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Tras el derrocamiento de Nicolás Maduro y bajo el tutelaje de Estados Unidos, que busca normalizar la economía y, eventualmente, abrir paso a una transición a la democracia, de a poco Venezuela comienza a retornar al radar de los inversionistas. No solo en el petróleo, también en sectores donde el mercado podría beneficiarse rápidamente de un proceso de recuperación.

Nutresa, el grupo colombiano, uno de los principales productores de alimentos procesados de América Latina, acordó la compra de Industrias Tío Rico, el mayor productor de helados en Venezuela a través de marcas emblemáticas en el país como Bati y Chocomalta.

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Jaime Gilinski presidente de Nutresa

El grupo, timoneado por Jaime Gilinski, el hombre más rico de Colombia, no reveló el monto de la negociación, aunque fuentes sitúan la operación en torno a 30 millones de dólares. El acuerdo abarca todo el portafolio de Tío Rico, un complejo industrial de 210.000 metros cuadrados que podría servirle a Nutresa como plataforma para atender otros mercados del Caribe, además de una planta de producción en el estado Carabobo, la zona industrial venezolana.

“Con la adquisición de Helados Tío Rico, Grupo Nutresa da continuidad a la estrategia de crecimiento en Venezuela, fortaleciendo su presencia en el segmento de helados y consolidando su apuesta por el mercado venezolano en el marco de la reapertura económica del país”, afirmó Gilinski al diario El Tiempo.

Después de la captura de Nicolás Maduro por parte de las fuerzas militares de Estados Unidos y su traslado a Nueva York para enfrentar cargos de narcotráfico, Nutresa busca reposicionarse rápidamente en Venezuela. La apuesta se apoya en la apertura de la economía, en el reconocimiento que ya tienen varias de sus marcas en el país y en la proximidad geográfica que le permite aumentar producción en Colombia y despachar camiones hacia el mercado venezolano.

“Con la adquisición de Tío Rico obtendremos capacidad logística —en términos de espacio de almacenamiento, equipos de ventas y redes de distribución— para exportar más productos desde Colombia y comercializarlos en Venezuela”, afirmó el director financiero de Nutresa, Andrés Bernal, a Bloomberg.

Nutresa es un conglomerado integrado y diversificado de empresas de alimentos, con operaciones directas en Colombia, Chile, Costa Rica, Guatemala, México, Panamá, Estados Unidos, Ecuador, El Salvador, Nicaragua, Perú, República Dominicana y Venezuela. Su estructura se organiza en ocho unidades de negocio: cárnicos, galletas, chocolates, cafés, alimentos al consumidor, helados y pastas, entre otros.

La compra de Helados Tío Rico se inscribe en la estrategia de expansión que Nutresa ha desplegado desde que la familia Gilinski asumió el control del grupo en febrero de 2025, combinando adquisiciones con una reorganización de su portafolio. Entre las operaciones recientes destaca la adquisición del 40% de la panameña Alcora, propietaria de Productos Yupi, cerrada a finales de marzo por 80 millones de dólares.

Aparte de la operación de Nutresa en abril de este año. el Grupo Cisneros —una firma de inversión dirigida por una de las familias empresariales más conocidas de Venezuela— anunció que ya ha asegurado dos tercios de los 1.000 millones de dólares que busca para un fondo destinado a invertir en sectores como el inmobiliario y el turismo de lujo en el país.

La fintech

En otra muestra de cómo Venezuela comienza a generar interés en algunos nichos de inversionistas Cashea, la principal empresa de tecnología financiera del país recaudó 100 millones de dólares en dos rondas de financiamiento.

En un país donde la población se ha empobrecido y el gobierno mantiene fuertes restricciones al crédito bancario, obligando a las entidades a congelar más de dos tercios de los depósitos para limitar la compra de dólares, Cashea se ha convertido en una alternativa que sustituye en parte el financiamiento al consumo.

Las cifras muestran la magnitud de la contracción del crédito en Venezuela. Al cierre de junio, el total de préstamos de la banca venezolana equivale a 3.822 millones de dólares, mientras que en Ecuador, por ejemplo, representa 76.896 millones de dólares.

Con la aplicación de Cashea, los venezolanos pueden comprar en una amplia red de comercios pagando una cuota inicial y el resto en plazos quincenales sin intereses. Los negocios se benefician con el aumento de sus ventas y pagan a Cashea una comisión por cada operación. Si los clientes se atrasan o incumplen los pagos, Cashea asume ese costo.

La compañía afirma haber procesado más de 110 millones de operaciones, atender más de 10 millones de cuentas —lo que equivale a más de la mitad de la población adulta venezolana— y contar con una red de 40.000 comercios en todo el país.

En marzo Cashea obtuvo 40 millones de dólares en una Serie A liderada por Spice Expeditions, con aportes de capital y deuda de Architect Capital. Luego, en junio, cerró una Serie B por 60 millones de dólares encabezada por FinSight Ventures, con la participación de Endeavor Catalyst, Plug and Play, fondos universitarios de Estados Unidos —como Washington University in St. Louis— e inversionistas latinoamericanos.

Los 100 millones de dólares se destinarán íntegramente a Venezuela, con el objetivo de seguir ampliando el crédito y apoyar tanto a consumidores como a comerciantes.

“Los inversionistas globales están respaldando a Cashea y una nueva visión de Venezuela: una economía de consumo resiliente, comerciantes prósperos y millones de personas con acceso al crédito”, dijo Pedro Vallenilla, cofundador y director ejecutivo de Cashea a PR News.

“Desde que fundamos Cashea en 2022, hemos trabajado para acompañar a los venezolanos y sus negocios en los momentos más difíciles del país. Este financiamiento envía una señal clara de que el sector privado venezolano es invertible y de que sus consumidores son responsables y dignos de crédito cuando se les brinda acceso a servicios financieros adecuados”, agregó.

Interés en explorar

El bajo valor de las empresas venezolanas y la expectativa de un repunte económico están atrayendo a ejecutivos extranjeros que viajan al país en busca de oportunidades. En el sector de supermercados, fuentes señalan que los propietarios de D1, cadena colombiana de retail enfocada en productos básicos a precios accesibles, exploran la posibilidad de expandirse en Venezuela, donde el consumo se concentra mayoritariamente en los sectores de menores ingresos.

También la cadena paraguaya La Bomba ha mostrado interés y en el segmento financiero grupos bancarios centroamericanos comienzan a mirar a un nicho donde las posibilidades de crecimiento son importantes si en definitiva Venezuela es capaz de iniciar una recuperación sostenida de su economía.

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