Hay una conversación —a veces un diálogo interno— que cada vez empieza más tarde. Puede aparecer después de una carrera universitaria, cuando llega el primer trabajo estable, cuando se termina de pagar un alquiler o cuando una pareja empieza a preguntarse si todavía quiere esperar. ¿Cuándo sería el momento ideal para tener un hijo?

Para dos de cada tres uruguayos —inclúyase a las mujeres también— en edad reproductiva, que no fueron padres aún y quieren serlo en algún momento, el ideal empieza luego de cumplir los 30 años.

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En la época artiguista la esperanza de vida de los locales —todavía no llamados uruguayos— era de 30 años. Ahora ese límite se corrió hasta pisar los 80. A los 30 hay quienes recién se van de las casas de sus padres, los que acaban un posgrado universitario o llegan a proyectar la idea de familia.

Por eso no es extraña esta postergación entre quienes no fueron padres o madres aún. Y tampoco es raro que para tres de cada diez de los que ya tuvieron al menos un hijo la edad ideal sea después de los 30.

En 2013 las mujeres uruguayas tenían en promedio su primer hijo a los 24 años. En 2022 era a los 27 y luego los demógrafos no pudieron actualizarlos porque los organismos oficiales no les facilitaron las bases.

En ese sentido, una cosa es el momento que se imagina y otra, bastante distinta, el momento en que finalmente llega el primer hijo.

La distancia entre el deseo y la realidad también aparece cuando cada persona compara su propia historia con el momento que alguna vez consideró adecuado. Uno de cada tres uruguayos tuvo a su primer hijo antes de la edad que consideraba ideal. Pero esa proporción baja a menos de uno de cada cinco entre quienes completaron estudios terciarios.

Los datos surgen de una encuesta de El Observador, realizada junto con la UMAD y el docente de Estadística Juan Pablo Ferreira, que indagó qué edad consideran ideal los uruguayos para tener hijos, cuándo fueron padres quienes ya los tienen y cómo esas respuestas cambian según la edad, el sexo y el nivel educativo.

La pregunta, entonces, ya no es solamente a qué edad quieren los uruguayos tener hijos. Es también quiénes pueden esperar para hacerlo, quiénes terminan adelantándose a su propio ideal y qué ocurre con el tamaño de las familias cuando la llegada del primer hijo se posterga.

“Hijos de pobres”: la brecha que no se cierra

Los estudiosos de la población no son muy amigos de los adjetivos calificativos. Pero la baja de los nacimientos a partir de 2016 fue de tal velocidad que le llamaron “la gran caída”.

Casi todos los grupos poblaciones contribuyeron a esa baja (salvo las mujeres de más de 40 años, muchas de ellas aprovechando las nuevas técnicas de reproducción asistida). Pero “la gran-gran-gran caída”, para que quede bien claro el calificativo fue en la reducción del embarazo en adolescentes y mujeres muy jóvenes.

Ya quedó atrás aquello de que “las pobres quieren tener hijos porque es lo único que tienen” o “no se saben cuidar”. Esa superioridad desde las que eran vistas por otros sectores cayó cuando se les dio el acceso y la atención.

Pero la brecha sigue, mucho más cuando con la encuesta de El Observador y los académicos de la Udelar se analiza la población adulta y no solo las últimas gestaciones. La mitad de los padres y madres que no acabaron la escuela —uno de los principales productores de la pobreza— tuvo a su primer hijo antes de los 21 años.

La mitad de ellos dice haber concebido antes del ideal.

Entre quienes fueron padres o madres y tienen estudios terciarios completos, la mitad tuvo a su primer hijo después de los 29 años. Y solo el 18% dice que había sido antes de su ideal.

Las mujeres son las que más piensan que tuvieron hijos demasiado temprano. Más de la mitad de las que no acabaron el ciclo básico admite que parió antes de su edad ideal. Pero en eso hay que hacer una salvedad: antes —apenas unas décadas antes— en muchas parejas la regla era que ellos eran mayores que ellas. Eso ya no es tan así.

