Con una extensión de poco más de 400 kilómetros cuadrados y una población de unas 158.000 personas, Curazao hizo historia en el Mundial 2026. La pequeña isla caribeña destronó a Islandia y se convirtió en la nación con la menor cantidad de habitantes en llegar al mayor escenario del fútbol. Este nuevo reflector ilusiona al país caribeño, cuya economía pasó de depender del petróleo al turismo, con posicionarse en el mapa mundial y atraer más visitantes.
El Mundial transformó por completo el paisaje de la isla situada a unos 65 kilómetros de la costa de Venezuela. En Willemstad, la capital de Curazao, las calles se tiñeron de azul caribeño y los autos lucen decorados en honor a la "Ola Azul", el apodo de la selección que hace referencia a las aguas caribeñas que rodean el territorio. En la plaza principal de la capital, se ve un cartel colgado que dice: "La nación más pequeña en clasificarse jamás para la Copa Mundial". La isla le arrebató el récord a Islandia, país que contaba con 350.000 habitantes cuando jugó en 2018.
En su primer partido contra Alemania, el 14 de junio, la selección de Curazao perdió por goleada, pero logró marcar su primer gol en la Copa del Mundo, con un resultado final de 7-1. Pero la semana pasada consiguió su primer punto en la historia de los mundiales al empatar 0 a 0 con Ecuador. El partido tuvo como figura central a Eloy Room, el arquero de la selección, quien contuvo a Ecuador durante 96 minutos, sumó 15 atajadas y logró mantener el arco en cero. El empate se vivió como una victoria en la isla caribeña. De hecho, al festejo se sumaron los reyes de los Países Bajos, Willem-Alexander y Máxima Zorreguieta.
Una historia colonial
El respaldo de la monarquía neerlandesa tiene que ver con la historia de la isla. Tras haber formado parte de la Corona española, Curazao estuvo bajo el dominio de los Países Bajos durante más de tres siglos, inicialmente como colonia y puerto clave en el comercio de esclavos. En el siglo XX pasó a integrar las Antillas Neerlandesas, hasta que alcanzó su autonomía como país constituyente en 2010.
Actualmente, es un país autónomo dentro del Reino de los Países Bajos. Tiene su propio primer ministro, parlamento y leyes, pero su jefe de Estado es el rey neerlandés, Willem-Alexander, su corte más alta es la Corte Suprema de los Países Bajos, y sus asuntos militares y de relaciones exteriores se gestionan desde La Haya.
Un dato clave es que todos los ciudadanos de Curazao tienen doble nacionalidad, una condición que se convirtió en el pilar de la estrategia de la federación local para llegar al Mundial.
Un plantel que nació y creció en los Países Bajos
De la plantilla de 26 convocados por Curazao en el Mundial, solo uno de los jugadores nació en la isla: el delantero Tahith Chong. El resto nació y creció en su mayoría en los Países Bajos.
Para armar un equipo competitivo, la federación local dejó de lado a los futbolistas aficionados de la liga doméstica y optó por profesionales de ascendencia curazoleña que, aunque nacieron en el extranjero, tienen padres o abuelos originarios de la isla.
Es habitual en la isla que, en busca de una carrera universitaria o profesional, los jóvenes emigren a los Países Bajos. El proceso se ve facilitado porque las escuelas públicas enseñan cuatro idiomas: neerlandés, inglés, español y papiamento, la lengua criolla local. Como resultado de esta migración, hoy vive en los Países Bajos casi la misma cantidad de personas de origen curazoleño que en la propia isla. Esto explica por qué tantos de sus futbolistas son en realidad neerlandeses con ascendencia en la isla.
Otra dato curioso que resalta de esta selección está en su dirección. El entrenador de Curazao, Dick Advocaat, a sus 78 años, está a punto de convertirse en el más veterano que haya visto el torneo.
El entrenador de Curazao, Dick Advocaat.
AFP
Una vidriera para el mundo
La Copa Mundial representa un impulso vital para una economía que arrastra años difíciles. La crisis comenzó en 2019, cuando la petrolera estatal venezolana, PDVSA, abandonó la única refinería de la isla, dejando a miles de personas sin empleo; un escenario que se agravó poco después con el golpe de la pandemia al sector turístico.
En este contexto, disputar el torneo en suelo estadounidense ofrece una vidriera clave: consolidar la marca Curazao ante un mercado norteamericano cuyas visitas van en aumento y que empieza a disputarle el protagonismo al turismo tradicional europeo.
"El fútbol nos puso en el aspecto internacional, en el mapa mundial (...) Simplemente tenemos que organizarnos internamente mejor", dijo el primer ministro de Curazao, Gilmar Pisas, a la agencia AFP.
El turismo aumentó un 13% durante el primer trimestre y representa entre el 35% y el 40% de los ingresos de la isla. Según cifras de la Agencia de Turismo, Curazao recibió en 2025 cerca de 1,5 millones de turistas.
"El flujo de personas que van a venir a Curazao va a aumentar, van a saber de dónde vienen esos muchachos. Cómo es nuestro país. Cuán grande es. Qué más tenemos para ofrecer. Será económicamente fuerte", aseguró Pisas.
El petróleo y PDVSA
El antiguo pilar de la economía curazoleña era la megarrefinería Isla, que tenía una capacidad para procesar unos 350.000 barriles por día y era operada por el gigante estatal Petróleos de Venezuela (PDVSA). Esta frenó su funcionamiento hace cinco años debido a las sanciones estadounidenses contra el país sudamericano. El complejo petrolero que hoy emplea a unas 500 personas, llegó a emplear a unas 2.500.
El primer ministro de Curazao tiene la esperanza de que la nueva relación entre EEUU y Venezuela, tras la captura de Nicolás Maduro, cambie la situación. "PDVSA se va abriendo más. Porque ahora Estados Unidos y Venezuela están en la casilla de la cooperación, están trabajando bien", analizó Pisas en diálogo con AFP.
El gobierno de Delcy Rodríguez impulsó nuevas leyes sobre el petróleo y la minería, mientras que Washington flexibilizó las sanciones. "Yo también tengo que ir a Venezuela (...) Tenemos buena comunicación", sostuvo y dijo esperar tener una buena conversación con Rodríguez "para que PDVSA pueda empezar de nuevo".
"¡PDVSA va a volver! Estoy seguro de que volverá con el tiempo. Porque ahora en Venezuela tienen que invertir mucho para reparar y modernizar las instalaciones. EEUU está descongelando los activos. Creo que van a estabilizarse (los venezolanos). Me dijeron: 'Danos un año. A partir de ahí, podemos hablar'", afirmó el primer ministro de la isla caribeña.
El mandatario aclaró que no hay urgencia financiera, ya que las operaciones de almacenamiento actuales garantizan los ingresos necesarios para mantener la planta, y condicionó cualquier reapertura al cumplimiento de estándares ecológicos, en sintonía con la actual apuesta económica por el turismo.
"Tenemos que priorizar el cuidado del medioambiente. No podemos reabrir la refinería permitiendo las emisiones contaminantes del pasado. Esas chimeneas humeantes no van más (...). Si no se puede operar de forma limpia, entonces la planta no volverá a abrir", sentenció.