“Me gusta el trago”
Bolillo Gómez es bailador, disfruta de tomar copas, y hasta robó toallas de hoteles. Un personaje como pocos
En un partido dirigiendo a Ecuador contra Brasil, habíamos sido un desastre en el primer tiempo. Llegué al vestuario y había una mesa con botellas de agua. Las tiré y puse papel higiénico. Van, se me limpian y salgan a la cancha que están cagados (sic), les dije a los jugadores que me miraban en silencio”. Y Ecuador ganó el partido en el segundo tiempo. ¡Qué personaje este tipo! Un bohemio de esos que regala el fútbol capaz de revelar que: “Antes de los partidos del Mundial me tomaba tres whiskies. A mí me gusta el trago”.
Y el trago terminó marcando su destino. Hernán Darío Gómez, el Bolillo para el ambiente futbolero, le pegó a una mujer en un boliche y terminó renunciando a la selección de Colombia que había sorprendido en la Copa América y que se constituiría en un duro hueso de roer en las Eliminatorias. Para varios, la metida de pata fue un alivio. Porque Bolillo impregna a sus equipos de esa impronta que pocos lograron en Colombia.
El Bolillo nunca pudo con su genio: “Yo era un gran jugador, pero borracho. Andaba en la joda, metía mujeres en las concentraciones, me escapaba”, reveló este hombre que teme a los aviones.
Se lo reconoce como un hombre temperamental, amigo de sus amigos, a veces malhablado. Nació en una familia adinerada. Su padre fue presidente de la Sociedad Colombiana de Arquitectos. Y su tío uno de los pioneros en llevar la televisión a Colombia.
Como la relación con su padre no era la mejor y vivía cerca del estadio Atanasio Girardot de Medellín, se arrimó al fútbol, donde tuvo que aprender el idioma de la calle porque lo discriminaban por su condición social.
A los 28 años una lesión marginó su carrera. Comenzó como DT en las juveniles de Atlético Nacional y en 1987 tomó contacto con Pacho Maturana y se forjó una amistad: Pacho le nombró su ayudante en la selección.
En abril de 2011, en un congreso en Cartagena, Bolillo con micrófono en mano encaró rumbo a su amigo y reveló: “Yo era un gamín que no sabía lo que era representar a Colombia. Pacho fue el que nos educó. ¿Cierto, Pacho, que tú me corregiste cuando me robaba las toallas de los hoteles?”, ante la mirada atónita de los presentes.
“Cuando Pacho era el DT yo tomaba y viajaba borracho. Mejoré el tema del alcohol cuando fui a Ecuador”, agregó.
En la selección cafetera tiene mil y una anécdotas: “Yo le tenía miedo al Pibe (Valderrama). Le decía a las siete de la mañana entrenamiento y el Pibe a las siete menos cinco estaba en la puerta, pero si siete y cinco no había nadie, se iba. Era muy estricto”.
Bolillo era famoso por su carácter. El día que René Higuita hizo el escorpión frente a Inglaterra en Wembley, Gómez lo llamó en el vestuario y le dijo: “Saquémosle provecho a esa irresponsabilidad tuya, disfrutémosla, pero ¡en tu p… vida me volvés a hacer esa jugada!”.
En un amistoso contra Escocia, en Glasgow, los locales estaban dándole un baile a Colombia y Gómez salió disparado del banco a decirles a los jugadores que se hicieran respetar. Entonces Leonel Álvarez metió un par de patadas. La actitud molestó a Maturana. Discutieron. Bolillo se paró y se fue a otro sector del estadio. Cuando se dieron cuenta, estaba sentado en el banco de Escocia. En 1994, a la llegada del Mundial, ante el asedio de los medios que buscaban una explicación sobre el mal desempeño, Bolillo gritó, sin saber que lo grababan: “Algún día voy a matar a un hijue… de estos”.
Cuatro años después, durante las Eliminatorias del Mundial Francia 1998, a la salida del hotel de concentración en Barranquilla, Gómez no aguantó los insultos de un aficionado y lo encaró a piñazos.
En Ecuador se transformó poco menos que en un héroe nacional. En las Eliminatorias de 2006 unió al país bajo la misma bandera con gestos que tocaron al pueblo como llevar al plantel a concentrar en el cuartel de Parcayacu. La locura fue total cuando salió a la cancha en un partido y apareció por la pista de atletismo del Atahualpa de Quito bailando Pirulino, una canción de Golden Boys que por esos tiempos había puesto de moda la telenovela Pedro el escamoso.
Como será la cosa que el 8 de mayo de 2001 recibió un impacto de bala y un golpe luego de una discusión con el presidente del club Santa Rita, Joselo Rodríguez, porque no ponían en la selección juvenil al hijo del presidente Bucaram. Se salvó de morir. Y cuando estaba a punto de renunciar en su Medellín natal, pudo más la manifestación popular. Centenares de personas salieron a las calles a pedirle que no se fuera. Abrumado, Bolillo volvió. Al año siguiente, Ecuador fue por primera vez a un Mundial.
Qué personaje, Bolillo. Hombre de fiestas, no desprecia tomarse unos whiskies con amigos. Le gusta bailar. Y claro, hace unos días lo pescaron. Volvió a las andadas, se pasó de copas, le pegó a una mujer y se terminó mi amor.
Con la esperanza de clasificar al Mundial luego de la actuación del equipo en la Copa América y con la alegría por el desempeño de la sub 20 en el Mundial, el DT debió renunciar ante las presiones. Reconoció su falta llorando: “Me emborraché y la embarré”.
El hecho
Boris Candela fue testigo del incidente y narró a Cadena Caracol, con el particular idioma de los colombianos, qué sucedió con Bolillo Gómez: “Salió ahí del Bembé (boliche) y se colocó a pegarle a una muchacha como si fuera un hombre… Entonces las mujeres empezaron a gritar, ‘Ey, hijue…, déjela quieta, no le pegue’, y salió más de un man (sic) e iban a linchar al Bolillo. Cuando viene la gente a linchar al Bolillo, me dice: ‘Negro, ven, acompáñame a coger un taxi… lo acompañé y me regaló 100 mil pesos (US$ 50). Luego viene la pelada (mujer) sola y dice que se le quedó el bolso, y Bolillo se quedó parado conmigo y me preguntó que si yo me acordaba cuál era la pelada con que él venía, porque no se acordaba”.