A un mes de las elecciones de medio mandato que definirán el control del Congreso, Donald Trump analiza prohibir la exportación de diésel de Estados Unidos como respuesta al encarecimiento del combustible, una de las principales preocupaciones de los votantes. La medida, pensada para aliviar los precios internos, tendría un efecto inmediato fuera de las fronteras: América Latina, altamente dependiente del suministro estadounidense, sería la región más golpeada.

De acuerdo con la Asociación Estadounidense del Automóvil, el precio promedio del galón de diésel se ubica en 6,4 dólares, un alza de 78% en un año. El encarecimiento responde tanto a la menor oferta de Rusia y Medio Oriente, afectada por los ataques con drones ucranianos a las refinerías y restricciones en el estrecho de Ormuz, como al aumento del precio del petróleo desde que Estados Unidos inició la guerra con Irán.

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El incremento del diésel se refleja en buena parte de la cadena de consumo: desde los alimentos hasta los aparatos electrónicos, porque es el combustible que mueve los camiones de carga, las embarcaciones, los trenes y la maquinaria agrícola.

La industria petrolera de Estados Unidos exporta el 30% del diésel que produce, lo que constituye alrededor del 20% de los 8 millones de barriles que se transportan cada día por vía marítima en el mundo. Restringir la exportación, de acuerdo con candidatos republicanos que apoyan la medida, aumentaría la disponibilidad de diésel en el mercado interno y ayudaría a disminuir el precio en el corto plazo.

El pasado fin de semana, Trump afirmó que lo estaba "considerando muy seriamente; podríamos hacerlo” y, durante la Asamblea General de la ONU en Nueva York, reiteró en un encuentro con el presidente ucraniano Volodimir Zelenski que “será una decisión que llegará rápidamente, de una forma u otra”. Sin embargo, dentro de su propio gobierno persisten matices: el secretario de Energía, Chris Wright, planteó la posibilidad de una “manera más sencilla, voluntaria y cooperativa, sin recurrir a medidas drásticas”.

Donald Trump

Si bien una prohibición de exportar diésel podría bajar su precio en el corto plazo, analistas advierten que activaría efectos no deseados. Al no poder vender al exterior, las refinerías se verían obligadas a almacenar el excedente y, una vez llenos sus tanques, tendrían que reducir la producción. Ese ajuste impactaría en toda la cadena: las refinerías organizan sus procesos para obtener distintos derivados del crudo y, al recortar la actividad, también disminuiría la elaboración de gasolina y combustible para aviones.

Impacto en la región

Además, una caída de las exportaciones de Estados Unidos reduciría aún más la oferta mundial de diésel en un mercado ya tensionado, amplificando la presión sobre los precios internacionales.

En ese escenario, América Latina aparece como la zona más expuesta. De acuerdo con datos de las consultoras Kpler y Vortexa citados por Bloomberg, Brasil, México y Chile coparon en septiembre los tres primeros lugares entre los destinos del combustible refinado en EEUU.

La lista de los diez mayores receptores la completan Reino Unido, Países Bajos, Ecuador, Guatemala, Francia, Honduras y España, lo que confirma el rol protagónico del hemisferio en la demanda y su extrema vulnerabilidad ante un eventual cierre del grifo estadounidense.

La caída en la oferta de diésel coincidiría con el inicio de la temporada de siembra en Brasil, lo que eleva la demanda de combustible de los agricultores. El país importa cerca de una cuarta parte del diésel que consume y, en medio de la campaña electoral, el presidente Luiz Inácio Lula da Silva lanzó un plan de subsidios para contener el impacto en la inflación.

En Chile, el diésel es indispensable para la maquinaria que sostiene la minería, mientras que en México también se prevén impactos en el sector agrícola, con inventarios que ya se encuentran en niveles bajos.

Los analistas de S&P Global Energy William O’Neil, Brian Stetter y Debnil Chowdhury advierten que, dada la escasa capacidad de refinación adicional en América Latina y la falta de alternativas evidentes a las importaciones, una pérdida repentina del diésel estadounidense provocaría fuertes subidas de precios y mayores costos para consumidores y empresas. La consultora agrega que la región depende de Estados Unidos para un tercio del diésel que consume.

Costo político

La posibilidad de que el precio del petróleo —que se ubica sobre los 100 dólares tras un alza del 50% desde que comenzó la guerra en Medio Oriente— retroceda, y con ello el precio de los combustibles, luce lejana. El pasado sábado, Trump rechazó el plan de Irán para reabrir el estrecho de Ormuz, un paso estratégico por donde circula una quinta parte del crudo mundial, enviando la señal de que piensa prolongar el conflicto con Teherán.

Estados Unidos e Israel atacaron a Irán el 28 de febrero con el objetivo de eliminar toda posibilidad de que desarrollara un arma nuclear. La respuesta de Teherán fue cerrar el estrecho de Ormuz, disparando el precio del petróleo, encareciendo los combustibles y golpeando a la economía global.

El 17 de junio, la administración Trump y el régimen de los ayatolás firmaron un memorando de entendimiento para detener el fuego y abrir un espacio de negociación por 60 días. Lo que debía ser el inicio de una paz duradera se transformó en un retorno paulatino a la guerra.

Estrecho de Ormuz

A un mes de las midterms, la prolongación del conflicto empieza a incomodar a los propios republicanos. En Iowa, la candidata al Senado Ashley Hinson reclamó públicamente un cierre inmediato de la guerra, frustrada por el impacto económico. En Michigan, Mike Rogers, que había sido uno de los primeros en respaldar la ofensiva, ahora pide que se ponga fin cuanto antes. Estos gestos reflejan la presión creciente dentro del partido, donde el costo político de mantener abierta la confrontación con Irán se vuelve cada vez más evidente.

No obstante, en su discurso ante la Asamblea de la ONU, Trump aseguró que las elecciones de mitad de mandato no influyen en sus decisiones sobre la guerra con Irán. Subrayó que no les da ni les dará credibilidad y que lo único que cuenta es impedir que Teherán obtenga un arma nuclear.

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