La bala y el quepis que viajaron en el tiempo
Más de 150 años después de la defensa de Paysandú y de la batalla de Tres Arboles, el despacho del diputado Javier García reúne dos piezas que representan a la identidad blanca
Una bala de cañón lanzada por los hombres del general Leandro Gómez durante “la heroica” resistencia de Paysandú en 1864, y el quepis de un soldado que, tras participar de esa batalla, cayó defendiendo a Aparicio Saravia en 1897, se encontraron muchos años después y de manera azarosa en el despacho del diputado blanco Javier García.
Ambos elementos le fueron regalados a García en diferentes lugares durante sus recorridas por el país y ahora, juntos, conforman una rara unidad histórica –en la que el nexo es el teniente Rafael Pons- sobre dos de los hechos más representativos de la identidad blanca.
Pons tenía 22 años cuando comandó varias piezas de artillería a las órdenes de Leandro Gómez y disparó algunas de las balas de cañón similares – ¿o acaso la misma?- a la que hoy descansa en un despacho del Edificio de las Comisiones del Palacio Legislativo.
Treinta y tres años después de la caída de Paysandú- en donde quedaron muy pocos sobrevivientes- el teniente Pons participó de la batalla de “Tres Arboles” comandando un batallón al que, previsiblemente, le puso el nombre de “General Leandro Gómez”. En su cabeza lució un quepis similar -¿o el mismo?- al que había usado durante el combate contra las tropas brasileras. Incluso gritó “Viva Paysandú!” cuando una bala lo hirió de muerte peleando por Saravia. Antes de fallecer, Pons arenga a sus tropas: “Vamos muchachos… esto no es nada, total… hemos triunfado!”.
El quepis de Pons y aquella bala disparada para defender Paysandú, esperaron casi 150 años para juntarse en el siglo XXI en un rincón de la avenida de las Leyes.