Cada uno lleva el amuleto que quiere. La selección tiene a Óscar Washington Tabárez. Peñarol tenía a Diego Aguirre. Hasta junio, cuando colgó los botines, Nacional a Marcelo Gallardo, pero los tricolores necesitaban algo a qué aferrarse y en qué creer para el inicio del incierto camino del argentino como técnico. Entonces, sin que lo fueran a buscar –porque llegó un día a la sede de 8 de Octubre y pidió para jugar en el club– Álvaro Recoba volvió a vestir de blanco y aceptó un sueldo menor a pesar de su talento. Así fue como, con unos pocos minutos por partido –porque es lo que le permite su condición física para rendir al máximo nivel–, el Chino se transformó en el talismán del campeón. Porque desde sus pies surgió siempre la asistencia o el gol capaz de encontrar luz en los momentos más oscuros, incluso el domingo en la última presentación ante Liverpool, en la que la presión de tener que ganar pasaba factura y pesaba como nunca, porque Danubio era campeón por los resultados que se registraban. Y allá recibió Recoba en la media luna cuando el reloj ya apretaba con 78 minutos jugados, enganchó, hamacó el cuerpo, acomodó el balón para la izquierda y puso la pelota contra el palo: 1-0 y asunto arreglado, la copa iba otra vez para las vitrinas de Nacional, aunque Liverpool peleó por el empate hasta la última pelota.

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Fue como a lo largo de todo el Apertura, cuando el equipo no andaba y allá entraba Recoba para socorrer al equipo.

Porque Nacional sufrió durante todo el primer tiempo del domingo. Sufrió su inoperancia de mitad de cancha hacia adelante. Extrañó a Matías Cabrera, ausente por lesión, y no supo disimular que le pesó el partido y el rival. Porque Liverpool realizó un planteamiento inteligente, jugó con la desesperación del rival y con el empate como primer objetivo manejó los tiempos del partido. El negriazul esperó a los tres delanteros albos con siete hombres que defendieron con el espíritu de un grupo que no quería ver cómo le daban la vuelta olímpica en la cara.

Salvo por el cabezazo de Medina apenas comenzado el partido, y por el disparo que Castro le tapó a Placente a los 33 minutos, en la última atajada del golero que luego salió lesionado, el primer tiempo fue deficitario para los tricolores. Aunque más hándicap no le podían dar a Nacional, porque a los 39 minutos se retiró lesionado e ingresó el tercer golero, de Amores, de 17 años (foto página 2). A pesar de ello, Nacional fue rehén de la ansiedad y de jugar sin pensar, aspectos que ni Álvaro Recoba pudo controlar cuando ingresó en el complemento, no porque el ex Danubio se viera desbordado por la situación –siempre fue el que manejó con criterio el balón– sino porque sus compañeros no entendieron al talentoso futbolista. Entonces, después que Silvera no pitó un claro penal a favor de Nacional, cuando Medina fue derribado dentro del área a los 66 minutos, y que el juvenil golero le sacara dos remates peligrosos a Recoba y a Medina, el Chino abrió el libro y, como fue señalado, marcó el gol del triunfo.

Lejos de jugar con la calma que le brindaba la ventaja, porque Liverpool no se daba por vencido, Nacional sufrió los últimos minutos. No obstante le puso un broche de oro a la remontada del Apertura en la que ganó 22 de los últimos 24 puntos con el Chino de la suerte.