A los 30 años se presenta como un ex futbolista. Aunque las piernas quieran seguir corriendo, porque se siente en plenitud física, y la cabeza le pida fútbol, despunta el vicio con los amigos en el Platense. Es allí donde se encuentra a gusto y es en ese lugar en el que quiere disfrutar el deporte que fue el motor de su desarrollo, mientras se gana la vida con las letras, su otra pasión, y busca generar un refugio para que los futbolistas del futuro no sufran lo mismo que él.

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Daniel Baldi fue un puntero que surgió en Plaza Colonia en 2001 y tuvo su cuarto de hora de fama en el fútbol, que se apagó relativamente rápido por las circunstancias que rodearon su carrera profesional. No llegó a la selección, pero estuvo en Peñarol y anduvo por Cruz Azul de México y Treviso de Italia.

Una década después, con su espíritu de futbolista profesional esclerosado, el escritor tiene un contrato de exclusividad con Alfaguara y la próxima semana presentará su tercer libro con esa editorial –el noveno como escritor, los otros seis fueron con Fin de Siglo–, que se titula La Botella F.C.. “El mismo relata la historia de un equipo de baby fútbol que lo integran jugadores no muy habilidosos, pero brinda un buen mensaje, porque son felices, incluso más felices que los supuestos ganadores”, cuenta Baldi.

Al ex futbolista lo marcó su pasaje por el fútbol y le dejó muchos ingratos momentos. “Vi pasar la plata que se manejaba conmigo, era aberrante y el que menos cobraba era yo. Y cuando me rebelaba ante esa situación, me plantaba y decía que no firmaba, los intermediarios te planteaban: ‘Te quedás en Plaza o vas a México o Italia por lo que te damos’. ¡Es una tiranía! Y eso siempre me dio bronca, porque a lo largo de mi carrera tuve muchas posibilidades de crecimiento, pero mis representantes me decían que las ofertas que recibían eran malas porque no se llevaban la de ellos. Entonces terminaba el período de pases e iba al club que ellos querían, ganando menos y sin hacer la pretemporada porque llegaba el último día antes del comienzo del torneo. Y ni te cuento cuando los empresarios te sacaban un porcentaje del sueldo porque decían que les correspondía a ellos. Tienen una impunidad increíble y por eso ahora estoy luchando para que no vuelva a suceder”, explicó Baldi.

El representante que manejó su carrera fue Pablo Bentancur.

Actualmente el ex futbolista trabaja en Global Bussines Group, una empresa que intenta asesorar a los jugadores de una manera diferente. Baldi está en el Departamento de cultura de GBG, en un área en que trabaja junto a un nutricionista, psicólogo y preparador físico. Brinda charlas a los jugadores y a los padres. “Aunque a veces los padres son un tema especial. El 95% de los jugadores que dejan de estudiar son arengados por los padres a abandonarlos, porque juegan en Cuarta o Quinta división y les hacen creer a sus hijos que ya son futbolistas, cuando en realidad recién se están formando. Es muy difícil cambiarle el chip a los padres”, explica.

GBG, la misma empresa que maneja la imagen de la Fundación Celeste, promueve un escenario diferente en la representación de jugadores. “Le damos un enfoque distinto y tratamos de que todo lo malo que hicieron conmigo no se vuelva a repetir”, subraya el deportista oriundo de Colonia.

Baldi entiende que los jugadores pueden tener representante a cualquier edad. “El mercado cada vez los lleva a tener alguien que maneje su futuro cada vez con menor edad, pero yo digo que si los empresarios quieren manejar la ficha de un jugador que paguen la bajada de bandera como en un taxi. ¿Cómo? Por ejemplo que la familia del jugador reciba US$ 200 mil para que puedan representarlo, y que no suceda que un empresario, como pasa a menudo, ponga US$ 100 mil en un club y se quede con 20 juveniles. Si un empresario tiene que invertir un dinero importante en un jugador seguro que lo va a atender bien, lo va a cuidar”, manifestó el ex futbolista.

Baldi dejó el fútbol obligado porque al finalizar la temporada 2010-2011 se dio cuenta que había jugado todo el año y no había cobrado un peso, porque en Bella Vista le debían todo el contrato.

“Tuve muy malas experiencias con mi representante. Un día me llamó Bentancur y me dijo que me llevaba a Suiza. Le dije: ‘¡Qué bueno!’, y me comentó que me iban a pagar 2.000 euros. ¡Me reí en la cara! Porque uno que va a hacer limpiezas en Suiza gana más que eso. Me da una bronca tremenda que te denigren, o que vayas a entrenar y no tengas ropa, cancha o agua caliente”, precisó.

La última iniciativa de Baldi en la cruzada por la dignidad del jugador fue la creación de bibliotecas para los futbolistas. “Un día hablé con Tabárez y me dijo que le preocupaba todo el tiempo libre que tenían los jugadores. Así surgió la idea de crear una biblioteca en el Complejo de la AUF. Tiempo después Lugano me dijo que fue un éxito. Y así se extendió la idea a los clubes”.