Hay que estar muy convencido y seguro de sí mismo para conseguir lo que logró Nacional en este Apertura, más allá de la ayuda que le dio Diego Aguirre, cuando tras la cuarta fecha decidió su partida para Catar y dejó huérfano el proyecto de Peñarol, que adoptó Gregorio Pérez. Y hay que estar muy confiado en sus fuerzas, maduro, sólido futbolísticamente y con la convicción de que va por el camino correcto, para levantarse tras el empate transitorio que logró Antonio Pacheco a los 56 minutos, que incluyó un largo festejo del ex aurinegro, la sensación de vacío en el Estadio –que fue llenada por los insultos de los hinchas al jugador bohemio– y la incertidumbre acerca de si los bohemios podían seguir de largo.

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Es por esa razón que este Nacional se transformó en un ejemplo de fe. De fe en la propuesta de Marcelo Gallardo, en la preparación física de Marcelo Tulbovitz –porque allí fue donde el equipo tricolor hizo la gran diferencia; alcanza con ver cómo terminaron corriendo los futbolistas con el calor del domingo–, de fe en que si no estaba Tabaré Viudez, Gonzalo Bueno se transformaría en el fogonero y goleador.

Y así, Nacional está a un triunfo de conquistar un histórico Apertura. Histórico, sin dudas. Porque tras la séptima fecha parecía difícil que se diera el milagro de que los tricolores ganaran 19 puntos en 21 disputados, pero lo consiguieron y el próximo domingo deberían terminar el primer semestre con la vuelta olímpica.

La diferencia entre Nacional y Wanderers estuvo en la actitud, y aquí la cuestión de actitud no pasó por lo que habitualmente entendemos por meter. En tanto Gallardo salió a ganar el partido, Carreño estratégicamente a cuidar el empate, como una forma de desgastar al rival física y anímicamente con el transcurso de los minutos. Y en cierta forma lo consiguió. Con la propuesta 4-4-2, con dos volantes por afuera que cumplían más función defensiva que ofensiva, aunque en los papeles Maxi Rodríguez y Javier Cabrera debían ser un problema para la defensa rival, el primer tiempo fue un monólogo de los albos, que en 45 minutos generaron seis ocasiones de gol, pero el primer tanto no llegó hasta los 42 minutos a través de Alexander Medina, cuando la ilusión de los hinchas comenzaba a sufrir el castigo de tantas ocasiones desaprovechadas.

Sistemáticamente le faltó puntería al tricolor para liquidar antes el partido, y cuando menos lo esperaba, a los 38 minutos, el golero Rodrigo Muñoz se había vestido otra vez de salvador.Con el gol se aflojaron las tensiones y Nacional se fue al descanso aliviado. Sin cargar ninguna mochila arrancó el segundo tiempo, pero Wanderers, a partir de ese período más ofensivo, llegó a la igualdad a través de Pacheco a los 56 minutos.

Gallardo apeló a su salvador plan B, ese que tantas alegrías le dio, y con Álvaro Recoba empezó a recomponer el camino para llegar al éxito. Se retiró lesionado Calzada, retrasó a Vecino que no anduvo en esa función y mandó a Santiago Romero para arreglar los problemas. En ese interín Medina anotó a los 67 minutos un increíble segundo gol, y definitivamente Wanderers se lanzó a buscar la igualdad. Le dejó terreno al tricolor y, a puro vértigo, Gonzalo Bueno liquidó el partido a los 72 minutos. De ahí en más, asunto cerrado: otro triunfo y, aunque no lo digan porque así lo imponen las buenas costumbres, empiezan a preparar la vuelta que merecidamente tienen.