Aunque escriba con responsabilidad y rigor profesional, debo asumir que es muy fácil sentarse frente a la computadora y teclear lo que uno analiza, con los hechos y con toda la subjetividad del caso sobre una situación que involucra a otra persona, y en la que es muy difícil ser justo. Pero frente a lo que sucedió en las últimas horas con la abrupta salida de Diego Aguirre de Peñarol, después de haber escuchado los argumentos del entrenador y de conocer entretelones de la actual vinculación del técnico a través de la información de los dirigentes, entiendo que el entrenador tomó la decisión de irse en el momento menos oportuno.

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Aguirre podrá esgrimir que es la oportunidad de su vida, pero creo que con la capacidad que tiene, porque sin dudas es el entrenador con mejor presente y futuro del fútbol uruguayo, a sus 45 años y con mucho para conquistar por delante, así como sonó el teléfono desde Qatar, mañana, en el final de una temporada y no en el medio de un campeonato, pueden volver a insistir de ese mismo mercado o de otros.

Y lo expreso porque cuando en mayo, tras perder la última Libertadores, Aguirre planteó un compás de espera para definir su futuro debido a que tenía una oferta de Arabia Saudita, los dirigentes de Peñarol redoblaron la apuesta para mantenerlo y le confiaron el proyecto deportivo del club. Le duplicaron el sueldo, fijaron un piso de premios para el DT que supera lo que se paga en el mercado local, instrumentaron los cambios que promovía como los que se ejecutaron en la sanidad, terminaron el vínculo con Pacheco –una decisión que me pareció oportuna porque cuando el próximo año tenga 36 el delantero no le iba a aportar lo que necesitaba para aspirar a ganar la Copa y era el sueldo más alto del plantel–, le trajeron a Montelongo para que se recupere para la Copa del año próximo, compraron a Carlos Valdez, contrataron a João Pedro, a cuenta de más refuerzos para el próximo semestre. De esa forma, Aguirre asumió al frente de un proyecto en el que quería manejar todo, que incluía la salida de Víctor Púa y la llegada de Coito. Ese fue el único punto en el que no llegaron a un acuerdo, porque Púa sigue y no consiguió que contrataran a Coito.

Una vez que se conoció su salida muchos hinchas fustigaron su decisión y lo cuestionaron duramente. Eso es lo de menos, porque cuando vuelva en unos años pocos se acordarán de este episodio y nuevamente lo recibirán como ídolo, aunque por estos días esté debilitada esa condición.

Acepto en que podrá ser la oportunidad de la vida de Aguirre, pero en la vida no todo es dinero, también hay compromisos, existe la palabra y si tres meses después de empezar un proyecto se baja no brinda buenas señales. Es una pena, porque es un entrenador que quedará en la historia y le recordarán esta decisión.