En marzo, el Observatorio Venezolano de Conflictividad registró 705 manifestaciones en todo el país, y el 64% de ellas estuvieron centradas en la exigencia de aumentos salariales, pensiones dignas y la recuperación del poder adquisitivo. En ese contexto, Rodríguez —quien asumió la presidencia tras la captura de Nicolás Maduro— anunció un alza de 26% en el ingreso mínimo, que pasó de 190 a 240 dólares, junto con el incremento de las pensiones de 50 a 70 dólares.
La presidenta admitió que “no es suficiente, nos falta mucho” y buscó empatía con los trabajadores, que a pesar de conocer el monto del incremento volvieron a las calles el Primero de Mayo. “Cuando yo veo a los trabajadores protestando yo les digo: tienen razón, queremos mejores salarios, queremos recuperar plenamente el alcance de lo que significa el salario, claro que sí”, dijo Rodríguez.
Durante la marcha del Día del Trabajador el gobierno activó un fuerte cordón policial para evitar que los trabajadores intentaran llegar al palacio de Miraflores, la sede del Ejecutivo.
Si bien el derrocamiento de Maduro y la normalización de las relaciones con Estados Unidos dispararon las expectativas de los venezolanos, las mejoras económicas siguen limitadas a anuncios de inversiones en el sector petrolero y minero, junto a gestos como el retorno de American Airlines y de los vuelos directos a Miami. En materia de ingresos, sin embargo, la precariedad persiste.
De acuerdo con un estudio de la consultora Anova, la canasta con los 25 alimentos de mayor consumo en los hogares y artículos de limpieza esenciales —como papel higiénico y crema dental— cuesta 394 dólares para una familia de cuatro miembros, es decir, un monto que supera en 64% el ingreso mínimo fijado tras el anuncio de la presidenta. En el caso de los pensionados, la cifra resulta aún más insuficiente.
Marta Peralta, pensionada de 74 años, explica: “Yo me alimento y compro mis medicinas porque mis dos hijos que están en Colombia me envían dinero todos los meses y porque trabajo cocinándole tres veces por semana a una familia. ¿Qué podría comprar con la pensión que me pagan? Pero trabajé por años y ahora no recibo nada”.
En un intento por asistir a los ancianos, Rodríguez anunció la conformación de “brigadas para la atención integral de abuelos y abuelas” que, según explicó, estarán integradas por médicos y especialistas en nutrición, quienes “irán casa por casa” para brindar “atención integral” a los adultos mayores.
De acuerdo con un estudio de AtlasIntel, la aprobación a la gestión de la presidenta muestra signos de declive. Según el sondeo de abril, 31% de los venezolanos dijo estar de acuerdo con la manera en que conduce el país, frente al 37% registrado en febrero.
Sin salarios
El ingreso integral está compuesto en su gran mayoría por bonos que no cuentan para el cálculo de beneficios de los trabajadores como vacaciones, prestaciones y utilidades.
Esta estructura impacta duramente a gremios como el de los profesores de las universidades públicas. El salario mínimo es la base de cálculo para establecer primas por años de servicio, formación y el ingreso en los distintos escalafones. Al quedar pulverizado, la estructura salarial se aplanó y ya no existe diferencia entre un profesor titular con 25 años de servicio y uno que recién ingresa a la universidad. Ambos reciben un pago mensual que ronda el monto de los bonos que reparte el Gobierno.
Delcy Rodríguez jugó a la ambigüedad al no especificar cuánto del aumento anunciado corresponderá a bonos y cuánto a salarios pero la información que manejan distintos gremios es que no hubo modificación alguna
Luis Crespo, vicepresidente de la Asociación de Profesores de la Universidad Central de Venezuela y economista, indica que “era un buen momento para que se iniciara el proceso de recuperación del salario en el país” y explica que el ajuste en la economía continúa sobre los hombros de los trabajadores y pensionados mientras que continúa un gasto público “desordenado sin una política monetaria, cambiaria y fiscal efectiva”.
Un aspecto a tomar en cuenta es que la evaporación del salario mínimo y el pago al trabajador a través de bonos beneficia al sector público y al privado al disminuir los costos laborales.
“En las empresas se han hecho esfuerzos para proteger sus activos, proteger su rentabilidad y es perfectamente entendible. Hay que cuidar la salud financiera de las empresas, pero también del factor trabajo, que es el salario, hay que cuidar el valor de ese activo y todo lo que él representa”, agrega Luis Crespo.
Las expectativas
Tras la caída de Maduro, Delcy Rodríguez aceptó la tutela de Washington y la administración de Donald Trump flexibilizó ampliamente las sanciones. Esto permitió que el petróleo venezolano —que aporta más de tres cuartas partes de las divisas del país— se venda a precios de mercado en un contexto de alza sostenida del barril. La consultora Síntesis Financiera proyecta que ello generará un ingreso adicional de 10.000 millones de dólares.
La mayoría de los venezolanos espera que ese dinero comience a beneficiarlos, pero todo apunta a que el proceso será lento. Los desequilibrios acumulados durante la etapa más dura de la crisis —cuando el PIB se redujo a una cuarta parte de su tamaño, la hiperinflación pulverizó la moneda y ocho millones de venezolanos emigraron— no desaparecerán rápidamente, y los fondos del petróleo corren el riesgo de ser devorados por un Estado sobredimensionado, la corrupción y la mala gestión.
En el primer trimestre la inflación acumuló un alza de 72% y la moneda siguió hundiéndose frente al dólar. La encuesta de AtlasIntel indica que 77% de los venezolanos considera que la situación económica es mala y que la expectativa de mejora comienza a desvanecerse: en febrero, 78% confiaba en que la situación mejoraría en los próximos seis meses; en abril, esa proporción bajó a 55%.
Delcy Rodríguez no fue elegida por los venezolanos: ocupa la presidencia por haber sido vicepresidenta de Maduro, señalado de fraude electoral en 2024. En este contexto, mejorar la calidad de vida de la población resulta vital para ganar estabilidad y contener el aumento de las manifestaciones y la presión en las calles.