Los peruanos eligen presidente en medio de la turbulencia institucional y el colapso de los partidos políticos
Todo indica que habrá una segunda vuelta en un escenario donde las encuestas reflejan más dudas que certezas. La incógnita es si el próximo gobierno logrará romper el ciclo de inestabilidad y reforzar la gobernabilidad.
El próximo domingo los peruanos acudirán a las urnas para elegir al noveno presidente en apenas una década, una cifra que sintetiza la magnitud de la crisis política que envuelve al país. La ausencia de partidos sólidos con alcance nacional y una fragmentación que deriva en una caótica elección con 35 candidatos anticipan que la gobernabilidad seguirá en entredicho.
La última encuesta de Datum, realizada entre el 1 y el 4 de abril tras una tanda de debates, sitúa a Keiko Fujimori, hija del exmandatario Alberto Fujimori y líder del partido de derecha Fuerza Popular, en primer lugar con una intención de voto de 14,5%. Le siguen el popular comediante Carlos Álvarez, outsider respaldado por el partido derechista País para Todos, con 10,9%, y el exalcalde de Lima Rafael López Aliaga, referente de la extrema derecha, con 9,9%.
Luego aparece un pelotón de cuatro candidatos que oscilan entre el 4,7% y el 6%. Entre ellos figura Roberto Sánchez, el izquierdista que representa al movimiento heredero del expresidente Pedro Castillo; el exministro de Defensa Jorge Nieto, de centro; y el economista Alfonso López Chau, identificado con la centroizquierda.
Si, como todo indica, ningún candidato logra superar el 50% de los votos, los dos más votados se enfrentarán en una segunda vuelta fijada para el 7 de junio. Un aspecto clave es que un tercio de los electores aún no ha decidido por quién votar, lo que abre un escenario incierto en el que las posiciones pueden variar en cuestión de horas.
“No estamos ante una elección dominada por dos o tres nombres, sino frente a un mercado electoral híper fragmentado, con al menos ocho aspirantes que, en distintas magnitudes, mantienen opciones reales de disputar el pase a la segunda vuelta”, advierte el politólogo Daniel Zovatto en un análisis para Radar 360.
Afiche del comediante Carlos Álvarez
Afiche del comediante Carlos Álvarez
EFE
Keiko Fujimori, la candidata con mayores opciones de alcanzar la segunda vuelta, enfrenta un escenario personal distinto al de sus tres intentos anteriores. Esta vez llega liberada de un proceso por presunto lavado de dinero en la financiación de campañas pasadas, tras un fallo del Tribunal Constitucional.
Al igual que otros candidatos de derecha, propone mano dura contra la delincuencia, uno de los temas que más preocupa a los votantes. En los debates presidenciales de las últimas dos semanas, recurrió también al recuerdo del gobierno de su padre, condenado por crímenes de lesa humanidad, al que presentó como un modelo de “paz y orden”.
Rotación constante
El poder en Perú se ha transformado en un asiento efímero. En febrero de este año, el Congreso votó a favor de la censura y destitución del presidente José Jerí, acusado de ocultar reuniones con empresarios chinos bajo investigación gubernamental. En su lugar asumió el congresista de 83 años José María Balcázar, quien estará al frente hasta que concluya el proceso electoral.
La salida de Jerí llegó apenas cuatro meses después de que el Congreso destituyera a Dina Boluarte por “permanente incapacidad moral”, en medio del aumento de la delincuencia en las principales ciudades y la caída en barrena de su popularidad. Boluarte había asumido la presidencia en 2022, tras la captura de su antecesor Pedro Castillo, de quien era vicepresidenta, luego de que intentara disolver el Congreso.
Manifestante pide destitución de José Jerí
Manifestante pide la destitución de José Jerí
AP
Estos episodios son pequeños eslabones de una larga cadena de turbulencias. Casi todos los expresidentes vivos de Perú han terminado bajo procesos judiciales. Alejandro Toledo, que gobernó entre 2001 y 2006, recibió una condena de 20 años por sobornos; Ollanta Humala, presidente entre 2011 y 2016, fue hallado culpable de lavar fondos de campaña vinculados a Odebrecht.
