Poco más de dos años después del hecho, un jurado popular declaró culpables de la muerte violenta de su hija adoptiva de 12 años a unos padres de Santiago de Compostela, España. Pidieron para ellos 20 años de cárcel pero los móviles del caso todavía no están claros.

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Desde que se conoció su fallecimiento del sábado 21 de setiembre de 2013, el nombre de Asunta quedó rodeado de intrigas. Con el tiempo, el juicio, las pericias y los informes parecen haber arrojado luz sobre lo que ocurrió a esta niña china adoptada cuando tenía menos de un año de edad. Pero todavía nadie se explica las razones por las cuales sus padres habrían decidido matarla, algo que todavía niegan.

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La reconstrucción indica que Alfonso Basterra y Rosario Porto, separados ya en ese momento, suministraron a su hija un ansiolítico con lorazepam durante tres o cuatro meses. El día de su muerte, almorzaron los tres juntos y la menor ingirió 27 pastillas de esa droga.

Después la llevaron a una casa de campo de la madre, la asfixiaron tapándole la nariz y boca y ataron con unas cuerdas naranjas antes de dejarla en un camino cerca de allí. La encontraron en la madrugada del domingo 22 unas personas que pasaban. A esa altura, los progenitores habían denunciado su falta ante la Policía.

Por más que los padres se declararon inocentes, aportaron pocos argumentos. Y, cuando lo hicieron, estos se contradijeron con las pruebas de las cámaras de vigilancia de la ciudad, pericias al cuerpo de la niña y declaraciones de testigos.

Según su versión, el almuerzo fue normal y después de eso Asunta fue a la casa de su madre a estudiar. La mujer dijo que poco después la llevó otra vez a la ciudad a la casa de otros familiares, pero las cámaras de vigilancia de Santiago de Compostela solo revelan que hubo un único viaje de la madre hacia las casa rural con Asunta y que en el de regreso la señora estaba sin la niña.

Polémicas

El jurado popular comenzó a sesionar el lunes en un clima de concentración máxima: los nueve miembros se alojaron en un hotel, se movían juntos, no vieron a otras personas y no usaron sus teléfonos celulares. Todo esto, para garantizar que hicieran su trabajo con independencia.

Al cabo de cinco días, resolvieron que los progenitores actuaron en conjunto y con los agravantes del parentesco y la alevosía.

El jurado consideró que quedó probado que la chica "no pudo defenderse de modo efectivo porque estaba bajo los efectos del medicamento que con ese fin se le había suministrado".

Los abogados de los padres ya comenzaron a trabajar para lograr que el fiscal les reduzca la pena. El defensor del hombre pedirá 12 años, pues sostiene que no se puede hablar de alevosía ni de premeditación.

El defensor de la madre, José Luis Gutiérrez Aranguren, confesó que su clienta está "en shock" y que ambos sienten una "incredulidad compartida" por el veredicto.
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