Tras su fundación en 1960 por países productores de petróleo deseosos de tomar el control de sus recursos naturales y reducir el dominio de las grandes multinacionales la OPEP llegó a tener un enorme poder sobre el sector energético. El grupo establece cuotas de producción a sus miembros, de esa forma influye sobre la oferta de barriles y por ende en el precio del crudo, pero en los últimos años ha perdido influencia.
Excluyendo a Emiratos Árabes, la OPEP produjo el año pasado la cuarta parte del crudo que consumió el mundo, cuando en el apogeo de su dominio llegó a aportar la mitad. La irrupción de nuevos productores como Brasil, Guyana y Canadá erosionó su poder, en especial Estados Unidos, que en enero de este año extrajo 13,2 millones de barriles diarios frente a 5,4 millones en enero de 2010.
Con la creación de la OPEP+, una alianza que incorpora a otros productores, en especial a Rusia, la organización logró recuperar parte de su incidencia, aunque sin alcanzar —ni poder alcanzar ya— un dominio decisivo, debilitado además por la constante violación de las cuotas.
La partida de Emiratos Árabes agrava los problemas. Este país ocupa el quinto lugar entre los miembros de la OPEP+ y, antes de que comenzara la guerra en Irán, producía 3,3 millones de barriles diarios. Se estima que tiene capacidad para añadir un millón más y, gracias a las inversiones en marcha, en 2027 podrá inyectar al mercado hasta 5 millones de barriles diarios.
Junto con Arabia Saudita, Emiratos Árabes era de los pocos países con capacidad adicional de producción, lo que permitía a la OPEP reaccionar ante crisis de oferta. Su salida elimina un apoyo clave para manejar el mercado. Angola, Ecuador y Catar también abandonaron la organización en 2024, 2020 y 2019, pero eran productores de menor peso
Visiones divergentes
Liberado de las restricciones de la OPEP, Emiratos Árabes tendrá libertad para aumentar la producción y su oferta de petróleo. La decisión pone de relieve dos visiones entre los petroestados: de un lado, los que como Arabia Saudita, líder de facto de la OPEP, buscan sostener precios altos para equilibrar sus presupuestos; del otro, los que prefieren maximizar volúmenes antes de que la transición hacia energías renovables reduzca la demanda de forma permanente y deje buena parte de sus reservas bajo tierra.
Aunque otros miembros no sigan la decisión de Emiratos Árabes de abandonar la OPEP, es previsible que la tensión dentro de la organización aumente. Ole Hansen, director de estrategia de materias primas de Saxo Bank, advirtió en un reporte que si otros productores comienzan a dar prioridad a ganar participación sobre la disciplina en las cuotas, la capacidad de la OPEP para mantener el equilibrio mediante ajustes coordinados de la oferta podría verse cada vez más cuestionada.
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Príncipe a la corona de Arabia Saudí, Mohammed bin Salman
AP
La salida de Emiratos Árabes Unidos no sería necesariamente un golpe fatal para la OPEP, salvo que provocara un efecto dominó con otros países. La organización ha sobrevivido a pronósticos de desaparición y ha sabido adaptarse, pero si Venezuela, Irak o Irán llegaran a plantearse una ruptura, el impacto sería mucho más fuerte. Por lo tanto, estos países podrían ganar poder a lo interno.
La alianza ampliada de la OPEP+ representa alrededor de 40% de la producción global incluso después de la partida de Emiratos. Mantener unido a ese bloque más amplio será clave para el futuro de la organización, y dependerá en gran medida de la capacidad de Arabia Saudita para sostener una coalición cada vez más frágil.
Efecto diferido
Aunque el tablero está cambiando de forma drástica, por ahora no se sienten efectos inmediatos. La guerra en Irán mantiene cerrado el estrecho de Ormuz, la ruta marítima por donde circula una cuarta parte del crudo que abastece a la economía mundial, y los miembros de la OPEP se han visto obligados a recortar su producción. En conjunto, la producción del grupo cayó 27,6% en marzo.
Una vez que termine la guerra, tanto la OPEP como Emiratos Árabes Unidos probablemente coincidirán en la estrategia de recuperar la producción lo más rápido posible y aumentar la oferta de crudo. Sin embargo, el verdadero impacto se sentirá en el mediano plazo.
El ministro de Finanzas de Rusia, Anton Siluanov, advirtió que la salida de Emiratos Árabes de la OPEP significa que el país podrá producir todo el petróleo que le permitan sus capacidades y volcarlo al mercado. Añadió que “hoy el mercado está condicionado por el estrecho de Ormuz, pero ¿qué ocurrirá mañana? ¿Qué pasará si los países de la OPEP actúan de manera descoordinada? Los precios bajarán”.
Un reporte de HSBC considera que Abu Dabi podría tener como meta utilizar toda su capacidad ociosa y aumentar la producción en un millón de barriles diarios una vez finalice la guerra, por lo que coincide con otros analistas en que la salida de Emiratos podría debilitar la capacidad de la OPEP+ para gestionar la oferta, presionar la estrategia de Arabia Saudita para sostener los precios y fomentar el incumplimiento entre los miembros restantes.
El distanciamiento
La decisión de Abu Dabi es también una muestra de cómo la guerra en Irán está acelerando decisiones en jugadores clave para el mercado energético. Aunque Emiratos había amagado antes con abandonar la OPEP por sus tensiones con Arabia Saudita, el ministro de Energía Suhail Al Mazrouei reconoció que la disrupción causada por el conflicto aceleró el paso.
“Es una decisión que tomamos después de una revisión muy cuidadosa y prolongada de todas nuestras estrategias”, afirmó. “En nuestra opinión, el momento es el adecuado porque no va a impactar de manera significativa en el mercado: el mercado está desabastecido”, dijo Suhail Al Mazrouei.
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Ataque de Irán a instalaciones en Dubái
EFE
Analistas destacan que la partida de la OPEP llega en medio de la guerra y refleja un distanciamiento más amplio con Arabia Saudita y la región. Emiratos Árabes Unidos se convirtió en el principal blanco de los ataques de represalia iraníes durante la guerra, con más de 2.800 drones y misiles lanzados contra su territorio, una cifra superior a la registrada en cualquier otro país del Golfo o incluso en Israel.
La magnitud de la ofensiva alimentó el malestar en Abu Dabi donde se cuestionó que, mientras Estados Unidos e Israel ofrecieron apoyo en defensa, la respuesta de las organizaciones multilaterales regionales, entre ellas el Consejo de Cooperación del Golfo y la Liga Árabe no fue lo suficientemente firme y unificada. En este contexto, Emiratos parece inclinarse hacia una relación más estrecha con Washington.