La ventaja de tener un gimnasio cerca de su casa le permitía pegarse una escapada para sentarse a mirar. La desventaja estaba al regreso. Su madre lo cascaba porque se escapaba sin hacer los deberes. Lo que jamás imaginó fue que después su hijo se subiría al mismo ring que miraba con admiración. Esta vez para tirar guantes con algún rival ocasional.
Atrás había quedado el fútbol donde jugó en las formativas de Danubio en 1969 con Rafa Perrone y Carlos Cabrera, entre otros, y su paso por la Extra donde, con 17 años, defendió al club Marconi. “Pero a mí me gustaba el boxeo. Escuchaba las peleas por CX 24 La Voz del Aire”, reconoció.
Corría 1970 cuando este hombre iniciaba su romance con el boxeo. Una historia de amor que lo llevó a ser boxeador, entrenador y finalmente árbitro.
El particular estilo de Andrade determinó que fuera designado a dirigir una docena de peleas mundiales. Un reconocimiento que no tuvo ningún árbitro en Uruguay. Con 59 años se levanta todos los días temprano para salir a pintar porque el dinero del boxeo no da para vivir. De la obra viaja al club Old Boys de rugby donde complementa su tarea brindando clases de boxeo y, si queda tiempo, sale a correr.
Andrade, el boxeador
La particular historia de vida deportiva de don Aníbal comenzó en 1970, “Me inicié como boxeador en el club Canillitas, tuve una campaña corta como amateur de dos años. Luego estuve un tiempo inactivo y volví en 1976 en el Club Atlético Peñarol, club de mis amores, donde en el año 77 salí campeón nacional”, expresó Andrada a El Observador.
“Cuando recién empezaba un día vino Luis Videla, que ya no está entre nosotros, y me vio guantear en el gimnasio. En un alto se me arrimó y me dijo que tenía un estilo parecido al de Santos Pereira, técnicamente, y eso me quedó marcado. A mi no me gustaba que me pegaran”, expresó.
Pero Andrade tuvo palabras de agradecimiento para quien considera su tutor. “Tuve un maestro, que aún vive y está muy bien, que fue Juan Silveira. Una gran persona y un excelente boxeador que fue el que me guió paso a paso. Silveira fue a los Juegos Olímpicos de México y fue como un padre en el boxeo para mí”.
De su etapa como boxeador recuerda las viejas rivalidades entre clubes. “Por aquellos tiempos había mucha rivalidad. Por ejemplo en Canillitas se hacían exhibiciones con Villa Española y nos dábamos como adentro de un gorro. Se llenaba el club y era barrio contra barrio. No es que había que ser guapo, porque no sé si hay boxeadores más guapos que otros, capaz que son más temperamentales, pero guapo hay que ser para subir porque uno sabe a lo que sube: a recibir golpes. A mi por ejemplo me gustaba el boxeo técnico y estilista”.
Andrade, el entrenador
Después de su etapa como boxeador Andrade se alejó del mundo del boxeo por un buen tiempo. Pero claro, el bichito le volvió a picar y no pudo con su genio. Regresó, pero esta vez desde el otro lado del ring. Ahora como entrenador.
“Resulta que yo había hecho un curso con un cubano y un día, en un homenaje a Coco Peralta, el técnico del Cilindro me dice, preciso un ayudante, por qué no volvés. Y empecé de ayudante. Al poco tiempo él se retiró y yo logré sacar campeón a Carlos Ballestrino”, narró don Aníbal.
Ahora cambiaban los roles. Pasaba de recibir indicaciones a tener que brindarlas. “Cuando uno es entrenador lo principal es trasmitir tranquilidad al boxeador y la convicción de que va a ganar. Calma porque su adrenalina está al 100%. Y la fe en ganar porque para subir hay que tenerse confianza. Ojo, no creerse superior. Eso se lo digo a los jóvenes hoy. Nunca tengan una actitud sobradora con un rival. Hay que tener respeto porque están frente a un ser humano”.
Andrade, el referí
En 1993, la vida de Andrade cambió definitivamente. “Había un curso en el Colegio de Árbitros y como yo iba seguido por las reuniones de los clubes me plantearon la posibilidad de hacerlo. Empezamos 12 personas y terminé yo solo. Fueron seis meses donde no falté ni a una clase. Terminé solo porque hay que tener constancia y te tiene que gustar. Yo lo llevo en la sangre. Estaba convencido de que iba a tener la oportunidad de llegar a dirigir peleas por títulos mundiales. Y me lo propuse. Fui a clases en invierno, lloviendo, terminaba tarde pero siempre al firme. A lo último el profesor me llamaba y me decía, hoy no voy, fijate que vas vos solo y hace un frío bárbaro”, rememoró Andrade.
La carrera referil no paró hasta ser reconocido para peleas del Consejo Mundial de Boxeo la Asociación Mundial de Boxeo. Su manera de arbitrar, con un estilo atlético, llama la atención.
Sus producciones determinaron que fuera designado para combates donde estuvieron en juego cinturones mundiales. “Me quedan por reglamento seis años porque se puede arbitrar hasta los 64 años, que se puede extender por uno más. Pienso seguir mientras Dios me de fuerzas”, admite.
Andrade, el pintor
Muchos pensarán que el simple hecho de haber sido nominado para peleas por títulos mundiales, le salvó la vida a Andrade. Nada más alejado de la realidad. “No se vive de esto, acá no. Cuando uno viaja se gana algún dinero que ayuda, pero nuestro medio es pobre. A nivel internacional se cobra un cachet fijo por pelea, además te dan pasajes, hotel y dinero para la estadía. Pero no se puede vivir solo del boxeo”, revela Andrade.
Por eso se gana la vida con otro oficio, el de pintor. “Hago pintura y algún trabajo de albañilería, pero me gusta pintar. Y de noche voy al club Old Boys a dar clases”.
“¿Cuántos años tengo? Los míos y los de alguien más (risas) Tengo 59 años. Pero me mantengo entrenando, guanteando, trabajo en el club Old Boys de rugby donde enseño boxeo a nivel recreativo y me meto a pelear con los rugbistas, algunos de los cuales pesan como 100 kilos. Salgo a correr, hago gimnasia en mi casa. Peso entre 69 y 70 kilos, eso lo cuido siempre”.
Hace poco la carrera de Andrade se vio salpicada por una pelea que trascendió al ambiente del boxeo, la de Chris Namus con la española Loly Muñoz. Andrade se niega a hablar del pasado. Fue sancionado y cumplió su pena. “No me cambió nada la pelea de Namus con la española. El apoyo de la gente, de mi compañera y de mis padres fue incondicional. Y eso es lo que le queda a uno, lo que se va a llevar para siempre: el reconocimiento de la gente”.
El regreso del pintor
La otra cara de Andrade. La particular historia del juez más reconocido del pugilato uruguayo
