Debió pasar mucho tiempo para esto. Desfilaron innumerables entrenadores. Y jugadores de todos lados llegaron para intentarlo. Y después de tantas frustraciones, Danubio vuelve a ser Danubio. Líder con tres victorias y una novedad: el arco invicto.
Debió pasar mucho tiempo para esto. Desfilaron innumerables entrenadores. Y jugadores de todos lados llegaron para intentarlo. Y después de tantas frustraciones, Danubio vuelve a ser Danubio. Líder con tres victorias y una novedad: el arco invicto.
Cuidado, no se pueden levantar campanas al vuelo, de hecho es un equipo en formación. Pero hoy este Danubio asume un rol que antes no tenía.
Ayer se sacó de arriba al complicado Fénix, un rival que, por propuesta, complica.
Luego de acomodarse y dejando de lado el penal que Prudente no sancionó contra Falucho
Silva, la franja lo pasó por arriba a su rival. Con su estilo.
El primer gol fue una joya. Roba Malrechauffe en su campo, combina con Guzmán y pasa al ataque. Guzmán tira una pared con Puppo y devuelve a Malrechauffe que de taco asiste a Puppo que definió contra un palo. Para aplaudir de pie. Fénix se descontroló y el capitán Rivero le pegó a Silva con Prudente a lado y se fue expulsado a la media hora. Fue un suicidio para un equipo que hace de esperar y contragolpear su arma más poderosa.
Pero Danubio, a diferencia de otros años, parece haber aprendido la lesión. No se le tiró arriba a su presa. Esperó. Dejó que se bajara el telón del primer tiempo.
Y en el segundo sentenció la historia. A los ocho minutos Guzmán con un tiro libre al ángulo aumentó. El resto del juego sirvió para el lucimiento de un equipo que se va formando con triunfos. Una gran jugada de Puppo derivó en el tercero de Zunino y otro golazo de Guzmán, el mejor de la cancha, cerró la cuenta.
Danubio, después de mucho tiempo, de entrenadores que no le encontraron la vuelta, vuelve a ser Danubio.