La evolución de la especie

La reproducción es una de las funciones vitales de los seres vivos. Se aprende en los primeros años de biología: originan nuevos organismos semejantes a ellos para asegurar la continuidad de su especie.

En un análisis anterior de la encuesta se había mostrado que uno de cada 10 jóvenes en edad reproductiva no tiene ni quiere tener hijos. A eso se les suma la postergación más ampliada en esta nueva nota periodística. ¿Por qué el ser humano toma una decisión así que lo diferencia de otras especies?

Leonardo Pereyra había dicho en TUT que la explicación es sencilla: el ser humano tiene consciencia, un caballito de mar no está preocupado por llegar a fin de mes.

Razones para esa postura las hay y se han preguntado hasta el hartazgo. Pero también hay un reloj biológico que no acompaña el tiempo de las preferencias.

En un consultorio ginecológico puede que a una embarazada de 35 años le diga que el suyo es una “gestación añosa”. La profesora Fernanda Nozar recuerda que cuando comenzó su especialización, hace poco más de dos décadas, a las mujeres que superaban esa edad se las atendía en la unidad de riesgo.

El avance científico y tecnológico permitió cambiar eso. “Ya hay mejores métodos para ir controlando el embarazo, el feto e incluso la preservación de gametos más jóvenes”, cuenta la primera en liderar una cátedra de Ginecología en este país.

Su colega Claudio Sosa dice que el riesgo sigue aumentando con la edad: mayores chances de diabetes gestacional, de hipertensión en el embarazo, o bien aquellas que afectan al bebé como las alteraciones cromosómicas. Del mismo modo, cuenta el también profesor titular en la Udelar, antes de los 19 años existe mayor inmadurez en órganos y se desaconseja el embarazo en adolescentes (todavía más si se consideran las afectaciones psicoemocionales, educativas y de proyecto de vida).

La capacidad reproductiva no se ha corrido, “incluso puede decirse que se ha acortado por cuestiones ambientales y de hábitos”, recuerda Nozar. Esa fue una de las razones por las que Francia les envió a las mujeres de 29 años cartas informando cómo con cada año más de vida aumentaban las chances de riesgo del embarazo y disminuía la fertilidad promedio.

Pero si el ser humano siempre fue un animal de adaptación, una especie que fue evolucionando y adaptándose, ¿cómo es posible que la biología no acompañe el comportamiento de la población?

Guadalupe Herrera, quien como especialista en biología humana siguió la especialización antropológica, cuenta que las modificaciones fisiológicas como el tamaño del cerebro o la postura requirieron millones de año. “Solo hay modificaciones poblacionales en tiempos más cortos en aspectos como la estatura o la edad del primer sangrado menstrual, pero por motivos ambientales”.

Los desarrollos científicos y el aumento de la esperanza de vida “dan la sensación de que pueda correrse el techo para la capacidad reproductiva, pero la evolución humana por ahora no tuvo un corrimiento en términos biológicos”.

El ideal puede que se pegue con ese techo, aunque sea norma.

¿Cómo se hizo la encuesta?

El Observador, la Unidad de Métodos y Acceso a Datos de Ciencias Sociales (Udelar), y el docente en Estadística Juan Pablo Ferreira aplican a nivel masivo en Uruguay un monitoreo de la opinión pública con encuestas no probabilísticas que permiten inferencias a través de modelos alternativos.

Aquí puede ver algunas de las notas realizadas mediante estas técnicas.

Este proyecto de encuestas —anónimas y cuyos datos no son usados con otros fines que académicos y periodísticos— es una apuesta a la innovación en la aplicación de nuevos modelos de investigación social, la confección de trabajos comunicacionales de calidad e independientes (no reciben apoyo de empresas ni de políticos), y la elaboración de documentos académicos que permiten generar conocimiento.

Para este sondeo puntual fueron encuestados 3.325 voluntarios.

Contó con el apoyo del politólogo Juan Ignacio Pintos.

A continuación los detalles metodológicos:

Temas:

Maternidad paternidad hijos Ideal encuesta EO encuesta

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