Pedro Pablo Kuczynski pasó tres años bajo arresto domiciliario, mientras que Alan García se suicidó en 2019, momentos antes de que un fiscal llegara a su casa para detenerlo. Alberto Fujimori, el líder autoritario de los años 90, pasó más de una década en prisión por violaciones a los derechos humanos y corrupción, antes de obtener un polémico indulto en 2023. Murió al año siguiente, a los 86 años.
Sistema roto
Para Juan José Arteaga, exembajador de Uruguay en Perú e historiador, la crisis es más profunda que los escándalos de corrupción. “La situación política de Perú es la de un país cuyo sistema político no existe o no funciona”, afirma. A su juicio, la ausencia de partidos nacionales agrava el problema de la representatividad: “Los partidos se crean para cada elección, algunos duran, otros no, pero son inorgánicos, sin programa ni equipos preparados para gobernar”.
Arteaga añade que el artículo de la Constitución que permite al Congreso destituir al presidente por incapacidad moral es demasiado laxo: “El sistema electoral funciona correctamente, pero no puede haber una democracia con este sistema de pequeños partidos que se alían temporalmente para destituir a los presidentes”.
Daniel Zovatto coincide en que la crisis peruana no es solo coyuntural. “La fragmentación y la gran cantidad de candidatos no es un accidente ni un mero efecto de campaña: es la manifestación más visible de un sistema de partidos colapsado, incapaz de ordenar la competencia, canalizar demandas ciudadanas, construir liderazgos sólidos o producir ofertas programáticas consistentes”, subraya.
elecciones
Afiches de candidatos
EFE
“La existencia de 35 candidaturas presidenciales es, por sí sola, una prueba de ese deterioro. Muchas de esas postulaciones carecen de estructura nacional, de cohesión interna o de un proyecto de gobierno mínimamente articulado. Lo que debería ser una competencia democrática ordenada ha terminado convirtiéndose en una disputa caótica y desestructurada”, añade Zovatto.
En medio de la incertidumbre, considera que hay dos certezas. “La primera es que habrá segunda vuelta: ningún candidato tiene hoy posibilidades reales de aproximarse siquiera al umbral necesario para evitarla. La segunda es que esa segunda vuelta nacerá débil, marcada probablemente por la polarización, por altos niveles de rechazo mutuo y por una legitimidad de origen limitada”, señala.
Ningún presidente que ha llegado al poder con una base minoritaria -y en Perú todos los últimos lo hicieron así- ha logrado construir coaliciones estables con partidos o grupos afines que le den estabilidad en el poder.
La economía aparte
A pesar del vértigo institucional, Perú se mantiene como una de las economías de mejor desempeño en América Latina. La moneda conserva estabilidad, la inflación figura entre las más bajas de la región y el crecimiento no se ha detenido. Analistas atribuyen este desempeño a la independencia del Banco Central y a la extraordinaria gestión de Julio Velarde, quien lo dirige desde hace dos décadas.
Aunque la larga lista de presidentes lo ha ratificado, Velarde, de 74 años, ya anunció que dejará la presidencia del Banco Central cuando concluya su período en julio. Al desafío de encontrar un sucesor que preserve la independencia de la institución se suma la incertidumbre sobre los precios de los minerales. Perú, país minero por excelencia, se ha beneficiado del auge del cobre, el oro y otros commodities, pero una eventual corrección podría poner a prueba la solidez de su economía.
Julio Velarde condecorado en el palacio de gobierno
Julio Velarde recibe condecoración
Presidencia Perú
El riesgo de depender del ciclo de los commodities lo subraya David Tuesta, exministro de Economía. En un podcast de la Universidad de Georgetown explicó: “El gran interrogante es qué ocurrirá cuando los precios caigan: el fin del ciclo podría convertirse en una de las mayores pesadillas para el país”.
Para Zovatto, la verdadera incógnita tras la elección presidencial es si “el próximo gobierno será capaz de romper el ciclo de presidencias débiles, crisis de representación y gobernabilidad precaria que ha convertido a la política peruana en una máquina permanente de desgaste”.