La genética no fue muy generosa con el Chavo Díaz futbolista, aquel lateral derecho muy aplicado, extremadamente táctico, de habilidad limitada pero muy voluntarioso. No obstante le quitó una parte, le brindó el doble de la capacidad para ser exitoso sin tantas bondades físicas. Eso, que en algún momento de la carrera de cualquier deportista puede ser un obstáculo, para el Chavo se transformó en un escalón para superarse y alcanzar niveles deportivos que probablemente cualquiera en su condición no lo hubiera logrado. Así fue como un día llegó al fútbol español, y se quedó cuatro temporadas, entre Valladolid y Albacete. Luego de Europa, la gráfica deportiva del lateral se desplomó.

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Tenía 30 años, en 2005, cuando se dio cuenta que definitivamente había cumplido su etapa en el fútbol. Físicamente ya no estaba en condiciones de hacer la diferencia como quería y anímicamente no tenía la voz del líder que había sido. Así, sin meditarlo demasiado en ese momento, porque ya lo había procesado durante todo su pasaje por Europa, decidió cerrar una historia para empezar otra, en el mismo ámbito pero con funciones diferente.

Dos meses después, en febrero de 2006, ya había hecho el clic y estaba entrenando a los chiquilines de la Cuarta división de Central Español. El ocaso futbolístico se transformó en un mundo de sueños. En planificar la forma en la que tantas veces había garabateado en un papel, cuando en su pasaje por el fútbol español hablaba con sus entrenadores, los escuchaba, les pedía que le revelaran secretos y se instruía leyendo mucho. Era entrenador desde 2003, cuando todavía jugaba en Bella Vista. De esa forma empezó a construir el camino. Pensando todo el día en fútbol. Así transcurrieron dos años de felicidad completa en la formación y orientación de deportistas y personas, porque a los jugadores le tiraba una filosofía de trabajo integral y los futbolistas le respondían con responsabilidad, orden y fidelidad al proyecto. La recompensa era total, por la propia inocencia que muchas veces acompaña al fútbol juvenil.

La vorágine del fútbol profesio-nal, esa que devora todo a su paso, lo positivo y lo negativo, le brindó en el inicio de 2008 lo que parecía el mejor regalo de su vida, ese para el que se había preparado durante tantos años: el debut en Primera en Central. Plasmó su proyecto deportivo, hizo debutar al golero Sebastián Sosa (hoy en Boca Juniors), a pesar de los dirigentes, y construyó su propio sueño, aunque Abel Hernández, una pieza fundamental en su andamiaje jugó un partido y su empresario se lo llevó a Italia. El fútbol le devolvió cachetadas, aunque él seguía creye-ndo en su proyecto: 1-2 en el debut ante el Peñarol de Matosas, 1-3 contra Liverpool, 1-3 en el Paladino ante Progreso, 2-1 a Cerro y 0-1 con Rampla. Aquella tarde del 16 de marzo de 2008 los dirigentes, afines a tomar por el camino más corto, le hicieron vivir sus peores horas en el fútbol. Por ese entonces asistía al final de su carrera. Así lo sentía y lo vivía.

“Estuve dos o tres años repasando aquellos cinco partidos, porque estaba convencido de que podía hacerlo bien”, confesó a El Observador el técnico, que vivió esa experiencia con un dolor como nunca le había sucedido.

El fútbol le puso una de esas pruebas que marcan, pero no lo abandonó. Lo cobijó. Dos días después de la peor tarde de su vida en una cancha, recibió tres ofrecimientos. Se tomó un tiempo para decidir si quería una revancha en un plantel principal o volver a juveniles. “Fue entonces cuando decidí hacer un máster con Juan (Ahuntchain) y aprovechar toda su experiencia en el fútbol, incluida la selección, para pulir la meto-dología de trabajo”, dice el DT para explicar que se decidió por la propuesta de la Tercera y Cuarta de Defensor Sporting.

Fue en la cantera violeta en la que terminó de consagrar su proyecto con una metodología de trabajo europea, en la que se apuesta a la formación integral del jugador. Para el objetivo que propone Díaz es fundamental que los futbolistas tengan estudios. Así otra vez sedujo al fútbol.

En 2011, ganó todo en juveniles, fue campeón en Cuarta y en Tercera. Luego, en el último semestre, tuvo su revancha en Primera, la parte más conocida de su historia y el costado más exitoso, por el título del Clausura y, sobre todo, por el fútbol que desplegó su equipo.

Ese es Díaz, el que apuesta al fútbol jugado desde la inteligencia y ya no exclusivamente desde las habilidades físicas, el que influenciado por la escuela española impuso un estilo que suma en la revolución deportiva que vive Uruguay. Ese es Díaz, el que disfruta el fútbol.