Lula da Silva, conocido por sus chistes sobre fútbol en sus discursos, se comparó con Pelé para subrayar que, a los 80 años, encara su séptima elección presidencial, más que los seis Mundiales de Messi y Cristiano y los cuatro del “atleta del siglo”.
La broma abrió paso a un tono más severo: prometió ser un “Lulinha rudo”, anticipó choques con el Congreso por las enmiendas que permiten a los parlamentarios decidir el destino de una parte del presupuesto, defendió la soberanía brasileña sobre las tierras raras, un recurso estratégico en la disputa global entre China y Estados Unidos y resaltó la necesidad de aumentar el gasto en defensa, mientras sus aliados advirtieron que el desenlace de octubre marcará el futuro de Sudamérica.
Su principal adversario en esta carrera electoral en la que buscará reelegirse será el senador Flávio Bolsonaro, heredero político de la derecha, y las encuestas muestran que enfrentará una campaña reñida. El último sondeo de BTG Pactual/Nexus, realizado entre el 31 de julio y el 2 de agosto, lo ubica con 46% frente al 45% de Bolsonaro en un escenario de segunda vuelta, dentro del margen de error de dos puntos. En la medición previa, a fines de julio, la ventaja era de 47% contra 43%.
Otros estudios recientes, como AtlasIntel y Datafolha, también reflejan diferencias estrechas: 49% a 43% y una ventaja de 5 puntos, respectivamente. La primera vuelta está prevista para el 4 de octubre, con una eventual segunda ronda tres semanas después.
Son nuestras
Brasil se ha convertido en un punto focal de la disputa global por las tierras raras, un conjunto de minerales esenciales para fabricar baterías de alto rendimiento, turbinas eólicas, vehículos eléctricos y sistemas de defensa avanzada.
China concentra cerca de la mitad de las reservas probadas y controla más del 90% del procesamiento y la producción de imanes, lo que le otorga un dominio casi absoluto sobre las cadenas de suministro mundiales. Brasil, con unas 21 millones de toneladas —aproximadamente una cuarta parte de las reservas globales, según el Servicio Geológico de Estados Unidos—, aparece como la gran alternativa en Sudamérica.
Washington busca reducir la dependencia de Pekín impulsando proyectos en África, Australia y ahora Brasil, pero Lula ha advertido que el país no será un simple exportador de materias primas y desde Sao Paulo, donde formalizó su candidatura, indicó que la soberanía sobre estos recursos no está en negociación: “Ni los chinos, ni los estadounidenses, ni los franceses van a poner sus manos sobre nuestros elementos de tierras raras”, afirmó y agregó que “hay mucha gente que nos está metiendo el dedo en la cara”.
Gasto militar
Luego ahondó sobre el tema de la defensa del país y la necesidad de incrementar el gasto militar aludiendo a lo que ocurrió en Venezuela el pasado 3 de enero cuando fuerzas de Estados Unidos capturaron al mandatario Nicolás Maduro y lo trasladaron a Nueva York para juzgarlo por narcotráfico.
Señaló que la izquierda debe superar la resistencia a un mayor gasto en la Fuerza Armada por el trauma de la dictadura militar: “Quiero pedirle a la izquierda que deje de lado esta tontería de pensar que no nos importa la defensa”, afirmó y subrayó que “hay gente traumatizada por la dictadura militar. Pero, amigos, el tiempo pasa”.
Inmediatamente aludió a lo sucedido en Venezuela: “Quiero estar preparado para que nadie invada este país para llevarse al presidente, como han invadido. Quiero estar preparado para la paz, no para la guerra”.
Lula junto al vicepresidente Geraldo Alckmin
AFP
Sobre el tema del gasto se refirió abiertamente a su rechazo a la potestad que tiene el Congreso de decidir sobre el Ejecutivo acerca del destino de parte del presupuesto y adelantó que “habrá conflictos con las enmiendas parlamentarias. Habrá conflictos con el papel del poder legislativo”.
Además de mantener políticas sociales emblemáticas como Bolsa Familia, que transfiere recursos a la población en pobreza, Lula ha planteado en esta campaña una reforma al sistema de impuesto sobre la renta para cobrar menos a las personas de bajos ingresos y un plan de condonación de deudas que ha ganado popularidad.
En paralelo subraya los avances de su gestión en la caída del desempleo y la reducción de la pobreza, aunque enmarcado en un contexto de desaceleración económica, con un crecimiento de la economía en torno al 2% para este año, tras el 3,4% de 2024 y el 2,3% de 2025.
El giro en la región
Entre 2023 y 2026 las fuerzas de derecha, con sus matices, se han impuesto en doce elecciones presidenciales de América Latina. El nuevo mapa reduce a la izquierda a cuatro gobiernos: México, Guatemala, Uruguay y Brasil, dejando al margen a Venezuela, donde la intervención militar de Estados Unidos ha generado un tutelaje sobre el gobierno de la presidenta encargada Delcy Rodríguez.
Lula junto a su esposa Rosangela da Silva
AFP
En este contexto, dirigentes del Partido de los Trabajadores, liderado por Lula, subrayaron el papel que puede jugar la próxima elección brasileña en la región. Edinho Silva, presidente de la organización, indicó que “quiero decirles que las elecciones en nuestro país también significarán el futuro de Sudamérica, de Latinoamérica, y las elecciones en Brasil influirán en cómo será el mundo democrático de ahora en adelante”, reseñó el diario Folha de Sao Paulo.
“Estamos aquí para oficializar, pero también para celebrar esta construcción política que es histórica, la construcción política que va a reelegir al presidente Lula y al vicepresidente Alckmin, manteniendo a nuestro país en ese camino de reconstrucción de políticas públicas”, añadió Silva.
El contrincante
El pasado 25 de julio Flávio Bolsonaro fue nombrado oficialmente como candidato para enfrentar a Lula en un acto donde se proclamó heredero de su padre, el exmandatario Jair Bolsonaro, quien cumple prisión domiciliaria tras ser hallado culpable de intentar desconocer su derrota electoral en 2022.
Flávio Bolsonaro en un acto a favor de su padre
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“Puedo ser más calmo, más sonriente, más tranquilo y moderado, ¡pero aquí hay sangre de Bolsonaro!", proclamó tomándose el brazo Flávio Bolsonaro. Prometió que su padre “va a subir la rampa” del palacio presidencial junto a él en enero si gana los comicios.
El fin de semana Flávio aseguró que aceptará el resultado de las próximas elecciones. “Acepto y competiré bajo estas reglas. Y estoy seguro de que el Tribunal Electoral Superior, a diferencia de 2022, será imparcial y tomará todas las medidas necesarias para garantizar que estas elecciones se desarrollen con mayor seguridad y transparencia”, explicó.