Hace poco más de tres meses el tema en Nacional era la pulseada entre los dirigentes tricolores y el empresario Pablo Bentancur por la ficha del juvenil Nicolás López, porque unos no querían perder el diamante en bruto, y otros, que manejaban información acerca de la evolución del futbolista y la forma en la que se había manejado hasta ese momento con el club, pretendían desprenderse rápidamente de la ficha. Además, los defensores de la última posición, sostenían que en la sombra esperaba un pibe llamado Gonzalo Bueno, hijo del técnico de Quinta división, que tenía la cabeza bien puesta y que la iba a romper tanto o más que López, compañeros de generación y amigos de la vida, aunque tomaron por diferente camino a la hora de tomar decisiones. En este vertiginoso mundo del fútbol, donde tres meses parecen una vida, ya nadie habla de Nicolás López y el nombre de Bueno está en las marquesinas, no solo por el gol y la jugada que derivó en el penal que anotó Recoba, sino por la velocidad, el talento y la capacidad
para resolver en los últimos metros.
Lo despertó a tiempo
Con Recoba y con los juveniles Gonzalo Bueno y Renato César, Nacional le puso vértigo al ataque, abrió la cancha y desarticuló la defensa de Peñarol, que en el final sufrió la derrota
