No todo lo que rodea a los protagonista de la selección de fútbol son estadios llenos, éxitos deportivos y glamour. También pasa por recorrer un camino de ayuda desde el anonimato y brindar una mano al que la necesita, con el impulso que otorga el pedestal en el que transitoriamente el fútbol colocó a algunos ciudadanos. Fue por eso que, en la semana del 7 de noviembre, Diego Pérez llegó a Montevideo, esta vez para jugar por Uruguay el partido de las Eliminatorias frente a Chile, y desde el aeropuerto se fue hasta su Atenas, el de Palermo.
El Atenas más humano
El club de Palermo, que inició un cambio profundo, presentó a Diego Pérez como padrino de la obra social que cobija a 30 niños carenciados de la zona y que le brinda la contención que necesitan
