Sin estridencias futbolísticas–aunque con goleadas, porque los últimos tres partidos los ganó 3-0–, porque su nivel no se lo permite, Nacional se empieza a abrir camino en la maleza que había rodeado al técnico argentino Marcelo Gallardo. Y eso es mucho decir después de los problemas que arrastró hasta la séptima fecha (había ganado solo dos partidos en siete), cuando su continuidad al frente del plantel estuvo en duda y su relación con Nacional pendía de un hilo. Las victorias sobre Cerrito, Rentistas y, anoche, ante El Tanque Sisley, le permitieron al entrenador superar los primeros obstáculos para extender su proyecto como DT, ganar la confianza y el crédito del hincha y trabajar en calma durante las próximas semanas.

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Nacional no jugó bien, pero fue efectivo, y ahí estuvo la diferencia en el partido en el que a los albos se le presentaron serios problemas en el primer tiempo para vulnerar la buena estrategia que planteó El Tanque Sisley con una línea defensiva de tres hombres, que con los carrileros se transformaba en una de cinco. De hecho, sorprendentemente, el protagonismo en el partido lo asumió el chico y no el grande. En los primeros 20 minutos los jugadores de Nacional cayeron cinco veces en posición adelantada y no lograron rematar ninguna vez al arco, en tanto la visita se perdió la ocasión de abrir el marcador cuando a los cuatro minutos, tras un grosero error defensivo de la zaga, Gastón Ramírez quedó solo fuera del área, con el arco libre, e increíblemente remató afuera.

Con escasas posibilidades de llegar al gol, porque los tricolores no pasaban la mitad de la cancha con buen criterio –cuando lo hacían era a pelotazos–, empezaron a desarmar el nudo que tenían cuando tras un pase de Abero, Alexander Medina estableció el 1-0 a los 38 minutos.

Lejos de bajar la guardia, El Tanque Sisley dobló la apuesta y Muñoz le sacó un gol en el final del primer período a Saavedra, de gran partido.

En el complemento otra vez Machado pudo anotar, tras pase de taco de Saavedra, pero definió afuera. Así se acabaron las chances para el visitante: porque cuando se brinda tanto hándicap frente a un grande es irreversible terminar mal.

Nacional se enchufó en la recta final del partido, más por el cansancio del rival –Ignacio González casi anota en su arco–, la inercia del propio juego –porque el equipo chico había desaprovechado las chances– y que el grande veía que el tiempo jugaba a su favor, entonces a los 71 minutos Abero, otro de los jugadores destacados, estableció el 2-0 y poco después Viudez cerró la cuenta, para reafirmar el molde que los tricolores establecieron en los últimos tres encuentros.

El fútbol de Nacional transita muy lejos del ideal, no encuentra pilares sólidos, en aspectos colectivos ni en rendimientos individuales para desarrollar en el campo un juego convincente y que transmita confianza desde la cancha a la tribuna. Es verdad que eso no se consigue de un día para el otro, pero los problemas defensivos que sigue arrastrando son excesivo castigo para el tricolor. Además, el zurdo Matías Sosa pareció incómodo cuando jugó ayer como volante por derecha y le faltó fluidez a su juego. A pesar de todo, gana, y en el fútbol lo que cuenta es eso. Gallardo sorteó la primera prueba con estas tres goleadas. La próxima será el clásico en un mes; mientras tanto, tiene tiempo para seguir aceitando la máquina sin ninguna presión y con la tabla del 3 aprendida.