Decepción. Es la palabra con que se resume la sensación que quedó flotando en el Centenario. La gente, que llegó encendida, se retiró apagada y en silencio cargando con su bandera. Fue a buscar una cosa y se fue con otra.

¿Qué sucedió? Las causas pueden ser múltiples. En lo previo, en el juego periodístico, lo mirara por donde lo mirara, era imposible que esto pudiera pasar. Pero esto es fútbol y los imponderables forman parte del juego.

A la hora de analizar las causas de la decepción se debe tomar en cuenta que Uruguay no funcionó como equipo y que tampoco respondieron las individualidades como en otras oportunidades.

Suárez contó con chispazos y algunos arranques de su estilo, pero fue bien controlado.

Forlán, al margen del gol y la inteligencia para la pelota quieta, se mostró opaco.

Y Cavani fue de los más flojos del trío ofensivo más temido de América. Entonces, si el nervio del equipo no está bien, el resto del cuerpo del equipo siente dolor.

Asimismo, durante las Eliminatorias se van a encontrar dificultades como las que planteó Venezuela. Se paran atrás, juegan con el reloj y el nerviosismo del local, y en una pelota, porque no tuvo mucho más, la embocan y te amargan la tarde. Esta historia es tan vieja como la Eliminatoria, es la misma que ejecuta Uruguay cuando sale.

Venezuela tiene una diferencia con algunos equipos del continente y es que funciona como un colectivo. Para que lo entienda mejor, Argentina es un conglomerado de individualidades, Venezuela un colectivo que se desempeña a partir de un libreto.

La defensa del conjunto vinotinto impidió que Uruguay encontrara los caminos al gol. No dejó espacios ni siquiera cuando estaba en desventaja. Habitualmente el equipo de Tabárez es demoledor cuando el rival sale a buscarlo, esta vez no pudo. Mérito de los venezolanos.

La gente se retiró del Centenario como si Uruguay hubiese perdido. Fue la forma en que asimiló el empate. También en este caso hay varias causas. Los hinchas llenaron el coloso de cemento embalados por el momento del equipo de Tabárez.
No era para menos. La selección uruguaya llegó al partido con una marca histórica de encuentros sin conocer la derrota. Se aguarda con expectativa el próximo ranking de la FIFA porque el segundo puesto está asegurado. Por primera vez en años afrontó el compromiso como líder de las Eliminatorias y los pergaminos del rival invitaban a soñar.

Pero esto es fútbol y los cachetazos están a la orden del día.

¿Es para dramatizar? En lo más mínimo. Los puntos se pueden recuperar en una de las tantas salidas que quedan por delante. Pero hay que entender a la gente. En este país se vive el fútbol de una forma muy particular y empatar con un equipo cuya hinchada canta “sí se puede”, causa decepción.