La situación económica de Miramar Misiones no era la mejor. Corría el año 2002 y el club decidió vender el 50% de los derechos económicos de una serie de jugadores: Pablo Granoche, Álvaro Pereira, Sebastián Fernández y Diego Peinado por US$ 720 mil. El dinero se recibía en cuotas de US$ 6 mil mensuales.

Con el paso del tiempo se renegoció y el club le devolvió el dinero al entonces gerenciador Alejandro Nannini y se volvió a quedar con los jugadores.

Pero nadie imaginaba lo que podía suceder en el futuro. Miramar terminó negociando a Pereira a Argentina y recibió US$ 150 mil.

Palito se mostró en la vecina orilla y la vidriera le sirvió para ir a Cluj rumano y luego a uno de los grandes de Portugal, Porto. La selección nacional amplió sus posibilidades. Entonces el cuarto puesto en el Mundial y la obtención de la Copa América terminó por revalorizar a los jugadores. Y estalló la bomba: Chelsea de Inglaterra se interesó en Pereira. La primera cifra fueron 20 millones de euros. La que pidió Porto 30 millones. Y la intermedia para negociar 25 millones.

Los cebritas se frotaron las manos. Es que deben percibir el 2,75% del monto total por derechos de solidaridad. Y claro, en Villa Dolores hicieron números: 20 millones de euros son US$ 28 millones, y el 2,75% son US$ 770 mil. Si lo vendían en 30 llegaban a US$ 1 millón.
¿Qué podía hace Miramar Misiones con US$ 1 millón? Los sueños podían ser muchos, la realidad una sola. Según reveló su ex presidente Eduardo Felipez: “Llamar a una asamblea y que la asamblea decidiera. La idea era comprar una sede que no tenemos y dejar dinero para el funcionamiento del club”. Pero el pase no se realizó y los sueños cebritas quedaron postergados. l