7 de febrero 2026 - 9:05hs

El paisaje urbano de Caracas está saturado de vallas que muestran a Nicolás Maduro junto a su esposa, Cilia Flores, bajo un lema escueto: “Los queremos de vuelta”. La consigna, repetida en cada avenida, no anuncia un comienzo sino una persistencia. El régimen permanece intacto en su maquinaria de control. Los cambios más notorios se concentran en lo económico, mientras en la política despuntan señales incipientes, gestos todavía frágiles que no alcanzan a garantizar el retorno de la democracia.

Tras la operación militar en la que Estados Unidos capturó a Nicolás Maduro y lo trasladó a una cárcel en Nueva York acusado de narcotráfico, la vicepresidenta Delcy Rodríguez asumió el mando e inició un rápido reajuste de la economía. Bajo la tutela de la administración de Donald Trump reformó la ley para abrir el sector petrolero a compañías privadas y reorientó las exportaciones de crudo hacia Estados Unidos.

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Rodríguez ha estado alineada con la versión chavista del socialismo, pero en los últimos años tomó las riendas de la economía, tendió puentes con el sector privado y mostró inclinación hacia una reforma que ahora acelera. Empresarios, que celebran su llegada a la presidencia, la llaman “Delcyping” en alusión a Deng Xiaoping, convencidos de que busca consolidar un modelo similar al del líder chino: más capitalismo y apertura al mercado, pero control político. Esa fórmula no les incomoda; la asocian con estabilidad y gradualidad para resguardar sus negocios.

Gracias a la flexibilización de las sanciones por parte de Estados Unidos este año, se espera un repunte en la producción petrolera —el área neurálgica de la economía—, mayor ingreso de dólares, mejoras salariales y una desaceleración de la inflación. El clima es positivo: los bonos del país han subido de precio y compañías extranjeras, no solo del sector petrolero, empiezan a explorar oportunidades en un mercado donde empresas e inmuebles se ofrecen a precios de remate tras el colapso socialista.

En parte, el nuevo entorno responde al plan delineado por el secretario de Estado de Estados Unidos, Marco Rubio, para Venezuela: estabilización, recuperación económica y una eventual transición a la democracia sin plazos definidos. Dentro de esa estrategia, el régimen conducido por Delcy Rodríguez aceptó un tutelaje de Washington, que ya controla el ingreso y el gasto de una fracción de los petrodólares del país.

Apostar al desgaste

Si bien en la Casa Blanca se bosqueja un proceso donde la estabilidad y la economía son la prioridad, mientras la democracia queda como último eslabón, persisten dudas sobre el éxito de esta planificación. El chavismo, como en otras ocasiones, puede adaptarse, ganar tiempo y esperar a que la presión de Estados Unidos disminuya.

Venezuela - marcha chavista - 6-1-26- AP
Marcha de simpatizantes chavistas en Caracas tras la captura de Maduro

Marcha de simpatizantes chavistas en Caracas tras la captura de Maduro

Ángel Oropeza, director del Centro de Estudios Políticos de la Universidad Católica Andrés Bello, explicó en un foro la semana pasada que “el proyecto del gobierno interino de Delcy Rodríguez es uno de estabilización autoritaria: una estrategia a dos velocidades, con una apertura muy rápida en lo económico pero muy lenta en lo político. No es lo mismo transición política que estabilización y administración de la crisis”.

“En este momento el tiempo es la variable más importante y el gobierno sabe que eso juega a su favor, porque el panorama para Trump no es muy feliz: tiene problemas con el ICE (policía migratoria) en Minneapolis, además de que vienen elecciones de mitad de período. Entonces, si yo gano tiempo, doy posibilidad a que se le enrede el papagayo a Trump”.

Freddy Guevara, exdiputado de la oposición, escribe en un análisis para Journal of Democracy que “el régimen apuesta a que la capacidad o la voluntad de Estados Unidos para ejercer presión coercitiva disminuirá con el tiempo, ya sea debido a nuevas crisis mundiales, cambios políticos internos o reajustes estratégicos. Cuanto más se prolongue el proceso, mayor será la probabilidad de que Venezuela pierda importancia en la lista de prioridades de Estados Unidos”.

Brotes verdes

En el terreno político, el Parlamento aprobó en primera discusión una ley de amnistía para los presos políticos y, según la ONG Foro Penal, ya se han producido 383 excarcelaciones. La presidenta anunció además el cierre del Helicoide, la cárcel señalada como centro de tortura, y el inicio de un diálogo con algunos sectores de la oposición.

Venezuela - familiares de presos políticos - 5-2-26 - AFP
Familiares piden la liberación de presos políticos en Venezuela

Familiares piden la liberación de presos políticos en Venezuela

Al mismo tiempo, la sociedad empieza a tantear hasta dónde pueden llegar ciertas libertades. Políticos como el exgobernador Andrés Velásquez anuncian su salida de la clandestinidad, una cadena de televisión se atreve a mostrar brevemente a María Corina Machado, la principal líder de la oposición, y estudiantes de la Universidad Central de Venezuela convocan a concentraciones.

Estos gestos incipientes podrían revertirse en cualquier momento. Siguen vigentes las leyes utilizadas para perseguir a opositores, como la Ley contra el Odio; no existe un Estado de derecho que limite la actuación de los cuerpos de seguridad; los medios de comunicación permanecen censurados o en manos de empresarios afines al gobierno; y una larga lista de portales informativos tiene sus páginas bloqueadas en internet.

El politólogo Juan Manuel Trak escribe en un análisis que “hasta ahora, más allá de gestos destinados a apaciguar las demandas de apertura, lo cierto es que sigue vigente un conjunto de leyes y prácticas que limitan el ejercicio efectivo de las libertades y los derechos. Tampoco hay señales, por el momento, de iniciar una reforma de las fuerzas de seguridad, los tribunales y las fiscalías utilizadas por Maduro para imponerse por la fuerza”.

Agrega que “el desmantelamiento de estas estructuras de poder es un desafío mayor, tanto por los intereses que se verían afectados como, sobre todo, por el clamor de justicia frente a los abusos cometidos”.

Diosdado Cabello - 4-2-26 - AFP
El ministro del Interior venezolano, Diosdado Cabello

El ministro del Interior venezolano, Diosdado Cabello

Por ahora no hay evidencias de que la exclusión de la oposición con mayor respaldo, la liderada por Machado, pueda revertirse. El miércoles pasado, Diosdado Cabello, el temible ministro del Interior, afirmó que “la oligarquía que aplaudió el bombardeo al suelo patrio no gobernará más nunca a Venezuela”, en clara alusión a Machado, quien respaldó la operación militar que condujo a la captura de Maduro.

Si bien todo indica que la intención de Delcy Rodríguez es ganar tiempo y consolidar un esquema de liberalización económica bajo control político, analistas advierten que el escenario podría cambiar si la sociedad civil irrumpe en el tablero y exige transformaciones profundas, o si Washington decide acortar etapas y avanzar hacia la transición democrática.

En ese escenario podrían abrirse grietas entre las distintas facciones del régimen. Cabello advirtió recientemente: “Mientras nos vean unidos, lo pensarán. Si nos ven uno por acá y otro por allá, nos van a comer uno a uno y no va a quedar nadie. Ninguno de nosotros”.

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