Es muy difícil pedirle al hincha de Peñarol que por estas horas se despoje del cariño que siente por Gregorio Pérez, por su pasado exitoso y por su don de gente, para analizar la salida del técnico del club. No existen dos opiniones acerca de que fue una grosería de los dirigentes lo que decidieron este domingo en la sede, pero lo que sufre Peñarol es mucho más profundo que un cambio inoportuno de entrenador, padece una crisis en la conducción que solo disimulan los milagros (como el de Aguirre), y que cuenta, aunque no les guste, con la complicidad de la mayoría de los socios que hace tres meses le dieron los votos a Damiani para que continuara en el club. Y ese no es un detalle menor, aunque ahora seguramente nadie se quiera hacer cargo del apoyo que le brindó al presidente.

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Lo que sí se vuelve a confirmar es que el problema en Peñarol es más profundo que el caso aislado de Gregorio y que sufre una crisis en el proyecto futbolístico que solo encontró con Aguirre el maquillaje que necesitaba para disimular el rostro demacrado de un club que debe mejorar desde la cabeza, para que el resto del cuerpo funcione correctamente.

El ciclo de Gregorio lo debieron terminar en diciembre, o quizás, lo mejor hubiera sido no empezarlo, pero, obligados por las circunstancias tras la salida de Aguirre y después de contratado, no haber resuelto su salida a fines del año pasado fue lo peor que pudo hacer la dirigencia, porque alimentó una bola de nieve que terminó arrasando en estos días con la estructura precaria, pero estructura al fin, que con palitos había levantado Aguirre en tiendas mirasoles, con las dos campañas históricas que realizó en los aurinegros, primero en 2010 y luego en 2011.

Entiendo que algunos hinchas apoyaban a Gregorio, porque era Gregorio, nada más, pero hay que analizar la realidad y comprender que esto es fútbol y que el técnico ganó apenas el 56% de los puntos que disputó en los 16 partidos que dirigió en su quinta etapa en el club. Es muy poco para un equipo grande, además de que las respuestas futbolistas eran cada vez más inconsistentes.

Por estas horas Damiani es el blanco de todas las críticas y el error que cometió con Gregorio se lo recordarán por siempre, pero estoy seguro, porque esto es fútbol y así sucedió sistemáticamente, de que si en los próximos días la Intendencia de Canelones aprueba la cesión de los terrenos para construir el estadio de Peñarol y en breve comienzan las obras, el presidente habrá encontrado el camino para volver a recibir aplausos y votos en las próximas elecciones, aunque hoy todos los peñarolenses se sientan defraudados. Eso sucede porque el fútbol no tiene memoria.