Este hombre parece no tener límites. El 16 de mayo de 2007 fue arrestado por por la Scotland Yard como sospechoso de obstrucción de la justicia luego de negarse a entregar a su mascota familiar, un perro Yorkshire Terrier, que sería detenido para estar en cuarentena.

Fue capaz de meterle el dedo en el ojo a un colega en pleno partido. Es común que caliente los ambientes antes de los encuentros. Que se queje permanentemente, que conviva con su cara de soberbio y que tenga el récord de sanciones en el inmaculado banco blanco.

Habla inglés, francés, italiano y su lengua original, portugués. José Mourinho es conocido por su fuerte personalidad, la que lo llevó a consagrarse como el entrenador más sancionado de la historia de Real Madrid, pero la que le permite también consagrarse dentro de la categoría de los escasos conductores capaces de lidiar con una constelación de estrellas con las que convive en el banco merengue.

Consecuencia de ello es que la directiva que preside el empresario Florentino Pérez decidió renovarle el contrato al hombre con cara de pocos amigos pero que fue capaz de formar parte de un proyecto para vincular lazos de amistad a través del fútbol entre jóvenes y niños palestinos e israelíes.

El conductor del madridismo es un hombre de fuertes convicciones católicas. Es recordado un hecho mientras conducía a Inter de Milán cuando visitó el Vaticano y luego de rezar compró treinta crucifijos distintos que regaló a jugadores y empleados del club. “Rezo mucho, soy católico e intento ser una buena persona”, expresó.

Lo que pocos saben es que el entrenador de Real pasó por el banco de Barcelona. Fue en 1996 cuando uno de sus maestros, Bobby Robson, lo llevó como traductor. Durante un tiempo, cuando lo veían en el Camp Nou con el traje merengue, los hinchas catalanes le gritaban: “ ¡Traductor!”.

Quienes le conocen revelan que es un hombre completamente diferente al ogro que ve el común denominador de la gente por televisión. “Ves, esa de una de las cosas malas de mi vida. Todos me conocen, todos hablan de mí, no puedo ir por la calle con tranquilidad, no puedo pasear con mis hijos, con mi mujer, con mi familia, no puedo viajar tranquilamente. Y tengo que leer muchas mentiras sobre mí. Eso me molesta”, reconoció a El País de Madrid.

Y brindó datos de su personalidad: “Fuera del fútbol soy un hombre totalmente distinto al que está en el fútbol. Si en el fútbol lo arriesgo todo, soy arriesgado en la forma de liderar, arriesgo en la manera de comunicar, de gestionar mi relación con la prensa..., arriesgaré mucho con el equipo... En mi vida personal, sin embargo, soy exactamente lo contrario: riesgo cero, perfil bajo, inversiones económicas cero. Riesgo con mis euros cero. Soy un hombre de perfil bajo, no me gusta la vida social, nada”.

Mou reveló que uno de los grandes secretos de su éxito es la honestidad. “Lo más importante de un entrenador, y quizá de un hombre. Porque cuando mi padre me lo enseñó, siendo yo un niño, él ni soñaba con que yo pudiera ser entrenador de fútbol. Para ser un hombre y para traspasarlo al fútbol, para ser un líder, porque un entrenador es un líder, me parece que la honestidad es lo más importante. A mis jugadores nunca les llegará una decisión o crítica mía por boca de otra persona”.



El collar de locuras

La fuerte personalidad de Mourinho muchas veces le juega una mala pasada. La pruebas más contundente es que se convirtió en el entrenador más sancionado de la historia del madrismo. Pero su prontuario no se limita solo a España, sino que tuvo problemas en todos los países donde dirigió.

Estas son algunas de sus locuras.

En 2004 en Portugal fue sancionado por romper la camiseta de Rui Jorge de Sporting de Lisboa.

Conduciendo a Chelsea en una semifinal de la Champions de 2005/2006 contra Barcelona fue suspendido con dos partidos y 13 mil euros por acusar al técnico Rijkaard de hablar con el juez Frisky en el entretiempo.

En 2005 en Inglaterra le pusieron una multa de 7.500 euros por acusar a Sir Ferguson de presionar al juez.

En 2007 lo multaron con 109 mil euros y a su equipo Chelsea con 435.479 por contactar a Ashley Cole (Arsenal) para que firmara por los azules.

En Inglaterra fueron conocidos sus batallas dialécticas contra Ranieri, Wenger, Benítez y Ferguson que le valieron multas económicas y sanciones.

En dos temporadas en Inter de Milán le abrieron cuatro expedientes.

10 mil euros por críticas al juez del clásico con Milan.

13 mil euros por tomar del brazo a un periodista.

40 mil euros por simular estar esposado al reclamar por la expulsión de dos jugadores en un partido contra Sampdoria.

15 mil euros al ser expulsado contra Cagliari por insultar al árbitro del partido.

En España fue sancionado en todas las competiciones que disputó con Real Madrid, sa saber: en Liga, Copa del Rey, Champions y Supercopa.

Acumuló más de una docena de partidos de suspensión.

En la final de vuelta de la Supercopa del 17 de agosto de 2011 Real perdió 3-2 con Barcelona y se le volvió a saltar la cadena: le metió un dedo en el ojo a Tito Vilanova, ex ayudante de Guardiola y ahora principal entrenador de los azulgranas.

La UEFA lo sancionó con 30 mil euros por ordenar que Sergio Ramos y Xabi Alonso forzaran las tarjetas amarillas en un partido contra Ajax en Ámsterdam.

Luego de ser eliminado de una Champions por Barcelona, el 27 de abril de 2011, se desbocó diciendo que el club catalán era ayudado por su auspicio de UNICEF.


El sueño

Pero al margen de su conducta y su personalidad. El hombre que conducirá los destinos de Real Madrid hasta 2016 y que puede entrar en la historia como uno de los profesionales que más toleró la presión de un banco especial y cargado de historia, el excéntrico Mou tiene un sueño.

“Es dar a mi país algo que aún nadie le ha dado: el título de campeón del mundo o de Europa. Esto es más difícil porque no me gusta entrenar selecciones. Es un sueño para mí. Me parece que Portugal, un país pequeñito, de diez millones de habitantes, sin un potencial económico, sin grandes infraestructuras, tiene un fútbol que merece algo importante”.