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Pocos imaginarían que un apodo como “Porky” puede abrir camino al poder, pero Rafael López Aliaga se apropió del mote —nacido en las calles de Lima, donde le encontraron un parecido con el personaje de Looney Tunes— y lo transformó en su distintivo de campaña. Magnate ferroviario y hotelero, miembro del Opus Dei y seguidor de Donald Trump, aspira a colocar al Perú dentro del bloque de gobiernos de derecha radical en América Latina.

La política peruana sigue siendo un territorio indescifrable. El próximo 12 de abril el país elegirá a su octavo presidente en una década, entre un récord de 35 aspirantes. Las encuestas colocan a Keiko Fujimori, hija del exmandatario, y a López Aliaga en los primeros lugares con entre 10% y 12% de intención de voto, seguidos de cerca por el cómico Carlos Álvarez y el izquierdista Roberto Sánchez. En paralelo, un tercio del electorado se declara indeciso, convirtiendo al tablero en un terreno movedizo donde las posiciones pueden variar en cuestión de horas.

AFP Porky

Seguidores de Rafael López Aliaga en una concentración

Si, como todo indica, ninguno de los candidatos alcanza el 50% de los votos, los dos primeros pasarán a una segunda vuelta prevista para el 7 de junio.

López Aliaga, ingeniero industrial de 65 años, levantó su fortuna invirtiendo en ferrocarriles y hoteles. Fue elegido alcalde de Lima en 2022, pero a finales del año pasado renunció al cargo para lanzarse a la presidencia con el respaldo de Renovación Popular, un movimiento conservador de extrema derecha. La religión atraviesa su discurso: asegura que está en política “por amor a Dios”, se opone de manera frontal a flexibilizar la prohibición del aborto y promete que los niños tendrán carnet de identidad “desde el vientre de su madre”. También ha declarado que practica el celibato y utiliza cilicio como ofrenda de dolor a Cristo.

Al igual que líderes regionales como Javier Milei en Argentina y Nayib Bukele en El Salvador, se declara partidario de la administración de Donald Trump y asegura mantener una “excelente relación” con el actual secretario de Estado, Marco Rubio. En un gesto de alineación con el movimiento MAGA, organizó en un parque de Lima un acto en homenaje a Charlie Kirk, el activista conservador asesinado en Estados Unidos, reforzando así su vínculo simbólico con la derecha norteamericana.

Rafael_Lopez_Candidato EFE

Rafael López Aliaga

El lado feroz

En un país donde la extorsión y los asesinatos han deteriorado la seguridad pública en los principales centros urbanos, López Aliaga mezcla su prédica religiosa con un discurso de mano dura. Propone trasladar a los delincuentes a la selva y permitir incursiones del ejército estadounidense para enfrentar a los cabecillas de las bandas criminales.

Recientemente prometió que todo delincuente capturado “en flagrancia se va inmediatamente en helicóptero a una colonia en la selva peruana que no la tiene ningún país del mundo. Tenemos zonas al norte, cerca de Ecuador y Colombia, donde no entra internet, no entra nada. Son las típicas colonias de redención”. Añadió, con tono desafiante, que “si sales de tu colonia, te vas a encontrar con la mejor protección: la shushupe, la víbora”.

En simultáneo, López Aliaga se declara partidario de “un tratado con Estados Unidos para que puedan intervenir acá y capturar al enemigo común, una intervención de extracción”. En referencia a la banda venezolana Tren de Aragua, agregó: “igual que a Maduro lo extrajeron como un cuy (conejillo) mojado, sacar a los jefes del Tren de Aragua que operan en Estados Unidos y que viven acá, y nadie los captura”.

Aliaga EFE

Rafael López Aliaga en un debate con otros candidatos

En otra propuesta polémica plantea retirar al Perú de la Corte Interamericana de Derechos Humanos para retomar el sistema de “jueces sin rostro” que se aplicó durante el mandato de Alberto Fujimori.

