A punto de cumplir dos años de su mandato de seis, la presidenta mexicana Claudia Sheinbaum acaba de enviar al Congreso su tercer presupuesto, con elecciones intermedias a un año de distancia. Para Alejandro Werner, exdirector del Departamento del Hemisferio Occidental del FMI, el panorama es de continuidad. "La economía conserva la estabilidad macroeconómica pero crece muy poco, la participación de los salarios en el ingreso sigue mejorando y hay un debilitamiento deliberado de instituciones clave", señaló.

En una publicación en el Instituto Peterson de Economía Internacional (PIIE), el economista mexicano admitió que los fundamentos se deterioran lentamente, pero no ve señales de alarma inmediatas. Con la vista puesta en la reelección de su partido en 2030 y sin apuros financieros, evitar reformas difíciles en materia fiscal, energética o de crecimiento puede resultar una estrategia ganadora.

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Su proyección para el resto del sexenio es, según escribe, "más de lo mismo: bajo crecimiento, redistribución, estabilidad financiera y ninguna reforma estructural".

Déficit en México

En lo fiscal, la meta original era llevar el déficit público a 2,9% del PIB en 2027. Según Werner, la consolidación se frenó en torno a 4%, un nivel que implica un balance primario cercano a cero. El presupuesto de 2027 mantiene esa cifra y promete una reducción muy gradual hacia 3% en 2032. A la vista de lo ocurrido hasta ahora, el economista considera más probable un déficit de entre 4% y 5% del PIB. Para estabilizar la deuda haría falta mejorar el balance primario al menos dos puntos del PIB, algo que solo lograría una reforma tributaria.

A esto se suman un gasto creciente en pensiones y salud, una porción cada vez mayor de la infraestructura financiada mediante vehículos cuasifiscales de difícil seguimiento, y una Pemex que no ha recuperado su solidez financiera y empuja la calificación soberana hacia el grado especulativo. Las agencias ya recortaron la nota del país uno y dos escalones en los últimos seis años, y el grado de inversión está en riesgo.

Aun así, el autor no anticipa una crisis. Con un déficit externo cercano a cero, el gobierno puede financiarse con ahorro interno, en especial el del sistema de pensiones, que crece con rapidez. Los bancos están bien capitalizados, las reservas aumentan y la demanda de deuda en pesos es profunda. Incluso si la deuda superara el 60% del PIB y se perdiera el grado de inversión, México probablemente conservaría el acceso a los mercados, como muchos emergentes.

La inflación de agosto fue de 3,26%, con una subyacente de 3,88%. El Banco de México ha operado sin interferencias y no interviene en el mercado cambiario desde hace ocho años. Werner subraya que la agenda de debilitamiento institucional no ha tocado su autonomía y que su postura ha sido comparativamente restrictiva.

Relación con Estados Unidos

Werner califica de hábil el manejo de la negociación con Estados Unidos, que permitió conservar una ventaja arancelaria frente a terceros países pese a las amenazas de Donald Trump. Según BBVA Research, las importaciones mexicanas enfrentan hoy un arancel promedio de 3,7%. México fue dosificando sus concesiones, como los aranceles a países sin tratado comercial, en particular China, y una iniciativa para revisar la inversión extranjera, que funcionaría como una versión mexicana del CFIUS estadounidense.

Sin embargo, no hay un acuerdo duradero y esa incertidumbre frena la inversión. En dos años las exportaciones a Estados Unidos crecieron 42%, un aumento explicado por completo por los equipos electrónicos, impulsados por el auge de la inversión en inteligencia artificial.

El éxito, advierte, puede volverse en contra, porque Washington busca reducir sus déficits bilaterales. Además, para forzar avances en migración, seguridad y alineamiento geopolítico, Estados Unidos ha usado la amenaza de abandonar el T-MEC o de imponer aranceles discrecionales. Lo siguiente en su lista sería endurecer las reglas de origen para limitar insumos asiáticos.

En lo que va del siglo, México tiene el crecimiento más débil de América Latina salvo Venezuela, y en los últimos ocho años la expansión se desaceleró aún más. Werner identifica tres causas cercanas: la erosión institucional y del Estado de derecho, la incertidumbre sobre el acceso preferencial al mercado estadounidense y el fuerte aumento de los costos laborales unitarios. Reconoce que falta un trabajo empírico que mida el peso de cada una.

Cómo sigue el gobierno de Claudia Sheinbaum

Ninguno de los tres factores parece cercano a mejorar. Para el economista, el proyecto de la coalición gobernante de consolidar algo parecido al dominio de un solo partido pesa más que la política económica. Menciona una toma del sistema judicial sin precedentes en el país y cambios a las reglas electorales y de medios. La falta de una oposición respetada y popular favorece esa estrategia.

El modelo de baja expansión, redistribución y finanzas públicas que se deterioran despacio funcionó para Andrés Manuel López Obrador y parece funcionar para Sheinbaum, cuya aprobación ronda el 69%, según El País. Werner lo considera sostenible hasta el final del mandato, pero advierte que solo traslada los desafíos al siguiente gobierno. Podría romperse antes por un choque externo, sobre todo de política comercial estadounidense, por una caída brusca de la producción petrolera o por divisiones internas en el partido Morena, ya sea por la presión de Washington contra integrantes del oficialismo con vínculos con el crimen organizado o por la definición del candidato presidencial de 2030.

Si se restringiera el acceso a los mercados, según Werner, el país podría elegir entre dos caminos. Uno sería una reforma fiscal ambiciosa y un giro hacia políticas más amigables con el mercado. El otro sería la heterodoxia, con represión financiera, controles de capital y mayor inflación.

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