La genética no fue muy generosa con el Chavo Díaz futbolista, aquel lateral derecho muy aplicado, extremadamente táctico, de habilidad limitada pero muy voluntarioso. No obstante le quitó una parte, le brindó el doble de la capacidad para ser exitoso sin tantas bondades físicas. Eso, que en algún momento de la carrera de cualquier deportista puede ser un obstáculo, para el Chavo se transformó en un escalón para superarse y alcanzar niveles deportivos que probablemente cualquiera en su condición no lo hubiera logrado. Así fue como un día llegó al fútbol español, y se quedó cuatro temporadas, entre Valladolid y Albacete. Luego de Europa, la gráfica deportiva del lateral se desplomó.
Gracias a vos
Gustavo Díaz, que a sus 33 años –en 2008– pensó que no iba a dirigir nunca más, hizo jugar a Defensor Sporting el mejor fútbol del torneo
