy Rodríguez ha saciado el interés de Washington por controlar el petróleo venezolano. Una reforma legal abrió la puerta a la inversión privada; los barriles que antes iban a Cuba o China fueron redirigidos a Estados Unidos e India, y los petrodólares se depositan en una cuenta bajo supervisión del Departamento del Tesoro.

Para la oposición venezolana será clave alinear el interés de Washington en el petróleo con el impulso a la democratización. La semana pasada, Trump afirmó que “Delcy Rodríguez ha estado haciendo un trabajo fantástico” y destacó “la cantidad de petróleo que está saliendo de Venezuela ahora mismo, incluso antes de que todas las grandes compañías se dispongan a ir allí”.

La exclusión

María Corina Machado, la principal líder de la oposición, ha quedado fuera del proceso de negociación que el Departamento de Estado, liderado por Marco Rubio, respaldó a través de un comunicado señalando que aplaude “el compromiso de fortalecer las instituciones democráticas, mejorar el sistema electoral y restablecer las garantías para la participación política”.

Marco Rubio

Machado fue inhabilitada por el régimen para participar en las elecciones de 2024, pero respaldó a Edmundo González, quien de acuerdo con las actas en poder de la oposición ganó por amplia mayoría. La semana pasada ambos señalaron que no formarán parte del proceso de diálogo que se inicia, pero indicaron que no serán "obstáculo a ninguna iniciativa que produzca avances reales”.

Martínez Meucci considera que esta ausencia “priva al proceso de una representación sólida y actualizada de la voluntad legítima y soberana de los venezolanos”.

Juan Manuel Trak interpreta la exclusión de Machado como resultado de su inmediatismo, políticamente inviable, al plantear “elecciones ya”. Explica que “no existen condiciones institucionales para una transferencia de poder como la que ella plantea” y a esto se suma la intransigencia del chavismo, que ha hecho de no negociar con Machado un punto de honor.

Trak añade que la marginación también responde a la estrategia de Washington. Para el plan de tres fases delineado por Rubio y Trump, un gobierno inmediato de Machado “sin sentar las bases institucionales que garanticen la gobernabilidad” pondría en riesgo los intereses de Estados Unidos en Venezuela en el mediano y largo plazo, centrados en los negocios y el control geoestratégico de la región.

María Corina Machado y Edmundo González

“Esa diferencia en la forma de ver la política y en los tiempos de la transición son los que han hecho que, muy probablemente, Machado no haya sido incorporada”, dice Trak, pero explica que María Corina está “en una posición de ganar-ganar: si la mesa es un éxito será candidata presidencial y si fracasa no asume el costo porque no participó en la negociación”.

Machado, quien está fuera del país desde diciembre, cuando viajó a Noruega para recibir el Premio Nobel de la Paz, estableció “logros concretos y verificables” para medir el resultado de la mesa: “La recuperación de las instituciones democráticas, la liberación de todos los presos políticos, garantías reales para todos los actores sin exclusiones, un cronograma electoral presidencial oportuno y el pleno respeto a la soberanía popular”.

Por primera vez en la larga cadena de negociaciones fracasadas existe un actor, Estados Unidos, con la capacidad de acabar con la asimetría de poder que jugó a favor del chavismo y de imponer una agenda centrada en la transición y en el cumplimiento de lo pactado. La incógnita es hasta dónde la administración de Donald Trump asumirá esta responsabilidad.

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Estados Unidos Venezuela Diálogo María Corina Machado

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