El presidente Luiz Inácio Lula da Silva y el senador opositor Flávio Bolsonaro lanzaron este domingo sus campañas para la presidencia de Brasil. Los brasileños acudirán a las urnas el próximo 4 de octubre en un clima de profunda polarización y con una inevitable sensación de déjà vu.

La contienda presenta cambios menores en el reparto frente a las presidenciales de 2022. Prácticamente empatados en las encuestas, Lula, de 80 años y en busca de un cuarto mandato no consecutivo, se enfrenta esta vez al hijo del expresidente conservador Jair Bolsonaro.

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Luiz Inácio Lula da Silva

En estas elecciones, Estados Unidos se perfila como un factor clave. Con Donald Trump respaldando abiertamente a candidatos conservadores en Latinoamérica e imponiendo aranceles a productos brasileños, algunos con motivaciones políticas, la injerencia de Washington se convirtió en un eje central del debate. Mientras Lula denuncia injerencia extranjera, Flávio capitaliza el visto bueno y el respaldo del líder republicano.

Según un reciente sondeo de la encuestadora Nexus/BTG Pactual, Lula obtendría un 47% de los votos frente al 44% de Bolsonaro en un eventual balotaje. Como ambos favoritos registran tasas de rechazo superiores al 50%, la contienda terminará definiéndose en la disputa por un reducido margen de votantes independientes.

En búsqueda de un cuarto mandato

Lula lanzó formalmente su campaña de reelección este domingo con un multitudinario acto en el estadio "1 de Mayo" de São Bernardo do Campo, cuna industrial de São Paulo y escenario de sus históricas luchas sindicales en la década de 1970.

Ante unos 20.000 simpatizantes vestidos de rojo, el líder del Partido de los Trabajadores (PT) apeló a la memoria de sus gestiones pasadas, destacando el despliegue de programas sociales, la reforma tributaria y la caída de la deforestación en la Amazonía.

El discurso de Lula estuvo marcado por el tono soberanista ante las recientes tensiones con Washington. Apuntando directamente a Trump, el presidente brasileño lanzó una advertencia directa: "No se meta en los asuntos de Brasil, especialmente en lo que respecta a las elecciones. Si se mete, va a perder".

Además de la defensa de la soberanía y la promesa de crear un Ministerio de Seguridad Pública para combatir al crimen organizado, la principal preocupación ciudadana por encima de la economía, el PT enfrenta el desafío de conectar con una nueva fuerza laboral dominada por jóvenes e independientes de plataformas digitales, alejados del tradicional modelo sindical. Para conquistarlos, la propuesta oficialista contempla la reducción de la jornada laboral y nuevas regulaciones para el sector informático.

En un gesto claro hacia el electorado femenino, Lula enfatizó la necesidad de erradicar la violencia de género: "Mujeres de este país, nunca bajen la cabeza, porque los hombres debemos aprender a respetarlas como compañeras, no como sirvientas", dijo. El voto de las mujeres se perfila como un factor decisivo en estos comicios: representan el 53% de los 158 millones de electores en Brasil, registran mayor participación en las urnas que los hombres y resultaron determinantes para la ajustada victoria del mandatario en 2022.

Bolsonaro 2.0

Por el lado de la derecha, el senador Flávio Bolsonaro, de 45 años, asumió la candidatura del Partido Liberal (PL) tras el encarcelamiento de su padre, el expresidente Jair Bolsonaro, vinculado a los intentos de golpe de Estado de 2022.

Presentándose como una versión "más moderada" pero fiel heredera del legado del conservadurismo brasileño, el legislador convocó a su militancia en la emblemática playa de Copacabana en Río de Janeiro, donde su padre solía congregar multitudes.

"Están viendo que todo el mundo está contra mí porque el sistema sabe que soy el único que puede cambiar las cosas de verdad (...) Estoy arriesgando mi propia vida para sacar a Brasil del rojo", afirmó el senador a través de sus canales digitales, instando a sus seguidores a acudir a las calles vistiendo camisetas con la imagen de su padre.

Flavio sostiene que Lula representa un modelo “agotado”. Su plan de gobierno propone una agenda basada en la mano dura contra la delincuencia, la reducción del gasto público, reformas en el Poder Judicial y una política exterior fuertemente alineada con Estados Unidos, Argentina e Israel.

El senador apunta a captar a los sectores económicos desencantados y a la masa de trabajadores independientes que miran con escepticismo las regulaciones estatales del oficialismo.

¿Qué dicen las encuestas?

Lula conserva la ventaja sobre el senador Flávio Bolsonaro en la carrera hacia la presidencia, de acuerdo con la novena ronda de la encuesta Nexus/BTG Pactual de cara a los comicios de octubre.

Según la encuesta, realizada mediante entrevistas telefónicas del 7 al 9 de agosto a 2.000 electores de las 27 unidades federativas del país, el mandatario del PT alcanza el 40% de las intenciones de voto en la primera vuelta, cinco puntos por encima del candidato del PL.

Detrás se ubican el exgobernador de Goiás Ronaldo Caiado, del Partido Social Democrático, con 5%; Renan Santos, del partido Misión, con 4%; y el exgobernador de Minas Gerais Romeu Zema, del Partido Nuevo, con 3%.

En una eventual segunda vuelta entre Lula y Flávio Bolsonaro, el jefe de Estado obtiene 47% frente a 44% del senador, una diferencia dentro del margen de error, que configura un empate técnico. Frente a Caiado, Lula gana 46% a 42%; ante Zema, 47% a 40%; y a Renan Santos lo supera 46% a 37%, con el balotaje previsto para el 25 de octubre.

Del electorado que respalda a Lula en primera vuelta, el 83% asegura que su decisión ya está tomada, proporción que llega al 80% entre los votantes de Bolsonaro. El Nordeste continúa como principal bastión del mandatario, con 53%.

El sondeo se publica en un contexto de desaceleración moderada. Tras expandirse un 2,3% en 2025, el PIB brasileño avanzaría entre el 1,7% y el 2,4% en 2026, según proyecciones oficiales y privadas. Por su parte, la inflación se ubicaría en torno al 3,6%, dentro del rango de tolerancia del Consejo Monetario Nacional, mientras que la tasa Selic, el principal instrumento de política monetaria, se mantiene en niveles restrictivos tras tocar su techo más alto en dos décadas.

A pesar de que los datos oficiales muestran que la pobreza cayó a su nivel más bajo desde que comenzaron los registros en 2012, con un desempleo en mínimos históricos y la inflación contenida, persiste una marcada brecha entre los indicadores y la realidad cotidiana: una gran parte de la población brasileña asegura que aún no percibe esas mejoras en su economía personal.

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