Para sus adversarios ideológicos también despliega una retórica huracanada. Asegura que su prioridad serán “los sectores que están sufriendo, no tienen agua, no tienen comida, no tienen hospital, no tienen esperanza”. Y remata con una arenga contra sus rivales: “la izquierda maldita, la izquierda del mal, mentirosa, ladrona, les quitó la esperanza”.

El bisturí económico

En materia económica ha prometido reducir el tamaño del Estado, recortando la cantidad de ministerios de 19 a 6, con el objetivo de generar ahorros equivalentes a 23.000 millones de dólares anuales destinados a seguridad, alimentación y salud.

A la vez, López Aliaga propone recortar el salario de los diputados y anticipa que llevará al Congreso un paquete de 50 leyes en sus primeros 100 días de gobierno. “Si dos veces te las niegan puedes disolver la Cámara de Diputados y gobernar con el Senado, la Ley lo permite”, advirtió.

En un foro empresarial sostuvo que “el Perú se ha transformado en una empresa con un montón de empleados, asesores, consultores, alquileres y contratos inflados”. En ese mismo escenario dejó entrever una propuesta de alcance regional: un acuerdo con Chile, otro gran exportador de cobre, para conformar una organización similar a la OPEP que fije el precio del mineral. “En lugar de estarnos peleando, juntar la producción de cobre y armar una OPEC”.

Además del cobre, Perú posee vastos yacimientos de oro, zinc, plata y una decena de minerales críticos de alta demanda. López Aliaga plantea la creación de una empresa estatal que adquiera la producción de los pequeños mineros, con el propósito de formalizar su actividad y frenar las prácticas ilegales.

Fotografía de archivo de un campamento de minería de oro ilegal en la selva amazónica peruana EFE

Campamento de minería ilegal en Perú

En su visión, el país debe abrirse a la inversión y atraer a socios como Arabia Saudita, Emiratos Árabes Unidos y Catar. “Hay que dedicarse a abrir la puerta de la inversión de todo lo que es la Liga Árabe y Estados Unidos, no darles solamente a los chinos”.

A pesar de la inestabilidad política, Perú se mantiene como una de las economías de mejor desempeño en América Latina. En 2025 el PIB creció 3,2% y la inflación se ubicó en 2,2%. López Aliaga asegura que puede elevar el crecimiento anual hasta 7%. Alex Contreras, exministro de Economía y uno de sus asesores, ha señalado que bajo un eventual gobierno del empresario habría un fuerte impulso a la inversión extranjera, especialmente en sectores como infraestructura.

La recta final

Una constante de la política peruana es la irrupción de candidatos inesperados que, en la semana previa a la elección, multiplican su intención de voto y desplazan a los favoritos. En 2021 López Aliaga figuraba entre los primeros lugares, pero el izquierdista Pedro Castillo emergió con amplio respaldo en las zonas rurales y pobres —donde las encuestas suelen fallar en sus mediciones— y terminó elegido presidente. López Aliaga quedó sorpresivamente a solo dos puntos porcentuales de pasar a la segunda vuelta.

En esta oportunidad López Aliaga se ha mantenido en el segundo lugar, pero los sondeos muestran al comediante Carlos Álvarez muy cerca, dentro de un margen que no supera el error muestral. Al mismo tiempo, Roberto Sánchez —exministro de Comercio Exterior de Pedro Castillo, el mandatario de izquierda destituido tras intentar disolver el Congreso— viene escalando con rapidez en las encuestas y también se aproxima el candidato de centroizquierda, Alfonso López Chau.

En el debate presidencial de la semana pasada, Sánchez apareció ante las cámaras con el sombrero típico de los campesinos del norte del Perú, el mismo que Castillo convirtió en emblema durante la campaña anterior. El gesto reavivó la memoria de aquella sorpresa electoral y dejó flotando la pregunta: en un país donde los favoritos suelen desplomarse en cuestión de días, ¿habrá un giro de última hora?

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Elecciones Perú Rafael López Aliaga MAGA

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