Y se terminó yendo todo al diablo. Primero fue el robo de jugadores de parte de los empresarios. Después la negativa de los jugadores a firmar contratos. Y ahora sencillamente impera la ley de la selva entre las instituciones.

Nadie se respeta. No es ni más ni menos que el reflejo de la sociedad. Hoy primero te pisan y luego miran para atrás para ver si te generaron daño. Y en el fútbol sucede lo mismo.

Los grandes seducen y juegan con su vitrina. Los jugadores se deslumbran. Los empresarios hacen negocios y el resto paga las consecuencias. Pocos valoran quién te abrió la puerta de la casa, el que te brindó el primer salario, la merienda, el cuidado y las enseñanzas. Primero yo, luego el resto. Ese es el pensamiento que impera.

En el actual período de pases abundaron los casos. Nacional se enemistó una semana con River Plate por el pase del Cacique Medina. No era para menos. El jugador realizó la pretemporada en los darseneros, jugó amistosos, realizó una gira y cinco días antes de empezar el campeonato se lo pelaron. Pero el colmo es que todo el mundo se lavaba las manos. Nadie había hablado con Medina. Insólito. La descripción más clara la brindó el gerente deportivo de River Plate, Leonardo Rumbo: “Esto es como el tipo que tiene una amante y un día va y le dice, mi amor, toma las llaves del auto y las del apartamento, ahora andá, peleate con tu marido y vení”. Así sintió River que Nacional manejó el pase de Medina.

Apuntemos una más de los tricolores. El pase de Matías Vecino. El periodista Enrique Yannuzzi puso un ejemplo clarísimo en Estadio Uno: “Nacional para vender a Coates pide un papel membretado de un club con una oferta concreta. Para contratar a Vecino no hizo lo mismo con Central, no esperó el papel membretado”.

Crucemos para la vereda de enfrente. Peñarol practicó la misma política. Primero aceptó a Santiago Silva que se formó en Danubio y que no arregló con el club de Maroñas por la disparatada cifra de dinero que pidieron sus empresarios. Y Peñarol lo recibió de brazos abiertos. Pero el colmo es que luego de la gira algunos dirigentes salieron declarando: “Después de tantos años Peñarol puede echar mano a sus divisiones formativas, es uno de los focos que pusimos”. Se vistieron con ropa ajena. Le recuerdo el equipo: Carini, Alejandro González, Valdez, Guillermo Rodríguez, McEachen; Corujo, Freitas, Amodio y Albín; Pastorini y Maxi Pérez. ¿Cuántos son las de las formativas? Tres. Pero quedaba una perlita más: Jorge Zambrana. Otro jugador que realizó la pretemporada con River y el día que cerraba el período de pases sus representantes le dijeron que fuera a la AUF a pedir pase para Peñarol. No jugó contra Nacional. River pidió dinero. Y el negocio se terminó cerrando en las últimas horas.

Evidentemente impera la ley de la selva. Ya no existe el mínimo respeto. Los casos son demasiado claros como para salir a contradecirlos. Pero claro, el ejercicio más sencillo es poner al jugador por delante y argumentar que fue el futbolista el que propició el cambio. Acá no existe la solidaridad. Bah, en realidad sí, pero de la boca para afuera.